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Envejecer en el jardín

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Señor director: May Sarton, poeta, memorialista, escritora comprometida, dijo de Eva Le Gallienne, directora, productora y actriz teatral que era una prueba viviente de que a los 83 se puede ser joven. Murió con 92. Las dos, May y Eva, fueron grandes jardineras, "así que quizá envejecer bien tiene algo que ver con seguir vinculado a la tierra". Intento aplicármelo. Creo que ayuda. Con este antecedente y ahora que se aproxima la primavera le parecerá lógico que quiera hablar del jardín y la vivencia del mismo en los libros. El descubrimiento de Diario a los setenta, de May Sarton, me abrió doblemente el apetito, cuestión de años, para escribirle. Así le doy materia a un amigo que se cachondea de mi obsesión jardinera y, al tiempo, pretendo corresponder con otra amiga que disfruta, eso me dice aunque no se le crea del todo, cuando escribo de mi relación con las plantas y el jardín. La verdad es que me sienta bien dedicar tiempo al intento de hacer real el jardín que imagino, descubrir a personas que practican esta afición, como me ha sucedido en las horas que, con Juana y Segismundo, compartimos con Manuela Carmena en Sargadelos. Y siempre es un placer la literatura con Los recuerdos de un jardinero inglés, las confesiones del filósofo Byung-Chul Han que Loa a la tierra desde Berlín , o adentrarse con Pia Pera por la pradera, por el huerto o entre las plantas del jardín.

El martes, aunque me levanté con el cuerpo dolorido de cavar y plantar el día anterior, fue una jornada espléndida. Empezó bien. Se respiraba primavera, con sol y una temperatura agradable que no auguraba el regreso al invierno de este fin de semana. Pasé por el kiosco, había llegado ya el número de marzo de The English Garden. La revista "es bonita", así me lo dijo la cartera cuando estaba suscripto y 'se perdía' la mayoría de los meses; alimenta la imaginación y contribuye a descubrir plantas e ideas para aplicar. Si fuese joven y me desenvolviese con normalidad en inglés me apuntaría a alguno de los "The Best Gardening Courses in 2024" de los que habla este número de marzo. Igual que hay entre nosotros cursos de cata para aficionados al vino, algo aprendí en alguno, debería haberlos de jardinería para aficionados, sin otra pretensión. Si existen, Google no me dio respuesta.

También la mañana del martes encontré en la librería Cronopios el diario de los setenta de May Sarton, que ya le cité. Esta escritora, de padre belga-estadounidense y de madre inglesa, fue en los meses de la pandemia un descubrimiento en España con Anhelo de raíces. Un éxito para la editora y una satisfacción para las lectoras durante aquel período que nos mantuvieron encerrados, con restricciones y con miedo. Lo de lectoras, lo digo en femenino tal como lo contó El Confidencial: libreras y lectoras la aconsejaron y la difundieron. Donatella Ianuzzi, una italiana que lleva años residiendo en España y que está al frente de su editorial unipersonal, Gallo Nero, descubrió a May Sarton (1912-1995) por una reseña que subrayaba que "se enfrenta al envejecimiento y a esa vida infinita que es la muerte". Eso le atrajo y adquirió los derechos en español de algunas de sus obras, como Anhelo de raíces. Los primeros 5.000 ejemplares desaparecieron rápidamente y siguieron reimpresiones sucesivas. El ejemplar que tengo es de la tercera. A mí me atrae su escritura, y me llama cómo afronta en sus diarios el envejecimiento y cómo habla del universo que ha creado y en el que se mueve en su casa de Maine, al pie del mar, y por supuesto su dedicación al jardín que compatibiliza con la agenda de escritora. Un jardín en la vejez se cuida "a base de trabajar a un ritmo muylento". Le añado, si usted me lo permite, que así es como se disfruta: con las tijeras o la azada a ritmo lento, no lo que hice yo el lunes, con paradas para sentarse y mirar al horizonte, observar los pájaros que van y vienen y descubrir alguno nuevo, o detenerse a repasar en el espejo retrovisor el tiempo vivido e intentar merecer la paz con uno mismo.

Con la llegada de marzo empieza un tiempo intenso de trabajo. El césped está hecho un desastre y pide recebo, el pequeño estanque está sin terminar, hay decenas de hortensias para plantar, está sin cavar y sin abonar en profundidad lo que será un parterre para llenar de plantas en aparente desorden, hay que dedicar unas jornadas a las escalonias que al fin parece que engancharon o quiero incorporar más plantas espontáneas del monte, como las xestas o los toxos, en un espacio amplio solo para ellas. Podría seguir enumerándole a usted trabajos fundamentales pendientes.

Por las reiteradas referencias que en la lectura de May Sarton encuentro a las peonías, voy a buscarlas por los viveros que frecuento y si no aparecen compraré por internet algunas en maceta y bulbos. Habrá que ver cuáles se plantan en primavera y cuáles en otoño. A ver si en la longevidad de la planta, y en la elegancia y la belleza que le atribuyen a sus flores, aseguro su compañía para la vida infinita, en un espacio que se parezca a la cascada de Venus en el paisaje inglés de Rousham House. Eso imagino. La semejanza solo será en la colocación de las piedras de un pequeño arco rústico que aparezca como una penetración en la tierra: una representación del logro definitivo, la culminación, del anhelo de raíces. Este arco será el tránsito sin retorno al espacio de una vida infinita aunque el jardín que lo rodea experimente el abandono y el clima y la naturaleza señoreen libremente el terreno que fue jardín imaginario. De usted, s.s.s.

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