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Maneras de envejecer

Cicerón se retiró al campo: un jardín  y una biblioteca son suficientes para la felicidad

Señor director:

La lectura de El arte de envejecer (De senectute), de Marco Tulio Cicerón, provocó en Michel de Montaigne, el de los Ensayos y padre del género, las ansias por envejecer. No alcancé tal nivel en la lectura esta semana de una reciente edición de la obra. Sí la disfruté, y mucho. Cicerón, al que traducíamos en los deberes de latín sin que previamente se nos contextualizase nada y por tanto, como con Homero o Virgilio, no lo podías saborear, realiza una auténtica apología de la vejez.

Sexo y disfrutes

Sostiene, por ejemplo, que la disminución de los "apetitos sensuales" -el sexo para el latino está sobrevalorado- nos permite disfrutar de otros aspectos de la vida "más satisfactorios y duraderos". De momento, le diré que no voy a olvidar los consejos de don Antonio Garrigues Walker para cuando uno se hace mayor: no cesar en la actividad nunca; dispuesto siempre a aprender algo nuevo -"la mente es un músculo que hay que ejercitar"- y, en discrepancia con el clásico latino, mantener el interés por el sexo, el otro o el mismo, según gustos. Son consejos que desde la sabiduría y la experiencia repite el ilustre abogado para los recorridos finales, como las lecciones que escribió el jurista y pensador romano, aunque no coincidan en las recomendaciones y valoraciones sobre el sexo. Nada incompatible, parece, con otros disfrutes satisfactorios y duraderos, como un buen moscatel de Setúbal o el cuidado de unos rosales.

Las ansias por envejecer que se apropiaron de Montaigne con la lectura de De senectute estarían fuera de lugar cuando uno recorre ya el tramo de edad avanzada que desemboca en el final, la vejez. Aunque este, cada vez más, aún puede dar paso a lo que se califica como longevidad. La vida son etapas; una implica abandonar el escenario: «Envejecer es signo inequívoco de que la muerte no anda muy lejos». No debería vivirse ni verse como un drama. Mientras seamos capaces de cumplir con nuestras obligaciones la vida "hay que vivirla sin preocuparse por la muerte", escribe el sabio romano que se fue a Grecia a estudiar la filosofía. Cuando "las aficiones de la vejez también acaban por desaparecer es señal de que ha llegado el momento de partir". Domingo García Sabell nos dejó Paseo alrededor de la muerte, un ensayo sobre el último gran tabú de nuestro tiempo.

El autor latino (106-43 a.C.) muestra su absoluto convencimiento de que el ser humano "posee forzosamente un alma de naturaleza eterna". Cita a Jenofonte cuando en el lecho de muerte Ciro se dirige a sus hijos: "No creáis que dejaré de existir cuando haya muerto".

El jardín y los libros

La lectura me permitió una especie de examen de conciencia, algo ignaciano, y valorar aspectos positivos de la edad, como la disponibilidad de tiempo. Permite disfrutar de las plantas -imaginar o soñar jardines, en mi caso-, el campo -el huerto, en dimensión más doméstica- y los libros. Son tres consejos o sugerencias del propio Cicerón y del editor de la edición inglesa (How to grow old).

Si usted tiene un jardín y una biblioteca, según decía el famoso orador latino, cuenta con todo lo necesario para la felicidad y para vivir, incluso en tiempos de pandemia, con satisfacción o resignación positiva.

El arte de envejecer puede representar una inyección de optimismo para quien aviste el horizonte del retiro

Le añadiría personalmente unas gotas actuales de disfrute a las recomendaciones del autor latino: una bodega con algunas botellas de buen porto y el acceso a algunas de las series de las plataformas digitales. Nada extraordinaria como ve, aunque es cierto que solo una economía saneada, como la de Marco Tulio Cicerón, que se hubo de retirar a su finca por desgracias de la política, permitirá el disfrute de lo que él pinta como sencillo y yo le añado una copita de oporto para el aperitivo y otra, diferente claro, para el postre. Sospecho, señor director, que el viento no sopla a favor en este país para la calidad de vida de pensionistas y retirados. Ya ve usted que penalizan más fiscalmente hasta los planes de pensiones.

Le diré que otros placeres, como una cita con la Toscana, el regreso primaveral a Buenos Aires o el recorrido guiado por los espacios de Josep Pla, en una iniciativa de la universidad de Girona, los impidió la pandemia. Durante el confinamiento descubrí que Erasmo de Rotterdam, de salud débil, viajaba por Europa en tiempos de pestes. No estaría de más hoy, permítame el paréntesis, un cierto "erasmismo" político que significase voluntad de acuerdo para que la pasión no se imponga al intelecto y a la voluntad de diálogo. Entretanto, será cuestión de dejar a estos políticos con su circo, el mayor espectáculo vergonzoso del mundo que organizaron con Madrid como pretexto, y no renunciar a las experiencias posibles de un viajero, con las prevenciones exigibles en tiempos de pandemia.

Quizás todos transitaríamos por esta situación con más confianza si las sugerencias de Cicerón les fuesen suficientes a los gobernantes que se esfuerzan en la confrontación partidista y no en trabajar por la salud de los ciudadanos.

Optimismo

El libro es ciertamente una delicia y para los mayores o para quien aviste ya el horizonte del retiro, nunca aconsejable, puede representar una inyección de optimismo. La calidad de la prosa, el placer que produce su lectura, y la fórmula de argumentar y presentar propuestas para la calidad y la felicidad en la vejez lo distancia de esos "libros prozac", los self-help-book o autoayuda, que sustituyeron a los de aprender alemán en diez días. Es «un manual de sabiduría clásica para la segunda mitad de la vida», dice el subtítulo de esta edición que publica Koan, con traducción del latín y del inglés, por la introducción de Philip Freeman, de Jacinto Pariente.

Saludable

Acababa de leerlo la noche anterior, cuando por la radio mañanera del pasado jueves me entero de que el 1 de octubre es el día internacional de las personas mayores. En esta aldea en la que habito despachaban el Barolo por copas, ya no lo hacen y no pude darme un homenaje para celebrar el 1 de octubre. Estos días dedicados ya se sabe que sirven para organizar una concentración en la plaza pública o un "hoy tengo que referirme necesariamente..." en el arranque del discurso de un político, tanto en la inauguración de una carretera como en una jornada sobre la pularda.

Tras la información de la radio descubro en internet a estas alturas del año que estamos en el decenio, 2020-2030, del envejecimiento saludable.

Realmente, señor director, no sé si empezar a preocuparme por mi grado de desinformación o por no haber descubierto nada práctico que me advirtiese de tal decenio saludable. Le confieso que poco optimismo genera tanto la jornada del 1 de octubre como el decenio para la vejez saludable, con la experiencia de estos meses de abuelos en soledad, muertes descontroladas en las residencias de ancianos, falta de previsión en la gestión o los síntomas que puedan indicar las propuestas que meses atrás sugerían prohibir la calle a los mayores -mantenerlos encerrados en sus domicilios o residencias- o la propuesta de indicador de "M" en el coche que conduzcan mayores de 70 años. Ya hay en la historia demasiados precedentes de marcar a las personas, señor fiscal para la seguridad vial. La cultura liberal, estos se la fuman.

De usted, s.s.s.

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