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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Se nos va agosto

SIN LA MENOR intención de resultar pedante (en su primera acepción), muy al uso en la actualidad; sería conveniente por un mero ejercicio de aseo (también en su primera acepción) hacer repaso al mes de agosto en la Ribeira Sacra, pero sobre todo al caso concreto de la que se autodefine como su capital, Monforte de Lemos. Tuvimos visitantes, muchos visitantes, que ayudan a llenar de policromía las calles.

Si me refiero a ellos de tal modo, como atrezo, es que me comentan no pocos hosteleros que tuvieron sus locales llenos, pero que el turismo que pasó por aquí dejó pocos euros en las cajas. Algún profesional llegó a decir que si vienen es porque saben que se come y se bebe mejor, que hay locales en los que por un euro te tomas una buena tapa con un vaso de vino, que hasta a veces comparten. No quiero entrar en discusiones. No soy quien, y menos estando siempre del otro lado de la barra, para opinar sobre un hecho que no he visto en primera persona. Prefiero quedarme con la idea de que... no sé... de algo más dispondremos para que resultemos atractivos y vengan a vernos, como puede ser nuestro patrimonio y nuestro paisaje.

Buf. Me estoy liando. No vaya a ser que ninguna cosa de la anterior les interese y acudan solo con el afán de conocer a los entes que habitan estas tierras de Lemos, tal cual rara avis.

Lo dicho. No me lío. Paso a dar fe de lo sentenciado por el alcalde de Monforte, quien lo tiene muy claro. Dijo que buena parte de ese trasiego diario de gente por las calles del centro monfortino tiene que ver con un acertado diseño del programa de las fiestas patronales. ¡Para tirar cohetes!, como los que salieron hasta el cielo desde el monte San Vicente y el río Cabe. Mucho ruido y pocas nueces.

En cuanto al cartel musical, pues que los niños esos de Auryn tuvieron un acierto después de haber tomado la decisión de irse cada uno para su casa y que su ultimo concierto fuese en esta ciudad, donde somos mucho de venirnos arriba. Lo estoy visualizando: "Oye chaval, sabes cuál fue el último concierto de los Auryn. ¿No?. En Monforte de Lemos, antaño uno de los principales nudos ferroviarios de España y cuna de un conde que hasta le pagaba el caldo a Góngora, Quevedo y Cervantes".

Pero regresando a lo que nos ocupa, las fiestas, la orquesta Olympus estuvo divina. Lo dijo mi madre. Se llama Fina y si ella lo asegura un servidor no le va a llevar la contraria. Me deja sin comida.

Acabamos con Antonio Orozco. Impresionante su amor propio. Tras romper un tobillo siguió de gira y acabó cerrando los festejos monfortinos en una A Compañía a rebosar de gente. Otra anécdota más para nuestro imaginario, el de los monfortinos. "¡Chaval!. Petó la explanada corriendo de un lado al otro del escenario con la rota sobre una silla de ruedas, pero en una de esas de oficina y de color hueso. Creo que las venden en Ikea".

¿Qué quieren que les diga?. Los monfortinos somos así. Dicen que en el corazón del monte San Vicente hay un meteorito del que fluyen unas radiaciones que nos hacen tan especiales. Ningún científico que se precie de tal se ha dignado a estudiar este fenómeno, el que seamos tan particulares.

Desconozco si en la actualidad queda algún discípulo del alemán Franz Joseph Gall, padre de la frenología, tan denostada desde que apareció y cogió fuelle en la Inglaterra victoriana. Incluso, se llegó a calificarla como una pseudociencia.

Si hay por ahí algún frenólogo, que venga y nos diga, tras un sesudo estudio, los motivos por los cuales los que vivimos en la ciudad del Cabe somos a la vez unos pesimistas y unos chovinistas, cualidades que aderezamos con una cuantas gotas de inconformismo, de ese que nunca nada está totalmente a nuestro gusto. Será cosa del meteorito enterrado en el monte y de sus perturbadoras radiaciones.

Se nos va agosto
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