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Siembra de rencor

Hablar de 'batalla de Madrid' es más que un recurso de estilo

Señor director:

El espíritu y los pactos de convivencia que siguieron al franquismo, si no han saltado por los aires, corren riesgo de desaparecer. El populismo y la radicalización mandan al sumidero la reconciliación nacional que propugnó el PCE mucho antes de la muerte del dictador. Fue la vía para la normalización cívica de este país y su modernización.

La campaña electoral de Madrid parece empeñada en anular la voluntad de convivencia pacífica. No como un recurso estilístico -el lenguaje no es neutro- se califican estas elecciones como "batalla de Madrid". Se plantea y reduce la opción entre demócratas, que se atribuye y monopoliza todo lo que no sea derecha, frente a los fascistas en cuyo imaginario se pretende que se perciba al PP. Una simplificación del mensaje y una banalización de conceptos y realidades.

La respuesta política a las amenazas de muerte con balas y navajas ensangrentadas lo acentuó. La rueda de prensa de la ministra Maroto para comunicar la que ella había recibido, además de absolutamente precipitada en el tiempo, es la prueba del algodón de una estrategia simplona y peligrosa. Como el remitente era una persona con problemas psíquicos, pasó a responsabilizar al Gobierno de Ayuso por falta de políticas que atiendan a esa población. Después de tal pretendida salida del charco de la ministra de Industria, es secundaria la presencia en campaña del ministro del Interior y la directora general de la Guardia Civil. No fueron como máximos responsables para explicar los fallos de seguridad o para aportar alguna información de investigación policial, que no de relato político, sobre el origen de las amenazas que recibieron. Fueron en condición de víctimas al mitin del nosotros los demócratas frente al fascismo. Hasta por parte de Iglesias -toda ocasión es válida contra la monarquía parlamentaria- se llamó a la puerta de la Zarzuela.

Si preocupante es que aparezcan las amenazas de muerte a personas concretas, lo es igualmente la respuesta que algunos, sobre todo desde el Gobierno, dieron a las mismas. Hay que condenar los hechos concretos de violencia, individualizados como quiere el señor ministro del Interior, y hay que condenar toda violencia, absolutamente toda. Pero esa condena no obliga a una corrección política que censure un análisis de situación. Las políticas que conducen a la confrontación tienen nombre. No se deberían instrumentalizar demagógicamente situaciones serias. Las amenazas de muerte, incluso cuando proceden de una persona con problemas psíquicos, lo son.

Reducir las opciones electorales a demócratas frente a fascistas es una estrategia simplona y peligrosa

Barril de pólvora


Me quedo con el titular que encuentro en un podcast de Franceinfo: "En España, campaña del odio de las regionales en Madrid". El calificativo en francés para la campaña es "haineuse"; que se traduzca como rencor o como miedo implica una valoración similar: el rencor y el miedo van parejos. Ese es el riego interior y es la imagen exterior que proyecta España. Se puede leer o escuchar el regreso al "mito hispano" de la violencia. Lamentable que se llegue a ver en la política española un barril de pólvora.

Podemos y debemos preguntarnos cómo se llegó hasta aquí. Cuándo empezó esto. Hace varias legislaturas: la segunda de Aznar y sobre todo con Zapatero, ahora valedor bolivariano. Con independencia de que desde hace tiempo existan corrientes de radicalización y polarización en la política, Europa incluida -ahí está la tribuna de militares franceses a Macron esta misma semana-, hay un cultivo específico español.

En qué momento "se jodió el Perú", fue en lo que nos ocupa antes ya de los destrozos sociales de la gran depresión. Sitúelo usted con un presidente de Gobierno que dio por finalizados el tiempo, el espíritu y los pactos de la Transición. La argumentación se basó en que no se sentían vinculados quienes no formaron parte de aquellas generaciones. ¡Vaya memez! ¿Tampoco ve vinculación, como no estaba allí, con el ferrocarril o la telefonía? La apuesta por la convivencia y la tolerancia es un valor permanente. Eso fue lo que triunfó por la responsabilidad de unos dirigentes políticos y una sociedad que no quería volver a las andadas: ni violencia ni venganzas. Es necesario hoy. Se sentía la losa de dos siglos de frustración por la intransigencia violenta para la incorporación de España a la modernidad.

En esta campaña madrileña se han pisado líneas rojas. Algunos han resucitado el lenguaje guerracivilista del 36: no pasarán, no nos callarán, hemos oído en la televisión pública estatal en el programa de propaganda de Pablo Iglesias que emite la 1 de TVE inmediatamente antes del Telediario de las 15.00 horas. La reconciliación nacional, que propició la oposición al franquismo, fundamentalmente el PCE o la Iglesia del cardenal Tarancón, y que plasmaron unos dirigentes políticos en el pacto constitucional buscaba desactivar, creíamos que como objetivo permanente, la España irreconciliable. Las memoria histórica, la condena del franquismo y del golpismo, a la que se resistió el PP durante demasiado tiempo, no implica que se descalifique como fascismo toda mirada crítica sobre las políticas de la II República. Empieza a ser también demasiado resistente en el tiempo y manipuladora de la historia la negativa a esa mirada.

Las pretendidas descalificaciones por equidistancia de quienes no entraron al trapo del dualismo maniqueo de la campaña madrileña obedece a la misma doctrina que pretendió o pretende meter en ese saco a la "Tercera España", la de quienes vieron -Salvador de Madariaga, por ejemplo- el polvorín al que conducía a la radicalización polarizadora. El "testimonio de acusación y de escarmiento" que dejó Gaziel, una víctima de los dos bandos, en Meditaciones en el desierto es memoria histórica.

Algunos, a derecha e izquierda, parecen empeñados en resucitar los esquemas de las elecciones de febrero de 1936. No son ningún modelo. 

Cinturón imposible


¿Es posible levantar un cinturón sanitario frente a los extremismos de derecha e izquierda con los discursos que hemos oído estos días y antes? Sería la cuadratura del círculo. Se pide al competidor algo que no se practica en terreno propio: con quiénes pacta Sánchez, quién se negó a la abstención para investir a Rajoy. Los hechos impiden la posibilidad de que germine el aislamiento de los extremismos. Hay una manifiesta incapacidad e irresponsabilidad para asentar una política de estabilidad, de convivencia en la tolerancia, que prescinda de los radicalismos a derecha e izquierda. Se viene practicando lo contrario desde hace varias legislaturas. Quienes estos días citan a la señora Merkel como ejemplo para exigir al PP que prescinda de cualquier entendimiento con Vox para gobernar parecen tomarnos por tontos. El comportamiento de la socialdemocracia alemana, el SPD, no se parece en nada a las posiciones del PSOE de Pedro Sánchez para facilitar o buscar la gobernabilidad. Las consecuencias, los costes electorales que para el SPD supuso y supone la Grosse Koalition seguro que pesan en contra, pero aquí además se han instalado en el discurso de la radicalidad, que se ha tomado como definidor, y se alimentó la polarización que imposibilita el encuentro y el pacto.

De usted, s.s.s.

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