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La libertad siempre está por conquistar

Señor director:

El Derecho a no mentir* es el título de 34 conferencias y discursos que Albert Camus pronunció entre 1936 y1958. Son, según se asegura en el prólogo, todos los textos conocidos de las intervenciones públicas de Camus desde 1936 hasta su muerte. El título en la edición española responde más al contenido y al pensamiento del autor que un aséptico, o no sé si llamarle académico, Conferences et Discours que figura en diversas ediciones francesas, incluida la inicial de Gallimard. También es más comercial el español, cierto.

Hay en las intervenciones ahí recogidas material interesante, suficientemente ilustrativo de quién era y qué pensaba Albert Camus, referente intelectual y moral de compromiso y libertad, sin ataduras ni servidumbres políticas gregarias, que nunca renunció a la felicidad. Los libros de Camus han regresado a los estantes de las librerías. Casi podría decirse que está de moda. La peste, bajo la pandemia, fue un fenómeno de ventas y lecturas. La recuperación en España y Galicia de la figura de María Casares y la publicación en español de la voluminosa correspondencia amorosa entre ella y Camus contribuye igualmente al interés por el escritor y pensador. En El Derecho a mentir figura el discurso que pronunció en Estocolmo el 10 de diciembre de 1957 cuando recibió el premio Nobel de Literatura. Es un momento estelar en su vida. Merece una carta monográfica. Tenía 46 años: él mismo se declara "casi joven" en el inicio de un bello discurso, cargado del calor, la pasión y la sinceridad que le definían. Le quedaban solo tres años por delante, antes de que un accidente de coche se lo llevara.

Entre las 34 intervenciones que recoge el libro hay bastantes referidas a España. La relación y el interés de Albert Camus por España es bien conocida y no solo por la historia de amor que vivió hasta su muerte con María Casares. En una velada que le dedican en 1958 en el Cercle des Amitiés Méditerranéennes para celebrar el Nobel, Camus, que ya había renunciado al torrente de actos públicos que siguió a la concesión del premio, hace una excepción en esta ocasión. Allí dice : "Permítanme simbolizar a todos estos amigos, esta noche, en la España del exilio". En el exilio español encontró siempre "amistad activa y generosa". Habla ampliamente en el discurso de lo que le debe a España . Asegura que "somos de la misma sangre y yo tengo con su patria, su literatura y su pueblo, su tradición, una deuda impagable". Es igualmente conocida la referencia a las raíces españolas de su madre, que nació en Argelia en una familia con origen en Menorca. La madre es figura importante, podríamos decir que nuclear, en la vida y en los planteamientos de compromiso que mantuvo el escritor.

Participa con Sartre, René Char y André Breton, entre otros muchos intelectuales, en un mitin en febrero de 1952 contra la condena a muerte de once sindicalistas españoles de la CNT: "Desde hace quince años el franquismo apunta al mismo blanco: la cara y el pecho de los españoles libres", dice en su intervención. Hay momentos de denuncia incendiaria, es un mitin: en la España de Franco "se reparten hostias de plomo". Y le pide a la jerarquía católica española que elija "entre Cristo y el asesino y ya va siendo hora, ya es hora, de que la jerarquía católica denuncie, definitivamente, esta horrible coyunda". Cuenta algo que no sé si usted conocerá, yo no. Felipe II consideraba que Dios era español y Franco lo hacía, a Dios, falangista.
Cinco de los once sindicalistas fueron fusilados el 14 de marzo

Ya sin la política y al margen de su apoyo a la lucha antifranquista, figura un discurso que pronunció en la Sorbona en la conmemoración de los trescientos cincuenta años de la publicación de El Quijote, con anécdotas no ya del honor español sino "testimonios de la locura del honor". Nuestro Señor don Quijote, que decía Unamuno, "patrono de los perseguidos y humillados".

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Le voy a destacar a usted, aunque sea al final de esta carta, un discurso que se refiere a Salvador de Madariaga. Camus interviene en 1956 en un homenaje al intelectual y político gallego, coruñés, con motivo de su setenta cumpleaños. El título es más que significativo "El partido de la libertad. Homenaje a Salvador de Madariaga". Lo singularizo por dos razones. Una, no es un detalle menor que Albert Camus, un año antes de recibir el Nobel, intervenga en un homenaje a un exiliado español, de la tercera España.

La tercera España no fue ningún grupo como tal, se aplica, aunque hay grandes resistencias para ello, a figuras individuales que mantuvieron su libertad de pensamiento y expresión, sin supeditarse a partidismos y consignas, y que no se sentían representados en ninguno de los bandos. En los pánicos y los delirios colectivos como en las ceremonias de culto al guía omnisciente, dice Edgar Morin que se produce una pérdida de autonomía intelectual. Madariaga, como por ejemplo Chaves Nogales en el periodismo, no renunciaron a esa autonomía intelectual, a ejercer su libertad. La presencia e intervención de Camus en el homenaje al liberal Madariaga supone un reconocimiento claro a la figura de este político e intelectual. En el discurso queda claro el conocimiento y la proximidad.

Y el otro motivo para subrayar esta intervención radica en lo que entiendo como una necesidad, dar visibilidad a la figura y la obra de Madariaga en esta España con la memoria histórica políticamente activada que lo tiene marginado. Con Madariaga había coincidido Camus en un gran mitin celebrado en Paris el 30 de noviembre de 1952 para protestar contra la admisión de la España franquista en la Unesco. También está en el libro el texto —España y la cultura— de esa intervención pública del premio Nobel francés, que se negó a colaborar con la Unesco a raíz de la entrada de la España franquista.

De usted, s.s.s.

*Camus, Albert: El derecho a no mentir. Debate (2023)

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