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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

El fin que no llega

El caso Aqualia se enquista y no tiene visos de conseguirse una solución ni a corto ni a medio plazo
 

NO ES PRECISO ser un experto en artes adivinatorias para conocer ciertos futuros. No me extralimitaría si dijese que para saber qué pasará con ciertos asuntos simplemente basta con echar una ojeada alrededor y ordenar los hechos sucedidos. Sí, amigos, así de sencillas son, la mayoría de las veces, las cosas. Miremos hacia el caso Aqualia, hacia el contencioso que mantiene el Ayuntamiento de Monforte y la empresa concesionaria del abastecimiento de agua por un tema económico, para darnos cuenta de que este asunto no se solucionará ni a corto ni a medio plazo.

Se ha convertido en un quiste que no puede ser estirpado a través del diálogo o mediante un ejercicio de buena fe de las partes implicadas.

Los grupos políticos en la corporación municipal no se ponen de acuerdo sobre la mejor forma de exigirle a Aqualia lo que debe, unos 3,5 millones de euros que no invirtió en su día en varios proyectos que se había comprometido a ejecutar si le daban la concesión. El regidor local lo ha intentado, pero en todas las ocasiones la oposición ha echado por tierra sus propuestas. Tomé gobierna en minoría (tiene solamente seis de los 17 concejales que conforman el pleno) y los que tiene enfrente no le pasan ni una, pues hace tiempo que las relaciones del alcalde con la oposición podrían calificarse de, digamos, agrias.

Poco importa que el mandatario local haya buscado diversas fórmulas. Ninguna son del agrado de PP, no adscritos, BNG y Esperta Monforte. Alguno hasta ha dejado caer que existe una especie de connivencia entre el regidor y la empresa, que Tomé no busca defender los intereses municipales y sí darle oxígeno a Aqualia no reclamándole todo lo que debe.

Supongo que José Tomé, en su último año de mandato, desistirá en lo que se refiere al caso Aqualia y no volverá con más propuestas de solución visto el poco predicamento que tienen entre sus contrincantes políticos.

También supongo que le hubiese gustado ser la persona que arregló un desaguisado que comenzó en el año 2001 con la adjudicación de la concesión, pero no va a poder ser, como tampoco imponerle sanciones graves a Aqualia al no existir en el pliego del contrato especificación concreta alguna sobre las cuantías económicas a aplicar.

Esto último no deja de ser curioso, de levantar curiosidad. Cabe preguntarse quién redactó los documentos y cómo pasaron desapercibidas tan importantes omisiones.

Habrá que esperar ocho años a que finalice el contrato para convocar de nuevo la adjudicación del servicio. Esperemos que entonces las cosas se hagan mejor de lo que se hicieron en su día para no tener que padecer una situación indeseable como la que aguantamos ahora.

Mientras, sería recomendable ir dando pasos para conseguir lo que es de justicia, por ejemplo esos 3,5 millones en inversiones que debe Aqualia. Esos pasos son la presentación ante los tribunales de los pertinentes recursos contencioso administrativos, amén de requerir a la empresa obras de mejora asumidas por la administración local, como fue el caso de la renovación de las tuberías de abastecimiento en la Rúa Corredoira y entorno del hospital comarcal.

También habrá que prepararse ante los recursos que interponga la concesionaria, pues entiende que padece un desequilibrio económico financiero al no actualizarse las tarifas en función del Índice de Precios al Consumo. En concreto, estima que el Ayuntamiento le adeuda 1,7 millones de euros.

Como ya tengo indicado en otras ocasiones, este es un asunto de largo recorrido, aunque existe una posibilidad de que se acabe antes de lo esperado. Todo pasa por las próximas elecciones municipales, dentro de un año. Si el PSOE obtiene la mayoría absoluta, José Tomé podría llevar adelante sus propuestas de solución.
 

El fin que no llega
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