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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Vivir en un sueño

La única empresa interesada en el puerto seco se ha dado por vencida

Terrenos del puerto seco de Monforte. AEP
Terrenos del puerto seco de Monforte. AEP

NADA MÁS absurdo, a mi juicio, que esa tópica asociación entre lo deseable, lo posible y lo realizable, algo que impregna la mente de la multitud. Mencione usted un bucólico paraje, una situación, un entorno ideal y acabará viendo como todo se convierte en un relato cómico, divertido pero a la vez grotesco. Dios sabe, empero, que la prosaica historia de la primera empresa que se iba a instalar en el puerto seco de Monforte me permite contar ciertos elementos que hacen que la más oscura de las comedias resulte luminosa. Bajo el nombre de Abiga podemos aceptar que, generalmente, es de esos proyectos que por su complejidad acaban en un desafortunado resbalón. Gracias a Dios que haya sido así y no mediante el uso de toscos y destructivos métodos. Si aceptamos que esta puede ser una verdad indudable, podríamos llegar a comentar otros aspectos más oscuros, esos que solo se comparten murmurando, sin determinar donde está el límite entre la realidad y los mundos oníricos como los que recreó, e incluso dibujó para una mente abierta a la fantasía, el gran maestro H.P. Lovecraft.

Estamos hablando de mitos, como el de Cthulhu, en el que Lovecraft pone cierto énfasis en la perspectiva de que bajo el mundo cotidiano y conocido se esconde una realidad diferente, incomprensible para la mayor parte de la humanidad. Al hilo de todo ello paso a recrearles una aseveración realizada hace ya dos años por uno de los integrantes de Abiga, José Manuel González Illán, que no Randolph Carter, este último uno de los más avispados personajes de H.P.: "Podemos hablar de unos 5.000 camiones de salida y entrada en la ciudad del Cabe cada año, además del uso del tren, lo que puede dar idea de la magnitud de nuestro proyecto".

Este no era otro que invertir 20 millones de euros en la construcción de una factoría de elaboración de pellet de alto valor calorífico en el puerto seco de Monforte. A algunos responsables de la Xunta de Galicia se les pusieron los ojos en blanco ante tal prespectiva. ¡Por fin llega alguien al páramo monfortino!, debieron de pensar, sobre todo al visualizar señales que parecían inequívocas, como la presentación del proyecto en Silleda (Pontevedra), en el marco de la primera Feria de la Energía de Galicia.

Fue tal el convencimiento, la devoción hacia una tabla de salvación para los que gestionan la mal llamada plataforma logística de mercancías, que todo fueron facilidades. Algo así como "tú pide lo qué quieras que aquí estamos". Y así fue. Se reservó suelo a bajo precio para Abiga y se llegó a construir una estación depuradora de aguas residuales para que se implantase en el lugar.

Pasó el tiempo y se le pidió a los soñadores que despertasen y hablasen. Su respuesta fue la esperada. Dijeron, perjuraron durante mucho tiempo disponer de lo necesario para llevar adelante la iniciativa, pero finalmente todo se convirtió en un jarro de agua fría que cayó por las cabezas de todos.

Lo de Abiga me recuerda al proyecto del megaparque solar fotovoltáico de Seteventos y todo lo que llevaba aparejado. Otro sueño imposible, incluso para Randolph Carter o para cualquiera que se le parezca.

Solo nos queda el consuelo de que todo lo imaginado sirvió para dejar patente una verdad inmutable, que no es otra que la existencia de una red municipal de saneamiento obsoleta, incapaz de recibir los residuos que generasen las empresas que se instalasen en el puerto seco monfortino, y la necesidad de construir una estación depuradora en el parque empresarial, obra que se ejecutó, por lo que este ya está en perfectas condiciones para recibir a quien quiera fijarse en Monforte como centro de operaciones para su negocio.

Solo toca esperar para despertarnos de la pesadilla en la que se ha convertido el puerto seco, que se prolonga demasiado en el tiempo, tanto como 17 años. 

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