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El aviso de Gonzalo Caballero

Casado viene a Galicia para ganar imagen y no para apoyar a Feijóo

SEÑOR DIRECTOR:

La interpretación de que Pablo Casado viene hoy a Galicia a reforzar su imagen a la sombra de Alberto Núñez Feijóo parece la correcta, frente a la tradicional de un líder nacional que viaja en apoyo de un candidato autonómico. El líder gallego suma en positivo para Casado. No se puede decir a la inversa: la línea del PP en Madrid es un lastre para Feijóo en la próxima cita electoral. Podrá admitir usted conmigo, aunque molestemos a pieles sensibles, que no se corresponderán con la realidad los titulares periodísticos que hoy y mañana digan que Casado apoya a Feijóo en Galicia. Más bien deberían escribir y decir: nada más acabar el estado de alarma Pablo Casado viaja a la Galicia de Feijóo para ganar espacio con la moderación, el autonomismo y el centro, e intentar mejorar así los daños que le causó su línea opositora de frentismo durante la pandemia.

El día 12 en el País Vasco el PP tendrá ocasión de constatar una vez más, con los datos de las urnas, el suicidio que le supone seguir las viejas tesis frentistas del rancio nacionalismo centralista. Ese que difunden e imponen desde las Faes aznariles. Así lo demuestran -el fracaso- las ánimas de Mayor Oreja, Redondo Torreros o la del profesor de acordeón Carlos Iturgaiz, con intento de resurrección en este caso, todos ellos retirados a los aquelarres de la caverna madrileña.

Caballero escenifica mensaje


Gonzalo Caballero, el candidato socialista y en principio, sin atenernos al CIS, el aspirante opositor con más posibilidades frente a Núñez Feijóo para acceder a la presidencia de la Xunta, tiró el pasado viernes de Emilio Pérez Touriño, el socialista que en 2005 mandó a Manuel Fraga a la oposición, al sumar entonces a los 25 escaños del PSdeG-PSOE los 13 del BNG, que lideraba Anxo Quintana, y superar con esta suma por un escaño (38) al PP de Manuel Fraga (37). Recordemos, el PP había obtenido el 45,8% de los votos, los socialistas el 33,64% y el BNG el 18,89%. Se puede entender así que Feijóo responde a los buenos datos que le otorga el CIS con que la encuesta real es la del día 12 de julio en las urnas. Y con la memoria de 2005 presente, se entiende que los populares trabajen por la movilización de su electorado: la abstención jugaría en contra del PP.

El acto del candidato Gonzalo Caballero el pasado viernes en Santiago es la escenificación de un mensaje de arranque para sus electores y de advertencia para el PP: puede haber alternativa de poder frente a Feijóo, y aquí también sin atenernos a los datos del CIS que no dicen eso. Claro que ahora, según el CIS, las diferencias entre PsdeG-PSOE y BNG no son las de entonces: el Bloque de Ana Pontón incluso podría situarse como segunda fuerza en Galicia el próximo día 12, después del PP de Feijóo. Los socialistas serían la tercera fuerza y de ahí que Ana Pontón pueda decir que una mujer en este momento cuenta con opciones de ser presidenta de la Xunta de Galicia.

Huelga sin fin


Incertidumbre parece término acertado para definir este momento, tal como genéricamente titula Política Exterior en su último número las reflexiones plurales sobre un mundo en cambio. Lo que estamos viviendo quizá se parezca "a una guerra sin bandos y una huelga sin fin: la paralización repentina de un sistema económico en su conjunto, sin agenda política ni horizonte temporal definidos", tal como lo describe P. Bustinduy, profesor adjunto en el City College de Nueva York y exdiputado de Podemos. Añádase a esta realidad el impacto psicológico del choque con la debilidad y la impotencia humana frente a la propia naturaleza, una pandemia para la que no estábamos preparados ni nos habían informado a los miembros de una sociedad, de un tiempo histórico que habíamos interiorizado como dominador absoluto y todopoderoso.

Núñez Feijóo inició la travesía en la Xunta de Galicia en 2009, metido ya en el temporal que crearon los financieros

La incertidumbre, como le decía con el titular de Política Exterior, sobre un mundo en cambio, con retos, vías y horizontes no previstos en las agendas de quienes leen el futuro e incluso lo marcan con frecuencia, produce búsqueda y necesidad de seguridad y confianza en quienes están al timón o aspiran a ocuparlo. Hablamos de la propia incertidumbre sanitaria, del riesgo para la salud de cada uno, ante el desconocimiento sobre la evolución que pueda seguir el virus, el hallazgo de un tratamiento específico y efectivo, y de una vacuna. Hablamos de la crisis económica hacia la que avanzamos -solo en el primer trimestre del año se destruyeron 200 millones de empleos en el mundo, según la OIT, y el aviso de Chistine Largarde: "Lo peor está por venir"-, tendrá "el mismo impacto que tuvo la Gran Depresión, pero concentrado en unos meses en lugar de años". Hablamos de la tensión, redefinición de poderes y hegemonías en el mundo. Hablamos de riesgos para la democracia y las libertades o de repliegues nacionales y resurrección de fronteras políticas y económicas.

De todos estos negros augurios participa la ciudadanía española. Lo reflejan los propios datos que ofrece, sin cocina, el último barómetro del CIS: son los asuntos económicos y el empleo la primera preocupación de los españoles. Pero el debate entre los principales líderes políticos y sus grupos transcurre por otros derroteros, en una estrategia ya vieja y que nos llegó importada: acentuar el frentismo y los bandos ideológicos. Ni hacen causa común para algo práctico: el objetivo de la necesaria ayuda económica que pueda venir de Europa, posible por el renacimiento del eje francoalemán que escenificaron Macron y Merkel el pasado 18 de mayo con el anuncio de una propuesta sin precedentes. Esta esperanza económica la están instrumentalizando unos y otros -Gobierno y PP- internamente en España de forma vergonzosamente partidista, y antes de que llegue, mientras en Europa se registra una dura negociación sobre la misma.

La "isla gallega"


Los datos que aporta el último barómetro del CIS sobre la perspectiva electoral en Galicia no habrán sorprendido a nadie que siga con un mínimo de atención el acontecer gallego. La "isla gallega", que definió Anxo Lugilde en La Vanguardia, acentúa sus perfiles por la gestión del coronavirus y la personal línea política de templanza de Feijóo frente al PP de Casado y doña Cayetana. Y en este contexto general que le calificaba anteriormente a usted de incertidumbre -ahí está Alcoa para Galicia- el valor de gestor que se le atribuye a Feijóo y que acreditó durante esta crisis es otro importante activo electoral. Ante la incertidumbre se busca confianza y seguridad. No olvide usted que Feijóo llevó el timón de la Xunta siempre a través de temporales fuertes: llegó a la presidencia en 2009 cuando no se le veía fondo ni límites a la destrucción que provocó la crisis financiera que estalló en 2008.

No son ahora las mismas condiciones que influyen sobre el electorado las que marcaban la cita para el 5 de abril pasado; tampoco es el mismo candidato el que llega tras el confinamiento y el estado de alarma: aparece reforzado. Pero el recuerdo de 2005 que escenificó Gonzalo Caballero con Touriño el viernes en Santiago dice que la historia futura nunca se puede dar por escrita y en resultados electorales no hay quien lea la mano.

De usted, s.s.s.

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