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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Un barco a la deriva

NO SÉ por dónde empezar. El tema que he elegido para comentar este domingo no es fácil, nada fácil. La última vez que lo abordé, hace justamente un año, tuve que escuchar a través del teléfono todo tipo de calificativos hacia mi persona, ninguno de ellos agradable. A día de hoy, cuando recuerdo aquel monólogo, aquella cascada de epítetos, sonrío al estar convencido de que la persona que me los lanzó no estaba en sus cabales, al menos en ese momento.

El asunto al que me refiero, el que voy a abordar, es la deriva del club Lemos de Monforte, un barco que se dirige desde hace tiempo con rumbo firme hacia las rocas y al que le queda poco tiempo para estrellarse contra ellas. La situación de este histórico club, fundado en 1924, de los más antiguos del fútbol gallego y que vivió antaño tiempos de gloria, tiene todas las pintas de no poder ser reconducida.


Si la dirección técnica del club Lemos ha sido un desastre hasta el día de hoy, la deportiva no ha sido mejor


Solo es necesario echar un vistazo a lo acontecido desde que a finales de agosto del pasado año comenzó la campaña liguera de Autonómica Preferente. El Lemos fichó de entrenador a un tal Charly, que al poco tiempo presentó su dimisión por desavenencias con los representantes del club. En su lugar llegó Marcos Veiga, que al cabo de unas cuantas semanas cogió el mismo camino que su antecesor. El puesto fue cubierto por Jorge Rodríguez y Javi López, formando un tándem en el cargo de entrenador, pero no hace mucho este último también decidió coger las de Villadiego.

Ahora, del apartado técnico del Lemos se encarga Rodríguez, uno de los fichajes estrella del alcalde de O Saviñao en las pasadas elecciones municipales, tanto que salió elegido concejal, siendo nombrado edil del área de deportes, pero con el que en la actualidad el alcalde no mantiene buenas relaciones debido a desacuerdos relacionados con el Atlético Escairón, donde Jorque Rodríguez quería jugar y a la vez entrenar. Pero bueno, esta es harina de otro costal.

Si la dirección técnica del club Lemos ha sido un desastre hasta el día de hoy, la deportiva no ha sido mejor.

No se sabe cuántos han sido los jugadores que han abandonado su disciplina a lo largo de los últimos meses, como tampoco los que llegaron para probar y no acabaron fichando. Solo se puede apuntar que han sido muchos, entre ellos algunos de procedencia tan exótica como Brasil, Costa de Marfil, Panamá o Uruguay.

Quizá estos hayan tenido suerte, no como otros que siguen en la entidad jugando todos los domingos y que llevan entre dos y tres meses sin cobrar sus pequeños sueldos. Este es el caso de un salmantino de 19 años llamado Rubi, quien visto el panorama pidió la carta de libertad. Lejos de concedérsela amigablemente, el presidente el Lemos, Antonio López, le exigió para poder marcharse que renunciase a las mensualidades pendientes y abonase al club 800 euros. No sé que pensarán ustedes, pero no me parece que se haya actuado de forma elegante, pero últimamente esta parece ser la tónica general entre los responsables de la entidad monfortina, que han querido echar mano de sus socios para arreglar una situación insostenible.

Y es que si a nivel deportivo las cosas están muy mal, a nivel económico están peor. El puñado de socios que acudió hace unos días a una asamblea para analizar el estado de las cuentas le dieron su visto bueno a crear, y digo bien, una caja de resistencia. Consiste en que , en cada partido, los que vayan a ver jugar al Lemos aporten voluntariamente unos euros, como sin con calderilla se pudiese variar el rumbo que lleva al barco del Lemos hacia las rocas.

A pesar de que alguno pueda sentirse ofendido, tengo que decir que en todo ello hay dos responsables, uno principal y otro secundario. El primero es el presidente, Antonio López, a todas luces incapaz de llevar el timón. El segundo son los socios, a los que parece importarles más bien poco que el club se estrelle estrepitosamente.

Un barco a la deriva
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