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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

La inutilidad de ciertas cosas

EXISTE UN ránking con los inventos más inútiles creados por la humanidad, como unos pequeños paraguas para que no se mojen los zapatos o un lanzador eléctrico de aviones de papel. Hay muchos más, que se pueden visionar en internet para echarse unas risas, en unos casos, o abrir la boca con gesto de incredulidad, en otros.

En ese listado no aparecen los ‘obradoiros’ de emprego que promueve la Xunta de Galicia y ello a pesar de que podrían considerarse, por lo menos los actuales, como un invento de dudosa efectividad tanto para formar en una profesión a los alumnos que acceden a ellos como a la hora de ejecutar proyectos que realmente puedan considerarse de calado. Hablando en román paladino diríamos entonces, siempre con su permiso, que resultan inútiles.

Pongamos como ejemplo el taller de empleo que funcionó en la comarca de Lemos, el compartido por los ayuntamientos de Pantón, Sober y O Saviñao. Su duración fue de seis meses, tiempo a todas luces insuficiente para que cualquiera de las 15 personas que entraron en este programa pudiese aprender un oficio, tal como carpintero.

En cuanto al plan de obras incluido en el mismo, pues qué quieren que les diga. Hicieron unas casetas de madera para colocarlas en un punto céntrico de cada localidad con el fin de que la gente deje en ellas libros y se produzca un intercambio a la vez que se promociona la lectura.

También instalaron unas vallas aquí y allá, en espacios públicos, y alguna que otra marquesina en lugares en los que paran los autobuses, sin olvidarnos de la limpieza de senderos turísticos. Vamos, unos proyectos que quedarán para la posteridad.

Esta opinión no será compartida por los regidores de los ayuntamientos de Sober, Pantón y O Saviñao, que dirán eso de que menos da una piedra, pero también que le han arreglado la vida durante seis meses a, en cada territorio, cinco personas menores de 30 años que se encontraban en situación de desempleo.

A todas luces se trata de un pobre bagaje, motivado por un proyecto de taller de empleo inadecuado y que pide a gritos una revisión, pues a lo que más se parece el actual modelo, por lo menos el aplicado en estos tres municipios, es a algo que tiene más que ver con la beneficencia que con otra cosa.

Lejos en el tiempo quedan aquellos talleres de empleo, también llamados escuelas taller, que duraban tres años, tiempo más que aceptable tanto para llevar adelante un plan de cierta envergadura como para que cualquiera de los alumnos aprendiera un oficio.

Pondré otro ejemplo para ilustrar esta aseveración. Hace 25 años funcionó uno en Monforte que se encargó de hacer el céntrico parque de Os Condes. Se habían formado carpinteros, albañiles, canteros y jardineros.

El resultado está a la vista de todos, pero también, si se le ha seguido la pista a alguno de aquellos estudiantes-trabajadores, el haber conseguido en muchos casos un trabajo, una profesión. Conozco a algún excelente cantero, jardinero y fontanero que salieron de aquella iniciativa.

La administración debería replantear el actual modelo de obradoiro de emprego, volver por aquellos derroteros que tan buenos resultados dieron y dejar de dar limosna en forma de talleres de seis meses.

Pero no, se ha abonado a esta fórmula, con la que mantiene contentos a un puñado de alcaldes que aspiran a poco más que cerrar con una valla un espacio o instalación pública o disponer de una caseta de madera para el intercambio de libros.

A ver si algún día Monforte tiene suerte en esto de las adjudicaciones de talleres y le conceden uno con una duración en el tiempo aceptable con el que poder sacar a la luz el poblado castreño que hay en una ladera del monte San Vicente. Se pidió cinco veces y en todas las ocasiones se obtuvo el no como respuesta.

La inutilidad de ciertas cosas
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