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Hay espacio para el periodismo

Testimonio sobre un silenciado, un desequilibrado en el poder y un referente de buen hacer

SEÑOR DIRECTOR:
Permítame que desde el periodismo le sugiera tres nombres de interés para este final de año: Manuel Chaves Nogales, Alfons Quintá y Lionel Barber. Están de actualidad. Acaba de publicarse la obra completa de Chaves, el periodista sevillano (1897-1944) que muere en el exilio en Londres después de huir de la España en guerra y de la Francia ocupada. Es un estuche de cinco tomos. Jordi Amat publicaba El hijo del chófer (Tusquets), un inquietante testimonio sobre el acceso al poder de un periodista, Alfons Quintá, en la Cataluña de la transición y el pujolismo. Y Lionel Barber, director, editor en la concepción anglosajona, de Finantial Times (FT) entre 2005 y 2020, publica un dietario personal (The Powerful and the Damned) en el que refleja las relaciones con el poder "en tiempos de turbulencia". Esperamos una versión española.

Alfons Quintá, el hijo del chófer de Josep Pla, es una personalidad para la psiquiatría, un personaje de novela negra. Acaba matando a la mujer y suicidándose él. Pero es también un profesional que activa desde El País el caso Banca Catalana, aunque luego se haga el silencio en uno de esos pecados que debemos reconocer de la Transición. Y crea con un buen equipo la moderna y atractiva TV-3. Esto es innegable. Las críticas sobre adoctrinamiento a TV-3 son para más adelante. De entrada se trataba de captar, de atraer. Se hizo competitiva y ganó a la audiencia. Tampoco andaba mal de gubernamentalismo/partidismo la TVE de aquel momento, con Calviño al frente. Tenía además vocación de monopolio. Las autonómicas —catalana, vasca y gallega— las entendían como "antropológicas" y folclóricas.

Quintá hizo una televisión global, para ver la actualidad y el mundo en clave de Cataluña. Para dar los atascos en los accesos a Madrid en un regreso de vacaciones o para interpretar la actualidad con la óptica central no se justifican medios públicos autonómicos. Otros desvaríos en TV-3 vinieron después. El libro de Jordi Amat es más que el retrato de un desequilibrado, obsesionado con el abandono del padre. Es un joven que con 16 años chantajea a Josep Pla. El trabajo de Amat desmonta el mito de hacer país del nacionalismo pujolista, previo a la deriva secesionista, y el complejo de superioridad de una élite política catalana.

Testimonios de crueldad
Del largo silencio bajo el franquismo que luego se prolonga durante décadas de democracia, al fin se ha recuperado la voz incómoda y el periodismo modélico de Manuel Chaves Nogales. Algunas de sus obras deberían ser de obligada lectura en la enseñanza para que no se cuele bajo la recuperación de la memoria histórica la idealización de un trágico, cruel, inhumano y antidemocrático tiempo histórico. Pero no solo en los sublevados. Si se trata de conocer para no repetir errores y comportamientos ahí están los testimonios directos de A sangre y fuego o las crónicas de la revolución de Asturias.

Ilustración para el blog de Lois Caeiro. MARUXALa sepultura anónima, sin lápida, en Londres, es todo un indicador del destino de la tercera España. No es equidistancia, es la apuesta por la convivencia democrática que exige tolerancia. Chaves representa a quienes en una España enfrentada en dos bandos no claudicaron ante el fascismo ni el comunismo. Ni lo hicieron luego en Europa. En A sangre y fuego, un testimonio impresionante, se presenta como un "pequeño burgués liberal, ciudadano de una república democrática parlamentaria". No había espacio. Chaves defiende y apuesta por la democracia liberal como lo hizo su amigo Salvador de Madariaga, con el que coincide en el exilio inglés. Quizás, o sin quizás, esta apuesta por la libertad y la convivencia civilizada eclipsó su persona y su obra (Andrés Trapiello) durante más de cincuenta años. Quizás, o sin quizás, habría que averiguar qué explica el silencio —bajo el franquismo ya lo sabemos— en democracia sobre su obra y su persona hasta hace pocos años.

Es muy importante lo que cuenta en sus reportajes y en sus libros. Me atrevo a decir que es obligado conocerlo en este momento de la política y la sociedad española. E interesa cómo lo cuenta. El nuevo periodismo, que creímos descubrir en la banda de Tom Wolfe, estaba ya en Chaves Nogales, Josep Pla, Gaziel o Augusto Assía. El diario de un estudiante, las crónicas de Gaziel desde París en el inicio de la guerra de 1914, son una muestra del mejor reportaje, de la capacidad para observar y contar el acontecer extraordinario, la guerra, desde el impacto en la vida cotidiana. Es belleza periodística y literaria. Como Londres bajo los bombardeos en las crónicas de Assía. Es periodismo en la línea de Chaves: andar, ver y contar. Como en FT redactar, explicar y, lo fundamental, buscar la noticia.

Biblia del periodismo
Lionel Barber (The powerful and the Damned), que dirigió el "diario de la casa del capitalismo", hizo de FT un referente para la transición digital, atrajo a más de un millón de lectores de pago, lo convirtió en una marca global y en una biblia del periodismo riguroso y bien escrito. Lionel Barber demostró al frente de FT que en tiempos de turbulencias hay espacio para el periodismo cuando la excelencia es el objetivo —el rigor y la calidad— que no se alimenta en la gratuidad. FT del fin de semana, con una revista a todo lujo que tuvo copias aproximadas en España, es un producto total. La redacción, que creció con él, despidió a Barber con un sonoro aporreo de las mesas, como si fuese un aplauso entusiasta en Alemania.

Fintan O’Toole, en The Guardian, publicó días atrás una reseña-crítica de este dietario personal del poderoso director de FT . Apunta las zonas oscuras: cómo resolver la cercanía al poder, "la tensión irresoluble" de intimar con los poderosos y al tiempo defender y practicar la objetividad periodística. Y recoge igualmente las lecciones y los logros que dejó este director. Y algo a subrayar, desde el éxito hay capacidad en Lionel Barber para la autocrítica. No supo ver el periódico la relación entre el populismo y los excesos del capitalismo financiero o la aceptación acrítica de la austeridad como dogma tras el colapso bancario que cerró la primera década del siglo XXI. Ahí se abona la profunda crisis que afecta a las democracias liberales.

FT será una fuente documental imprescindible para los historiadores cuando se ocupen de la crisis financiera, económica y sociopolítica que marca desde 2008 el transcurrir de este tiempo.

De esos tres nombres con que abría esta carta, Lionel Barber y Chaves Nogales, con todas las distancias biográficas y diferencias profesionales, alimentan la confianza en el futuro del periodismo.

Me permito despedirme con lo que Ben Bradlee, el amigo de Kennedy que dirigía el Washington Post en el Watergate, le dijo a Barber cuando asumió la dirección de FT: "Cuando dejes de ser director sabrás quienes son tus amigos de verdad".
De usted, s.s.s.

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