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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

La fragilidad de la memoria

ME HE DADO cuenta de la fragilidad de nuestra memoria. Un mes es suficiente para no acordarnos de lo hecho recientemente y mucho menos de lo sucedido más allá en el tiempo. Hay quien a esto le llama memoria economicista. La empleamos, dicen, para no atiborrar nuestro cerebro de recuerdos que consideramos prescindibles para nuestro permanente estado de aprendizaje, para la toma de decisiones y para la interacción con el medio y la sociedad de la que formamos parte.

Viene esto a cuento por lo percibido días atrás. Me encontré en un par de ocasiones con el exalcalde de Monforte Severino Rodríguez Díaz. Iba por la céntrica Rúa Cardenal. Parecía etéreo, pues nadie lo abordaba como cuando durante doce años estuvo al frente de la alcaldía monfortina. Era una especie de desconocido para la inmensa mayoría, tanto que ni el viernes pasado se acordaron de él para que estuviese presente en la inauguración del paseo fluvial que discurre a orillas del Cabe desde el parque de Os Condes hasta la parroquia de Piñeira.

Solo ha pasado un mes y ya nadie se acuerda del que fue alcalde de Monforte doce años

Nadie se acordó de que esta nueva infraestructura fue pergeñada por él y que si se consiguió fue por su perseverancia, convenciendo a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil y logrando apoyos en la Diputación de Lugo para conseguir los tres millones de euros necesarios. Le llevó cinco años, pero lo logró.

Y si nadie tiene tal recuerdo, ¿cómo va a tenerlos de otros importantes proyectos acometidos durante su mandato?. Pueden considerarlo un panegírico, si así lo desean, pero todo lo que voy a relatar está ahí, en las páginas de los periódicos, en la hemeroteca.

Suya fue la idea definitiva para eliminar el punto negro de la carretera Nacional 120, me refiero al cruce con la vía a Castro Caldelas a la altura de la Rúa Benito Vicetto. Tras años y años de darle vueltas a posibles soluciones, algunas faraónicas como pasos subterráneos hasta la Rúa Sarria, Severino Rodríguez dio con alguien que diseñó una sencillo y eficiente plan para acabar con los accidentes y las muertes en esa intersección. Ahí está.

También están ahí una serie de pequeñas obras, invisibles porque van bajo tierra, para acabar con las inundaciones que de forma recurrente, siempre que llovía en abundancia, padecían los vecinos del entorno del hospital comarcal y de la Rúa Abeledos.

Nos hemos olvidado ya de que puede considerarse suya la nueva potabilizadora de agua levantada en Ribasaltas con la que se garantizará un suministro de calidad y cantidad a los monfortinos y a las generaciones venideras antes de que se produjese el irremediable colapso de la vieja estación, unas instalaciones que recuerdan a las que aparecen en películas sobre la URSS y la Guerra Fría.

Rodríguez y su equipo se empeñaron en «humanizar», como le gustó decir por activa y por pasiva, la ciudad

También sería necesario recordar que Rodríguez y su equipo se empeñaron en «humanizar», como le gustó decir por activa y por pasiva, la ciudad, dándole otro aire, aunque no tanto como el que aparece reflejado en el libro con fotografías de Xurxo Lobato ‘Monforte de Lemos. Soñando o futuro’, pero acercándose un poco a esas imágenes idílicas que seguro convencen a más de uno de la necesidad de visitar la capital de la Ribeira Sacra.

Severino Rodríguez y sus doce años de gobierno ya son pasado, como lo fue o como le ocurrió a su antecesor, Nazario Pin Fernándedz. A las personas les interesa más el presente y, sobre todo, el futuro quizá por ese poderoso deseo de prever lo que acontecerá.

Este es el momento del socialista José Tomé Roca. Él es el ahora y el mañana, por lo que habrá tiempo para, si ustedes han optado por considerar todo lo relatado hasta aquí un panegírico, dedicarle uno llegado el tiempo.

Estaremos hasta entonces relatando el día a día para nutrir nuestra memoria inmediata.

La paciencia de los vecinos del entorno del hospital

Otros en su caso hubiesen montado un pollo de tres mil demonios, pero los vecinos del barrio del Hospital de Monforte se muestran serenos y pacientes ante un problema de primera magnitud que padecen desde hace ya demasiado tiempo: no tienen agua o la que les llega a sus viviendas sale por el grifo en forma de fino hilo.

Las conducciones están obsoletas. Son de fibrocemento y con un poco de presión de más revientan un día en un punto y otro en otro. Las calzadas de las calles Irmáns Dapena y Corredoira están llena de remiendos, señales que indican donde se ha tenido que actuar para arreglar una avería.

El nuevo mandatario local aseguró que le dará una solución definitiva al problema. Que se ponga manos a la obra ya sin contar con la empresa que gestiona la red de abastecimiento, Aqualia, pues por lo que ha demostrado a lo largo de los últimos años dirá que no es de su competencia, de su incumbencia, renovar las tuberías en estas dos calles.

Plan de formación dirigido a jóvenes quirogueses

Decía días atrás el alcalde de Quiroga, el popular Julio Álvarez Núñez, que echaba en falta una iniciativa de sus compañeros de partido en la Xunta de Galicia del tipo que ha puesto en marcha la administración local que dirige y que consiste en contratar a jóvenes estudiantes durante los meses de verano para suplir las vacaciones de los trabajadores y funcionarios municipales. Ganan un dinerillo, se forman e incrementan currículo. No está mal, diría.

En el Ejecutivo gallego señalarán que tienen otros programas del estilo del quirogués, como los clientelistas talleres de empleo, esos que ahora está de moda concedérselos conjuntamente a varios ayuntamientos, la inmensa mayoría de ellos gobernados por el PP, para matar dos pájaros de un tiro, pues si son tres los ayuntamiento beneficiados son tres los que pueden vender la moto antes sus electores, no como Monforte, que lo ha intentado en siete ocasiones siempre con nulo resultado.

La fragilidad de la memoria
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