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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Responsabilidad urbanística

EL FEÍSMO urbanístico no hay que entenderlo únicamente como el conjunto de edificaciones que desentonan con el entorno, como alpendres hechos con esos bloques grises de cemento, de ladrillo sin rematar o edificaciones a las que les quedaría más que bien un revoque de su fachada o de sus medianeras. Feísmo también es el abandono de las viviendas desde el punto de vista del mantenimiento.

De eso tenemos bastante en Monforte. Las cifras que aporta el Instituto Nacional de Estadística son, permítanme la expresión, escalofriantes. Asegura esta agencia que en la ciudad del Cabe hay 481 inmuebles en estado ruinoso o muy malo. Para ser más concretos, apunta la existencia de 69 construidas entre los años 1900 y 1940 en ruina y de 412, de entre principios del siglo XX y 1990, en un estado deplorable o, lo que es lo mismo, que acabarán cayéndose a pedazos, como las primeras, en caso de que no se les eche una mano.

Pero a esta lista del despropósito hay que sumarle 1.439 construcciones, levantadas entre 1900 y 2011, que según el citado instituto presentan alguna deficiencia.

Días atrás recogíamos en este diario quejas vecinales referidas a esta situación, a la existencia de inmuebles que por su mal estado de conservación suponen un peligro para los viandantes, al tiempo que solicitaban que el Ayuntamiento ejerciese sus potestades para evitar que algún día ocurra un accidente.

El caso es que la administración local se limita a colocar vallas metálicas allí donde se detecta una edificación potencialmente peligrosa, actuando de oficio, en el sentido de obligar a los dueños de las viviendas ruinosas a adecentarlas o derribarlas, en contadas ocasiones. Dicen nuestros munícipes que se trata de un trámite administrativo engorroso y largo en el tiempo. No discutiré este extremo, pero ello no debería ser motivo para dejar de incoar expedientes, todos los necesarios, para corregir esta situación no deseada y más si contamos con una llamada oficina municipal de rehabilitación que, supongo, podría hacer tal trabajo al tener escasas tareas de tramitación de ayudas para la rehabilitación de viviendas dentro de la llamada Área Integral de Rehabilitación.

Si podemos hablar de desidia por parte del Ayuntamiento en este asunto, no se me ocurre otro calificativo para la dejadez mostrada por los propietarios de esos inmuebles ruinosos más que el de temerarios.

Lo son porque juegan a una especie de ruleta rusa en forma de un ventanal o de un trozo de fachada que puede caerle en la cabeza a cualquier vecino en cualquier momento. Me imagino que no habrá ninguna firma aseguradora que se preste a rubricar un contrato de responsabilidad civil, pues estas empresas no corren riesgos innecesarios con sus capitales.

Llegados a este punto cobra aún más fuerza el calificativo de temerarios para los que tienen abandonadas sus casas, pues en caso de un accidente tendrán que responder con su patrimonio ante los daños causados. Hablando de ruina, eso sería lo que les ocurriría desde el punto de vista económico tras una desgracia.

Lo que desconozco es si el Ayuntamiento tendría una responsabilidad subsidiaria llegados a tal extremo, pues el dueño de la casa que se cayese y dañase a un transeúnte bien podría decir que la administración local no le notificó en ningún momento la existencia de algún peligro por el estado en el que se encontraba el inmueble.

Independientemente de todo, habría que apelar, primero, al sentido común y a la responsabilidad de los propietarios de esas casas para que hiciesen unas tareas mínimas de mantenimiento para alejar el peligro de la calle y, segundo, al Ayuntamiento para que ponga los medios necesarios, los que tiene a su alcance, para corregir una situación que día a día, con el paso del tiempo, lejos de mejorar se agrava y se hace más peligrosa.

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