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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Un bien no renovable

El cuidado del patrimonio cultural es una asignatura pendiente de las administraciones

DESDE el punto de vista del patrimonio cultural, España es un país privilegiado. Está, dicen los expertos, en segundo lugar después de Italia. Sin embargo, añaden, la capacidad de nuestro país en investigación e innovación en conservación es mucho menor, no sólo en el sector público, sino, sobre todo, en el de las empresas privadas. Por ello, creen que sería conveniente llevar a cabo un análisis de la situación en los ámbitos autonómico y nacional para identificar carencias y proponer prioridades.

El patrimonio histórico, además del enorme valor cultural que atesora, es fuente de crecimiento económico y creación de riqueza y empleo, no sólo de forma directa, sino también como estímulo para el turismo. Todos los estudios existentes relacionados con patrimonio y economía revelan su notable importancia como motor de desarrollo en los sectores público y privado, destacando un porcentaje alto de retorno de la inversión y un beneficio directo a la mejora de la economía local.

Con este preámbulo pretendo que ustedes, amables lectores, entiendan y compartan mi opinión sobre la necesidad de que Monforte cuente con un plan especial de protección del conjunto histórico, pero también del necesario apoyo de la Administración gallega en lo tocante a conservación, pues no hay que olvidar que el patrimonio cultural es un bien no renovable.

Vamos a meternos en harina. Sacar adelante ese plan para proteger el casco antiguo monfortino no le resultará nada fácil al equipo de gobierno local. Hay muchas sensibilidades e intereses por medio, como se pudo ver años atrás, durante el mandato del popular Nazario Pin, quien, tras recibir numerosas presiones vecinales, había decidido meter en el cajón todo el trabajo realizado. La única forma de contentar, sino a todos, a la inmensa mayoría de los vecinos que se puedan ver afectados con la aprobación de ese plan es redactarlo con extrema exquisitez.

Pongamos como ejemplo el necesario cierre del puente medieval de Monforte al tráfico rodado. A nadie se le puede escapar que es una medida urgente y a la vez impopular para muchos vecinos de la zona centro de la ciudad. En este asunto, para lograr el objetivo deseado (la protección de uno de los elementos más representativos a nivel monumental de Monforte) es necesario darles alternativas viables a, por ejemplo, los residentes en la zona de las calles Hortas A Pena, A Calexa y Praza Doutor Goyanes. No se puede cerrar el puente sin más y que estos vecinos, con sus coches y desde el centro de la ciudad, tengan que dar un rodeo de 3,5 kilómetros para llegar a sus casas.

Una posible solución pasaría por la construcción de un puente entre la Rúa Santa Clara y el Paseo do Malecón, en el lugar que actualmente hay una pasarela peatonal, Ese viaducto no necesitaría disponer de una gran anchura, pues solo sería de un sentido de circulación. En cuanto a los materiales a emplear en su construcción, hoy en día existe un amplio abanico de ellos para integrar perfectamente la infraestructura en el entorno, sin que se produjesen estridencias estéticas.

Y aquí es donde debe entrar la Administración autonómica, primero decidiéndose a consolidar el puente medieval mediante acciones restauradoras y después apoyando económicamente las obras para levantar ese pequeño viaducto alternativo para el tráfico de turismos.

Llegados a este punto me pregunto si cobra sentido en este caso, en el necesario apoyo de la Xunta de Galicia, la frase dicha por Alonso Quijano en ‘El Quijote’: «Cuan largo me lo fiais, amigo Sancho».

Y es que desde hace años se espera que la Dirección Xeral de Patrimonio consolide los sillares del puente viejo, que acabe de restaurar la iglesia de San Vicente, pegada al Parador de turismo; o que decida hacer labores de limpieza y saneamiento del retablo del colegio del Cardenal.

Un bien no renovable
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