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Quién y cómo es él

El pulso a la parte socialista del Gobierno se trasladó a las calles

SEÑOR DIRECTOR: "El virus pasará pero el sentido común continúa en la uci", escribía en La Vanguardia el que fue su anterior director, Màrius Carol, ante la posición que adoptan algunos partidos frente a las violentas manifestaciones en las calles, con foco inicial y central en Barcelona. Alcanzaron a Galicia. ¿Qué y quién desata todo esto y lo alimenta? El ingreso en prisión de un rapero lenguaraz y, en algunas de sus expresiones, descerebrado no explica los incidentes y su multiplicación en las calles de muchas ciudades. Pablo Hasél con su historial de condenas y las letras de bombas, piquetas en la cabeza o tiros en la nuca no es gasolina para tanto incendio. La reivindicación de la libertad de expresión que ataca la sede de un periódico, practica el vandalismo e incendia las calles se deslegitima a sí misma. Queda al descubierto el juego sucio entre socios de coalición, además de un ejercicio de la política que banaliza conceptos y realidades tan graves como el fascismo, que destroza las libertades y practicó el genocidio, con el fin de activar y alimentar estrategias partidarias. La toxicidad totalitaria se refleja en discursos que proponen el control desde el poder político de la línea editorial e informativa de medios privados. Eso ya se hizo aquí durante cuarenta años: censura y totalitarismo.

El imaginario de país incendiado que construye el reduccionismo de las imágenes que llegan a las audiencias de aquí y del exterior sobre los altercados de estos días refuerza el mensaje de que se encarcela a artistas por "injurias a la monarquía", como si este país tuviese el régimen de una monarquía del Golfo. Y el ensalzamiento inmediato de los manifestantes y activistas como antifascistas, según el portavoz de Podemos, confirmaría las tesis de los graves déficits democráticos de este país que denunció desde el propio Gobierno su vicepresidente primero. Esta estrategia, señor director, encuentra alimento en algún alto cargo judicial al que la primacía de una ideología reaccionaria le lleva a ignorar las reglas de una democracia parlamentaria.

ESCOPETAPulsos de poder 
El sentido común ha desaparecido del escenario político cuando se instrumentaliza la violencia y el incendio en la calle para pulsos internos en la coalición gubernamental. Cuando los altercados sirven para negociaciones y exclusiones de cara a constituir nuevo gobierno en Cataluña. Cuando el responsable de Interior, el consejero Miquel Sámper, se apunta a las descalificaciones de los Mossos. O cuando una formación, heredera de la convergencia socialiberal de Pujol, se suma a la anticapitalista CUP para calificar de "inaceptable la respuesta policial" —Mossos— sin dedicar una línea crítica a quienes incendian las calles. Un periódico que tradicionalmente se identificó con la burguesía y las clases medias catalanas, como La Vanguardia, editorializa que el problema no son los Mossos.

El problema, señor director, alcanza a toda España en el orden público, en la concepción de los derechos y en la gobernabilidad del país. La principal raíz está en quienes alimentan e instrumentalizan esta situación. Y, con independencia de que sean más o menos numerosos los incidentes violentos y el número de quienes participan en los mismos, el mensaje que llega en directo cada noche por los canales de televisión es de caos. Sobre la percepción de la realidad que crean esas imágenes en la ciudadanía , el estado de opinión, se justifican las respuestas políticas. Ante el riesgo de que se construya un enfermo imaginario para aplicarle las medicinas que algunos quieren aplicarle, el papel de los medios de comunicación con información plena es fundamental. ¿Cuánto se tardó en ofrecer el perfil y el historial de condenas de este artista encarcelado?

Concesiones o debilidades
No parece que en estas circunstancias un gobierno cohesionado y con autoridad pueda permitirse la concesión de un indulto a quien aparece como instrumento desencadenante de la violencia en la calle. Esta petición de indulto que presenta Unidas Podemos, "por justicia", para el rapero condenado es una trampa —un trágala— para Pedro Sánchez y para la parte socialista del Gobierno. El pulso de Iglesias y Podemos ha ido muy lejos. Vamos a ver si el señor Sánchez, que por fin ha hablado de lo que sucede, ejerce su autoridad.

La actual tormenta política, los destrozos de bienes públicos y privados, el fuego en las calles y ataque físico —la sede de El Periódico—, además de los verbales y en pancartas, a los medios de comunicación no es escenario ni para reformas legales ni para indultos. En tiempo de tribulación no se hace mudanza. La propia complejidad de una reforma en la regulación de la libertad de expresión exige reflexión y debate sereno para asegurar derechos que definen una democracia liberal, se abandonen inconcreciones restrictivas, y no se dé impunidad cuando se sobrepasen líneas que atentan contra los derechos de otros. Una bomba en el coche de un ciudadano, ni con música, se ampara en la libertad de expresión. La sátira, el sarcasmo o el humor crítico, todo lo descarnado que se quiera, contra la monarquía, los políticos, los banqueros o los líderes religiosos no es un canto a la violencia. Y desde luego ni es arte ni cultura. Permítame usted que exprese mi hartazgo y el temor por adónde puede conducir tanta banalización de conceptos como fascismo, cultura, artista o libertad de expresión.

Los apoyos a un rapero que acumula condenas alimenta el imaginario de un país represivo con carencias democráticas

La crisis económica, las grandes bolsas de paro, la ausencia de asideros reales de esperanza para los jóvenes son un riesgo añadido para la explosión sociopolítica, pero no son ahora mismo la chispa que prenda estos disturbios que llegan hasta a tranquilas ciudades castellanas. Es pura esquizofrenia política pretender activar y monopolizar el descontento y al tiempo pisar la moqueta del poder. Lo coherente sería que el Gobierno y quienes tienen la representación ciudadana se ocupasen con dedicación plena y sin trampas partidistas de trileros a generar confianza en la salida económica y de empleo.

Vuelvo finalmente al escenario inicial de estos altercados: Cataluña. No son novedad. Le contaré algo que escuché a alguien que defiende sin aspavientos el derecho a decidir. La historia dice que cuando el desorden y quienes lo protagonizan toman el salón familiar de gentes acomodadas o burguesas es cuando algunos en Cataluña se enteran de que la chispa de las revueltas, que incluso azuzaron, se los lleva por delante a ellos y a sus intereses. Quien esté por una sociedad abierta debería examinar el nacionalismo que se impone en el viaje en común de la CUP y Junts, de quien se mueve en coordenadas liberales y de economía de mercado y de quien se define como anticapitalista, asamblearia, antisistema y rechaza la Unión Europea y la Otan.

De usted, s.s.s.

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