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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

El vino y el cambio climático

LA INQUIETUD existente sobre el cambio climático y sus efectos sobre la agricultura se ha traducido en la realización de algunos estudios sobre la incidencia de este fenómeno en la viticultura, un sector de gran importancia en la Ribeira Sacra desde el punto de vista económico. El catedrático de edafología Francisco Díaz Fierros sugiere que habrá que escoger variedades que se adapten a la nueva situación climática, o lo que es lo mismo, a veranos más secos de lo que hasta ahora era habitual.

Los expertos suelen coincidir en que los efectos del calentamiento global sobre la viticultura serán muy dispares según cada zona y apuntan a que en algunas incluso resultarán positivos. Este es el caso de una investigación que tuvo como eje central la variedad mencía, uva predominante en la Ribeira Sacra.

El análisis concluyó que podrá cultivarse en las zonas más altas de la denominación de origen para mitigar parte de los efectos del cambio climático. Así, en la Ribeira Sacra se irán aprovechando nuevas zonas a medida que se hagan más drásticos los cambios derivados del calentamiento global. A diferencia de otras denominaciones de origen de relieve mucho más uniforme, el escenario de la viticultura en la Ribeira Sacra ofrecería, por su peculiar orografía, importantes ventajas con vistas al cambio climático, según se recoge en varios informes que han comenzado a redactarse sobre este particular.

El aspecto negativo del cambio climático y por extensión el de la la ausencia de lluvias de forma regular, como ha ocurrido este año en la Ribeira Sacra, donde apenas ha llovido en los últimos tres meses y medio, obligará, según los expertos, a que los viticultores se familiaricen con técnicas de riego o bien trasladen los viñedos a zonas más frescas, de mayor altitud, como se recoge en una tesis doctoral realizada en el Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) por la monfortina Iria Rodríguez Vega.

Se ha señalado, además, que el llamado estrés hídrico es bueno para la vid, pero en su justa medida para una variedad como la mencía, ya que la ausencia prolongada de agua puede parar los procesos fisiológicos de la planta, no lográndose el fruto deseado.

En resumidas cuentas, habrá que adaptarse. Será necesario analizar año tras año la evolución del clima en esta nuestra Ribeira Sacra para minimizar los efectos del aumento de la temperatura y la escasez de precipitaciones en forma de lluvia cuando la uva necesita agua para engordar, para que tenga el grado alcohólico justo para elaborar unos vinos que si destacan por algo es por su frescura, no por su alta graduación.

En cuanto a esta campaña vinícola, podemos decir que ha sido anormal. Dejando a un lado las enfermedades que todas las temporadas atacan a las vides, como el mildiu, el año comenzó con prolongadas lluvias que duraron hasta el mes de junio, lo que propició un retraso en la floración de las cepas. Tras la numerosa agua caída vino un verano muy seco.

Llovió de más cuando no debía y de menos cuando se necesitaba, además de hacer acto de presencia una tormenta de granizo que arruinó 400.000 kilogramos de uva en una de las mejores zonas de la denominación de origen, la Ribera del Sil en Doade.

En cuanto a la calidad del vino que se obtendrá en esta cosecha, será necesario esperar. La vendimia se inicia oficialmente el próximo día 22. Se abre con cierto retraso con respecto a campañas anteriores porque las uvas necesitan más maduración.

Cuando el fruto comience a entrar en las 93 bodegas que están adscritas a la denominación ya se podrá saber qué nos espera, aunque estoy totalmente convencido de que será algo bueno gracias a la enorme profesionalidad de los viticultores, que miman las vides todo el año para, aunque aparezcan imprevisto en forma de caprichos climáticos, disponer de un fruto para hacer un caldo de altísima calidad.

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