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Alma liberal

Para Unamuno, Galicia es tolerante y con amplitud de miras frente a otras inquisitoriales partes de España ► Un mimetismo provinciano y acomplejado trasplanta discursos y problemas que son ajenos 
Unamuno
Unamuno

Señor director:

Los días sanos de invierno hay que disfrutarlos. El cielo limpio y con sol invitaba a salir a caminar por el campo. El silencio y la soledad pertenecen al paisaje de una mañana fría de Navidad en la que todo el mundo parece que se resiste a salir de casa. El frío helado aceleró el paso en el paseo para regresar al calor de la chimenea.

Le contaré antes de nada una curiosidad: por algún sitio de este recorrido mañanero llegaba el sonido de una gaita. Al ir avanzando descubrí que en una casa aislada alguien ensayaba una pieza. Era música de celebración festiva. No sabría definirla. Sé que no era triste. Sonaba bien aunque la Nochebuena que acabamos de celebrar no merezca, ni de lejos, tal calificativo. Así, mientras avanzaba en el camino hacia donde partía la música, diría que aquel sonido de gaita y aquellas notas musicales formaban parte del propio paisaje. De un paisaje que se nos va, incluya usted el sonido musical y la vegetación, por la tontería y por el dominio de la sinrazón. Don Miguel de Unamuno la primera vez que anduvo por Galicia, de lo que luego le contaré, escuchó "la gaita quejumbrosa" y asistió "al espectáculo de la alegría de ese pueblo melancólico y quejumbroso". 

Por donde corre el Sil


Ya de vuelta, acomodado ante el fuego, me ocupé con unos artículos de Unamuno, Por Galicia, que publicó en los domingos de El Imparcial en 1903 y que recoge en Por tierras de Portugal y España. Los leí en una edición de bolsillo de Alianza. Era su primer encuentro con esta tierra. Entró al corazón de Galicia "por donde corre el Sil, entre Monforte y Ourense". Es, repite varias veces, un paisaje femenino que abraza. Por ahí llegó también a Galicia Julio Cortázar y le ganó y emocionó la belleza que descubrió desde la ventanilla del tren que avanzaba con el río Sil.

Por lo que cuenta Unamuno, se deduce que debió de ser invitado de doña Emilia Pardo Bazán en Meirás. Don Miguel, cuando ya de vuelta en el austero paisaje castellano, que le gusta, confiesa que "recuerdo con saudade la femenina tierra gallega y sus humanos regazos y la dulce tolerancia en que me vi envuelto durante el transcurso todo de mi correría por Galicia". Y termina: "Por esto me gusta tanto Galicia, porque tiene el alma liberal". Es la mejor síntesis que encuentro para transmitirle a usted la impresión que de Galicia y los gallegos escribe el exrector de Salamanca, que, como el pazo de Meirás, también estuvo de actualidad reciente por Mientras dure la guerra, la película de Amenábar que un servidor califica como buena aunque algunos literatos e historiadores pretendiesen descalificarla por "hasta 18 errores" históricos que le encontraron. Bueno.

Lo que realmente buscaba en este librito eran las impresiones de Unamuno sobre la tierra portuguesa en una preparación para un viaje en calma que sueño hasta los confines de la Galaecia por el norte portugués, tan pronto como la peste que nos paraliza nos permita echarnos de nuevo al camino.

Tolerantes


Voy ya a las impresiones de Galicia que escribe Unamuno. No le hablaré por tanto del discurso del Rey, que ya tocamos por anticipación. Se agotaron inmediatamente las reacciones, todas absolutamente previstas. No es el tema aunque lo proponga Pablo Iglesias para la sobremesa.

Estos textos de Unamuno me parecen una excepción positiva entre una literatura cargada de tópicos, y no precisamente buenos, que a esta tierra y a sus gentes dedicaron algunos ilustres contemporáneos y anteriores al rector de Salamanca cuando se aproximaron por aquí. Además, por la parálisis en la que estamos, por la gaita que había escuchado en el recorrido mañanero y porque somos lo que somos, me fui a la lectura de Por Galicia antes de nada. Unamuno descubre, en contraste con "el hosco inquisitorialismo que nos sofoca en otras partes de España", esa "alma liberal de Galicia" en la "repugnancia a lo violento y bravío", en un aire social de tolerancia y de amplitud de criterio que, tal cual escribe él y espero que no alimente localismos, "respiré ya en Ourense y sobre todo en La Coruña". 

Encuentra la tolerancia en Galicia hasta en la relación entre sexos. De la lectura en Meirás de Rosalía recoge los versos que «pone en labios de las mozas que piden un hombre, aunque sea tamaño como un grano de maíz». Ahí reproduce varias estrofas de Cantares gallegos, XIII, para concluir con que "sempre é bó ter un home/para un remedio". 

Le contaré un detalle no menor para los valores de hoy. Descubre Unamuno en aquella Galicia de hace algo más de un siglo una posición de igualdad de la mujer con el hombre. "Aquí, la mujer si no es superior, es igual al hombre, cuando menos". Lo atribuye a madurez de casta. La realidad de la pesca y sobre todo de la emigración que mandaba los hombres a América explicaría también el obligado papel de la mujer que imponía la situación económica y que aparecía como adelantado social.

Provincianismo acomplejado


Permítame usted que regrese al contraste entre una España de Inquisición y una de tolerancia que ve en Galicia el profesor salmantino. Sospecho que en la situación actual algo de ese contraste sigue presente. Pero con un agravante para este momento, algunos dirigentes, a derecha e izquierda, trasladan e imponen en exceso aquí con demasiada frecuencia el seguidismo estratégico e ideológico de las tendencias más radicales de polarización, confrontación y exclusión de quien piensa u opina diferente, que dominan en otras partes de España. Es un mimetismo provinciano y acomplejado. Reproducen aquí discursos y trasplantan problemas que resultan absolutamente ajenos.

Lo aplicaría a los que dictan como políticamente correcto quienes creen monopolizar el concepto y la realidad de España desde el uniformismo y la intolerancia. Sucede por la acera de la derecha. En la otra acera, hay quienes creen marcar en exclusiva, y descalifican al que discrepe, la ruta del progreso aunque luzcan con frecuencia pendones decimonónicos que se demostraron un fracaso para el avance del país.

"El cansancio de casta», que paraliza este país, esperaba aquel el viajero en Galicia que «sea pasajero". Y con los versos de Rosalía para los castellanos que "antes os gallegos morran,/qu'ir a pedirvos sustento", escribe que "dije en La Coruña y lo repito aquí: ¡A pedir, no! A tomarlo, y a tomarlo como cosa propia". Pues eso, cien años después.

De usted, s.s.s.

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