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Historia de un pícaro

Señor director:

Listo, espabilado, tramposo, pillo y otros términos menos agradables dedica el diccionario de la Rae para definir la figura del pícaro. Cuando había que aprobar para pasar curso y para mantener una beca había que obtener una nota media decente, nos obligaban a leer obras como El Lazarillo —La vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades— o El Buscón, de Quevedo. Lo recuerdo como una buena experiencia, incluso se le cogía afición al género. No sé si ahora, con tanta innovación pedagógica y tecnológica, se le podrá imponer a un estudiante que lea una obra literaria y demuestre de alguna forma que lo ha hecho. Supongo que no, que se considerará la obligatoriedad como algo traumático para el alumno. Créame usted que me gustaría estar equivocado.

Netflix estrenó esta semana una docuserie sobre el famoso Pequeño Nicolás, (P) Ícaro. De ahí mi inicial referencia a la literatura picaresca, antes de unos apuntes de actualidad con la serie audiovisual como pretexto.

Usted recordará las increíbles historias que protagonizó el protagonista. Un joven estudiante —varios testimonios lo veían como un niño o un adolescente— que participó como invitado en el ‘besamanos’ en la proclamación como Rey de Felipe VI, hay testimonio gráfico, se sentaba al lado de Aznar y hasta apareció como acompañante de Rajoy cuando este acudía a votar y se ofreció a los Pujol para amañar los problemas judiciales de la familia. Tanto como la parte picaresca del personaje nos debería preocupar que algo así pueda suceder sin que active alertas.

Se movía, y presumía de ello, en las altas esferas del poder político y económico y declaraba que trabajaba como colaborador del CNI. Lo cierto es que se reunió con gente importante y que, sorprendentemente, esa gente acudía a sus citas. Ejercía de conseguidor. No he llegado hasta el final de la serie, se lo confieso. Me queda por visionar como una cuarta parte del último capítulo. La impresión es que cuenta con la colaboración, que no será gratuita se supone, del protagonista.

Mx

A Nicolás lo detienen en octubre de 2014, lo acusan de falsedad documental, estafa en grado de tentativa, usurpación de funciones públicas, revelación de secretos o malversación de caudales públicos. ¿Significan estas acusaciones que presumiblemente tuvo acceso a secretos y que dispuso de caudales públicas? En esta vertiente la comedia debería tomar otras derivas. Habrá responsabilidades de quienes permitieron, facilitaron o impulsaron las actividades de este muchacho y faltan explicaciones de cómo pudo prolongarse en el tiempo la actuación de este joven como intermediario, enlace o agente del poder. Al fin y al cabo, deja en ridículo a organismos y personas que se suponen competentes y serias.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, declaraba poco después de la detención, "por orden de la Moncloa y del CNI", que hasta siete organismos han negado la veracidad de las declaraciones del joven Nicolás: la Casa del Rey, Vicepresidencia del Gobierno, el ministerio de Defensa, el de Economía, el CNI, la Comunidad de Madrid y el proyecto Las vegas Sands. No está mal para un muchacho del barrio madrileño de Prosperidad. Estas referencias dan idea de la dimensión que alcanzó el escándalo del pícaro Nicolás. Fernández Díaz pretendió con los desmentidos dar por zanjada la cuestión ‘Joven Nicolás’. A propósito de este ministro, con acusaciones como la ‘policía patriótica’ o el espionaje a Bárcenas, el extesorero del PP, por la serie aparece el comisario Villarejo. Todo un personaje, símbolo del funcionamiento de unas cloacas del Estado por las que se movía, o eso parece, el joven Nicolás. La jueza que instruyó uno de los casos declaró que no se explicaba cómo "con su mera palabrería, aparentemente con su propia identidad, Francisco Nicolás pueda acceder a las conferencias, lugares y actos a los que accedió sin alertar desde el inicio de su conducta a nadie". Probablemente las explicaciones al comportamiento del personaje habrá que buscarlas en profesionales de la psiquiatría o la psicología. Algún testimonio de este tipo aparece en el documental. El médico forense asegura que posee "una florida ideación delirante de tipo megalomaníaco". Alguna persona que lo conoce de tiempo atrás asegura que es un superdotado.

La historia de este increíble personaje tiene la doble vertiente del pícaro y del mito de Ícaro, asciende tan alto que en el atrevimiento, o vaya usted a saber qué o quién, se le viene abajo el sostén de las alas que le llevaron a codearse con las cumbres del poder. Según se ve en la serie, las alas se empiezan a derretir seriamente en Ribadeo, el 14 de agosto de 2014. Alguna de las escenas que Nicolás organiza y protagoniza en esta localidad son de esperpento y disparate. O son una auténtica provocación, una apuesta al sistema: a ver si me pillan. Salta la alarma, claro, no en vano Ribadeo mira a Inglaterra, que de espías sabe mucho. Lo explica en el documental quien ocupaba la alcaldía ribadense en aquel momento. Nicolás estaba ya demasiado crecido en su papel y confiado en sí mismo. Entra en la localidad lucense con cuatro coches de gama alta, escoltas y policía motorizada abriendo camino con las sirenas. Son historias, usted recordará, que sin el testimonio de las fotos y de la versión judicial, serían argumento increíble, no válido, para una novela de espionaje. Más bien se corresponden a la España de charanga y pandereta. La realidad supera a la ficción.

Lo chusco y lo divertido, el morbo si quiere usted, está en la narración de los movimientos de este personaje, en las operaciones que está o dice estar implicado, en las imágenes que lo muestran con normalidad entre los poderosos. Pero lo que me parece realmente importante es cómo se explica que pueda moverse por los salones y los despachos del poder sin que se dispare ninguna alarma. Con lo que he visto, no sé responder. Algo falla, o alguien, o algunos, obtienen alguna rentabilidad del atrevimiento y desparpajo de este joven. Si un chaval organiza la que montó Nicolás no nos pudo sorprender que el equipo de Puigdemont introdujese las urnas en Cataluña para una consulta que era imposible que se celebrase, según el Gobierno con el que sucedían estas cosas.

De usted, s.s.s.

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