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Portugal vota continuidad

Los socialistas de Antonio Costa son favoritos en las elecciones, aunque necesitarán pactos

SEÑOR DIRECTOR:

Los portugueses van hoy a las urnas con una capital, Lisboa, como ciudad de moda que atrae masivamente turistas. Lo hacen en un país que, después de ser intervenido y superar la situación, atrae fiscalmente como residentes a los jubilados europeos. El Gobierno presenta balance de reducción en la deuda y en el déficit (0,5%), con tasa de paro del 6,2%), con aumento ligero del gasto público, con un incremento de 100 euros en el salario mínimo, hasta 600, con rebajas selectivas del Iva en los productos de primera necesidad y gran consumo, y con crecimiento de la renta disponible, aunque muchas familias tengan que administrar la escasez. Pudiera verse como significativo que el ministro de Finanzas de este gobierno, Mario Centeno, un socialista que pasó por Harvard, presida por elección el Eurogrupo.

El cierre de la campaña tuvo desinformación, fake news en lo últimos días, según algún observador, y un incidente, que enlaza con esas mentiras, de António Costa en la calle con una persona que lo acusaba de estar de vacaciones durante los incendios forestales que costaron 60 vidas. Los escoltas tuvieron que apartar al primer ministro y candidato socialista que insistía, y se revolvía, en llamar mentiroso al hombre que lo acusaba. Los sondeos son unánimes en el pronóstico de una victoria del Partido Socialista (PSP).

Un Gobierno de la 'Gerigonça' redujo el déficit, bajó la deuda y presenta una tasa de paro del 6,5%

Las últimas encuestas que se conocieron le otorgan un 38% de los votos, entre nueve y diez puntos por encima del siguiente, el PSD de centroderecha. Costa perdió distancia en los últimos meses a favor de sus competidores por la izquierda: los sondeos le dan al Bloco de Esquerda (BE) un importante crecimiento, algo más del 10% de los votos.

Con unos resultados así el PSP se situaría muy cerca -entre a dos y diez escaños- de la mayoría absoluta. Las encuestas electorales en Portugal hasta el momento tienen credibilidad.

Pactos

Si ese escenario demoscópico se traduce hoy en resultados será necesario construir mayorías. No parece que se vaya a repetir, ni que sea necesario, el pacto de la "Geringonça" que con comunistas y los marxistas del BE llevó a António Costa y al PSP al poder. Podría ser suficiente el acuerdo con uno de los tres partidos a la izquierda, PCP, animalistas y verdes (PAN) o el BE. De momento, al menos, nadie pidió o propuso un gobierno de coalición, aunque esa podría ser la condición del BE para el apoyo. Imagina usted como yo que España en vísperas electorales y tras el espectáculo que llevó a la convocatoria de noviembre, mirará con atención a las negociaciones para formar gobierno en Portugal.

El pacto de la "Geringonça", de los socialistas con el BE -podría ser el equivalente de Podemos o las mareas- y la histórica ortodoxia comunista del PCP, cumplió el objetivo de estabilidad en el tránsito por la crisis, y de hacer frente, con el menor coste social posible, al tiempo que se cumplían los compromisos con organismos como el FMI. Hubo tensiones y desencuentros. También es cierto que Costa, desde el gobierno, no siempre tuvo o buscó en su izquierda los apoyos.

Rescate y grándola

Recuerda usted que el país vecino estuvo al borde de la ruina. Pidió el rescate en 2011. Equivalía a entregarse al mandato de la troika: FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo. Los hombres de negro llegaban puntualmente, con anuncio previo en los medios de comunicación, al aeropuerto lisboeta para controlar el cumplimiento de los compromisos. O de las imposiciones. Sucedió que en un momento supimos que la fórmula portuguesa pasó a ser ejemplar para los organismos controladores. El segundo del FMI lo puso como ejemplo para Europa e «incluso para el mundo». Portugal había pagado el rescate anticipadamente. Llegó el fin de la intervención.

Hay quienes dicen en Portugal que Costa tiene corazón capitalista. Quizás por eso midió los riesgos frente a la imposición de austeridad absoluta y frente a la presión contra la misma por la izquierda que le llevó al poder. Las concentraciones ante la Asamblea Nacional -"Grándola Vila Morena" de nuevo en la calle y en la cámara- anunciaban conflicto social y político. Era un pronóstico de revuelta, ahora frente a las imposiciones de la troika, con una pretensión de regreso a la ilusión colectiva del pasado. Entonces y ahora pudiéramos entender Portugal como lección para el Sur de Europa de contención frente a los riesgos de uno y otro extremo, tanto frente al ajuste en exceso como frente a una vía revolucionaria sin salida.

Aquella fue ciertamente una revolución política que implicó el paso de una larga dictadura a la democracia. No lograron imponerse los intentos y las tentaciones totalitarias. Las hubo y fuertes. Un PCI fuerte en Italia y una España, por imperativo vital del dictador, en tránsito político, imponían en Portugal el freno de contención para comunistas y tercermundistas neutrales. Un sur de Europa con comunistas o democracias populares rompía el statu quo de los bloques. Mario Soares jugó fuerte entonces frente a las pretensiones de sobrepasar la democracia parlamentaria liberal. Ese mismo líder socialista, siempre en la ortodoxia de la socialdemocracia europea, fue en sus últimos años de vida (1924-2017) motor sonoro para que el Partido Socialista, con António Costa, liderase un gobierno que aplicase la "austeridade de esquerda". Lo que se llamó milagro portugués. Soares apoyó y defendió la "Geringonça" que desplazó del poder a la derecha. No seré yo quien proponga una mirada similar sobre España.

La situación de máxima emergencia en Portugal fue superada por el milagro de la "austeridade de esquerdas", por el gobierno que llegó con la "Geringonça".

Romper dogmas

Portugal rompió muchos dogmas tanto frente a la austeridad impuesta a cualquier precio social como frente a los devaneos de la izquierda populista y rupturista que vimos, por ejemplo, en Grecia. António Costa repetirá con toda probabilidad como primer ministro portugués. La izquierda populista en Grecia, con sus excesos y divisiones, dejó pasó a la derecha en el gobierno. Por eso, quizás, la "austeridade de esquerdas", a la portuguesa, se la califica de mito. Se pretende desmontarla o ignorarla por dos frentes. No gusta a quienes no admiten la menor crítica ni error en las políticas de austeridad, que se aplicaron obedientemente e hicieron tambalear o destruyeron la clases medias. Ni es referencia para quienes son incapaces o se niegan a administrar el poder desde la representación compleja que imponen los votos ciudadanos.

Muy atentamente.

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