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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

La Valedora y el pueblo

Milagros Otero se fue encantada de una reunión en Monforte abierta a la ciudadanía

TENÍA RAZÓN la Valedora do Pobo, Milagros Otero, cuando el otro día, antes de celebrar una especie de asamblea abierta al vecindario para exponer el trabajo que realiza la institución que preside y escuchar posibles quejas de la ciudadanía, señaló que era importante estar al lado de la gente, escuchar sus inquietudes, poder mirarles a los ojos y atender sus problemas. Destacó que era necesario acercarse al pueblo y explicarles que su departamento está a su servicio.

Y así fue, pues el salón de plenos de la casa consistorial se llenó de gente y más de uno expuso sus quejas, algunas recurrentes, como el tema de los ruidos y el incumplimiento del horario de cierre de los establecimientos de ocio nocturno que funcionan en la Rúa Duquesa de Alba de la ciudad. Dijo que no es una situación exclusiva de Monforte, que se da en la inmensa mayoría de las localidades gallegas y que tiene una compleja resolución.

Manifestó que lo ideal sería conjugar dos derechos, el de las personas a divertirse con el del descanso de aquellos que prefieren quedarse en sus casas. No quiso anteponer uno sobre otro. Habló de armonización y supuso que el Ayuntamiento será capaz de darle una solución a esta cuestión. Ojalá sea así, y que todo se arregle con el buen hacer de los profesionales de la hostelería, asumiendo sus responsabilidades y ajustándose a la normativa vigente.


Esa larga etapa de vino y rosas se ha acabado y la administración local, si la obligan, tomará cartas en el asunto, como le exige la ley


En caso contrario existe otro método, más drástico, coercitivo, consistente en la aplicación de sanciones económicas. El alcalde, el socialista José Tomé, no quiere llegar a este extremo. De hecho, le ha enviado cartas a un centenar de hosteleros de la ciudad explicándoles el nuevo marco legal y diciéndoles que se acabaron aquellos tiempos en los que no se sabía cuál era la administración competente para ejecutar multas por infracciones, tiempos en los que estos expedientes sancionadores se quedaban en una especie de limbo, en la nada.

Esa larga etapa de vino y rosas se ha acabado y la administración local, si la obligan, tomará cartas en el asunto, como le exige la ley, yendo al bolsillo del infractor para poner coto a sus desmanes. En este mes de abril sabremos si se ha incoado algún expediente por incumplimiento de horario de cierre, según avanzó José Tomé, o, por el contrario, ha sido tal la transformación de los hosteleros que al cumplir a rajatabla con sus obligaciones no darán pie a sanción alguna.

Pero volviendo al principio, a la buena idea que tuvo la Valedora de hacer una reunión abierta con los vecinos, señalar que sirvió para que los integrantes de la plataforma en defensa de la sanidad pública de Monforte, que desde hace años miran con lupa todo lo relativo al servicio que se presta en el hospital comarcal, aprovechasen la ocasión para mostrar sus inquietudes. Se quejaron de que no se cubren plazas de especialistas que quedan vacantes por jubilación, al tiempo que consideraron necesario más personal en enfermería.

Milagros Otero se comprometió a estudiar estos asuntos y a darles una respuesta, como a otros vecinos que expusieron la inexistencia de profesores especializados en la comarca capaces de atender a alumnos con déficit de atención.

La valedora, aseguró, se fue encantada con la experiencia, que no nueva, pues ya había visitado antes otros siete ayuntamientos de Galicia, pero en el caso de Monforte destacó la alta participación de vecinos en esa asamblea abierta y las facilidades dadas por el alcalde para que pudiese tener lugar.

Dejó entrever que hay regidores a los que la institución le da cierto resquemor. Supongo que será porque la Valedora do Pobo no se casa con nadie y si tiene que poner en su sitio a un determinado Ayuntamiento, como en su día hizo con el de Monforte por el caso de los ruidos en Duquesa de Alba, lo hace. No se anda con medias tintas ni con paños calientes.

La Valedora y el pueblo
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