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Cambios y resistencias

Señor director:

Despedimos un año de sobresaltos y temores y entramos en otro con no menos carga de incertezas. Iremos, si a usted le parece, de lo local a lo global. Sabemos por experiencia que en lo universal, con o sin globalización como objetivo confeso y ya cuestionada ideología política por apologetas anteriores, la repercusión para todos es indiscutible. Por ejemplo, la llegada o no de Trump a la presidencia de los EE.UU. tiene consecuencias, más o menos directas, para todos en cualquier parte del mundo. Esto no significa que hayamos de valorar como acertada y esperanzadora, ni mucho menos, la política exterior que practicó Joe Biden durante su mandato y que se presente como una alternativa acertada, frente a los riesgos de Trump, para repetir al frente de la Casa Blanca. El historiador británico Niall Ferguson, de posiciones conservadoras, aseguraba en la cumbre de Le Grand Continent, que se celebró días atrás en el valle de Aosta, que "la política exterior de Biden ha sido un error" y que "Rusia puede ganar la guerra", según recogía El País. Ayer mismo, Le Gran Continent informaba que "Kiev retrocede en los territorios conquistados en la contraofensiva" y que Moscú lanzó el 28 y 29 el ataque aéreo más importante desde el inicio de la invasión.

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Pero empecemos por lo próximo. En poco más de mes y medio -18 de febrero- tendremos elecciones en Galicia. Si nos atenemos a una percepción general en la calle no parece que vaya a haber cambio. Los sondeos recientes confirman esa impresión. Alfonso Rueda no cometió el error de Touriño en la presidencia cuando se resistió a adelantar elecciones como le proponían. Rueda, en el contexto actual de la política española y de la situación de la oposición en Galicia, adoptó la decisión lógica para sus intereses electorales. Se confirma esta valoración si observamos, como analizaba hace unos días el experto Jaime Miquel, que unas mínimas variaciones en los porcentajes de votos para el PP de Rueda pueden poner en riesgo la mayoría absoluta, única fórmula válida para garantizarle gobernar.

La batalla por situarse como primera fuerza de la oposición frente al Bloque de Ana Pontón, y por tanto como alternativa a presidir la Xunta, que plantea el candidato socialista, José Ramón Gómez Besteiro, no aparece hasta el momento como una fórmula de acierto. Si la línea central de campaña continúa marcada, como hasta ahora, por una presentación, lanzamiento, del candidato Besteiro como delegado-valedor de las políticas de Sánchez en Galicia, no seré yo quien le diga a usted que tal estrategia le garantice el éxito. La última foto de la visita, con ministro y numerosas autoridades, a las obras de un viaducto que se ha caído hace año y medio y del que anuncian apertura de un carril para circular a cincuenta, no será un refuerzo para el candidato. Aparece como una imagen de pasado. Es una muestra de continuidad de una práctica política en Galicia que, con gobiernos de PP o PSOE, los hechos la privan de toda credibilidad. No es el escepticismo de los gallegos: son los incumplimientos y la cronificada y abusiva lentitud con la que las inversiones reales llegan a Galicia. Y es el acrítico entusiasmo triunfalista de los políticos locales -gallegos- ante la repetición de promesas y buenas palabras del ministro o alto cargo central de turno. Ahí está la marcha de las obras de la A-54, autovía Lugo-Santiago, para demostrarlo o lo que sucede con el Ave y la alta velocidad. La campaña como candidato "delegado del Gobierno" entiendo que no le facilitará el éxito que necesita para superar al BNG y para desplazar a Rueda de la presidencia de la Xunta.

Vamos a lo global, si le parece, de la mano de la portada de The Economist en el número extraordinario "el mundo ante 2024". La portada y el contenido del semanario británico ante un nuevo año, esta es su 38 edición, es un clásico para interpretar lo que viene. Las portadas no están hechas al tuntún: son el resultado de la información rigurosa y el análisis de su editor jefe. Se la cito un año más, aunque sea con retraso, porque entiendo que ahí está casi todo, y casi todo nos afecta a todos. En la parte superior de las imágenes de portada hay un reloj de arena que agota su tiempo. Será la hora presente del mundo en que vivimos. Hay bombas o misiles, a pares, a derecha e izquierda, en la composición gráfica. Habrá reparado usted en que en la ilustración sobresale una urna central. En más de setenta países hay elecciones en 2024, aunque la calidad democrática de muchas de ellas sea más que dudosa. Los votos de 4.200 millones de personas no harán el mundo más democrático. Según el semanario, no se celebrarán en muchos casos en clima de libertad. Aparece la probable llegada de una mujer, Claudia Sheinbaum, a la presidencia de México. Contraponga usted esta posibilidad que, sin cambios en las políticas que practica López Obrador, rompe la imagen de un país machista.

Las elecciones en varios países europeos -Portugal próximamente- y al Parlamento Europeo están pendientes de lo que parece confirmarse como una línea ascendente de la derecha más radical, como la que gobierna Italia y está presente en Suecia y Finlandia.

Destaca igualmente al observar esa portada la inteligencia artificial enchufada a cerebros humanos y una gráfica en caída libre para representar la tendencia negativa de la economía. A Donald Trump, "la gran amenaza", le da una sobre tres probabilidades de volver a la Casa Blanca. Lo decidirán los votos y los tribunales.

En una visión general del tiempo presente, y termino, se puede decir, y se dice, que asistimos a un cambio profundo, a un tránsito de etapa histórica. Estamos dentro del proceso y carecemos de perspectiva para verlo y valorarlo en su plena dimensión. El tiempo que se acaba, de ese reloj de arena, es el de una forma de vida, unas normas y valores, un reparto de poder entre los grandes, que es lo que está en pugna, o las formas políticas que hemos santificado como inamovibles.

De usted, s.s.s.

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