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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Duelo a garrotazos

SIEMPRE ME HA ha fascinado Francisco de Goya. Tiene obras magníficas, algunas de ellas poco conocidas, como Los disparates, una serie de 22 grabados que, según los expertos en arte, tienen una más que difícil interpretación. Son muy extrañas, destacando visiones oníricas, la presencia de la violencia y el sexo y la puesta en solfa de las instituciones relacionadas con el conocido como Antiguo Régimen y en general, la crítica del poder establecido. Pero más allá de estas connotaciones, las estampas ofrecen un rico mundo imaginativo relacionado con la noche, el carnaval y lo grotesco.

No menos interesantes son otras piezas de este genial pintor, como Duelo a garrotazos, también conocida como La riña. La interpretación tradicional del cuadro ha sido la de dos villanos luchando a bastonazos en un paraje desolado enterrados hasta las rodillas. Este tipo de duelos se producían en la época al igual que los de caballeros, solo que, a diferencia de estos, las armas eran garrotes y carecían de reglas y protocolo alguno, como padrinos, cuenta de pasos o elección de armas.

Se preguntarán, amables lectores, a cuento de qué viene toda esta introducción, esta pequeña reseña sobre Goya y alguna de sus obras. Se lo diré. El cruce de acusaciones entre la Xunta de Galicia, el Ayuntamiento y el partido socialista sobre el puerto seco de Monforte hizo que me se viniese a la mente la imagen del cuadro conocido como Duelo a garrotazos.

Y es que están reñidos, culpándose unos a los otros, entre si, de que la plataforma logística sea la nada, un páramo, con escasos visos de llegar a convertirse en la tierra prometida, en un revulsivo económico para la comarca de Lemos.

Podría recordarles el largo proceso de gestación y parto sietemesino de esta infraestructura, pero no lo haré al estar convencido de que ustedes lo conocen por las veces que, de forma repetitiva, ha salido en este medio de comunicación desde que en el año 2001 el proyecto había sido presentado en la pinacoteca del colegio del Cardenal, rodeados de cuadros de Andrea del Sarto y El Greco.

Pero, ¿dónde nos encontramos ahora?. Pues casi como al principio. Hay unos accesos al puerto seco a todas luces insuficientes, pues parten de una carretera que para acceder a ella es necesario atravesar varias calles de la ciudad y salvar dos pasos a nivel; por no hablar del asunto del saneamiento, un problema que surgió hace un año, cuando se supo que no se podía conectar a la red general, obligando a instalar una estación depuradora, plan que está a punto de comenzar.

Estos y otros despropósitos del puerto seco aparecen reflejados detalladamente en un informe realizado por especialistas y auspiciado por el Eixo Atlático, del que la Xunta de Galicia no ha querido saber nada. Ello ha motivado que desde el Ayuntamiento se la culpe de inacción y que el Gobierno gallego asegure por activa y por pasiva su compromiso total hacia esta infraestructura, cargando las tintas hacia la administración local y la Diputación por falta de apoyo.

Podría hacer mía una frase vertida por el diputado socialista por Lugo José Antonio Quiroga Díaz, quien, el otro día en el Parlamento de Galicia, pidió dejar de sembrar dudas, de culparse unos a otros y arrimar, todos, el hombro para que el puerto seco sea una verdadera plataforma logística intermodal de mercancías, el puerto seco de Galicia.

Lo importante es dónde nos encontramos, no cerrar los ojos a la evidencia, y buscar de una vez por todas soluciones, acciones que sirvan para poner en valor el puerto seco y que no se convierta, como auguran, en un polígono industrial más.

Todas las partes, Xunta, Diputación y Ayuntamiento deberían sentarse y ver qué puede aportar cada una para quitarle la razón a los augures. Dejen de darse garrotazos y trabajen en común.

Duelo a garrotazos
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