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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Una cacería en la patronal

La forzada salida de Dieter Moure, tras ocho meses en la presidencia, apenas soluciona nada

UNO de los últimos actos públicos a los que asistió el profesor Antonio Dieter Moure como presidente de la patronal gallega contó con invitados ilustres. Conselleiros, alcaldes, presidentes de diputaciones, de cámaras de comercio, ejecutivos de empresas, ingenieros... Se trataba de la ceremonia de entrega de reconocimientos a los expresidentes del Instituto Tecnológico de Galicia, organización que acaba de cumplir veinticinco años de vida. Diéter Moure, discreto para casi todo, pasó prácticamente desapercibido en el encuentro. El teórico patrón de patronos apenas fue reconocido entre los asistentes. El ourensano también ha pasado de puntillas por la patronal. Apenas ocho meses en el cargo.

Muy lejos de ser la falta de empatía o el nulo grado de conocimiento de Diéter Moure en determinadas esferas un problema insalvable, lo que de verdad se lo ha llevado por delante son sus propios compañeros. Detrás del comodín de los "motivos estrictamente personales" que ha empleado para explicar su dimisión se esconde el relato de una incapacidad permanente, en este caso para llevar una nave a la deriva desde hace años, cuando se hizo con el timón Fernández Alvariño, su también efímero predecesor, que ocupó dos años el cargo.

Diéter Moure logró evitar el concurso de acreedores de la confederación de empresarios. Ese será su gran mérito. Lo hizo con un plan de viabilidad que sacó adelante entre amagos de dimisión, con la abstención de la patronales provinciales de Pontevedra, Lugo y Ourense, pero que no llegó a aplicar. No fue por falta de tiempo, sino de cintura y mano firme para tomar decisiones. Con la voz baja, pero de forma unánime, eso es lo que se le achaca desde las cuatro patronales provinciales. Con el plan de viabilidad, Diéter ganó tiempo y ofreció la necesaria tranquilidad a los grandes acreedores bancarios de la patronal, empezando por Abanca, que adelantó los pagos de la Xunta a través de una póliza de crédito de 600.000 euros.

Ese balón de oxígeno sirvió para salvar un punto de partido y poder pagar las nóminas, pero los problemas con los bancos acreedores siguen ahí. La CEG debe refinanciar 1,2 millones del coste de su sede. Los despidos comprometidos en el plan no se llegaron a hacer efectivos. Tampoco los recortes de salarios. El profesor ourensano no se prestó para la agresiva cirugía y acabó acorralado por el resto de barones provinciales.

Pero los problemas también surgieron en los despachos de la Rúa do Vilar. Y tienen un nombre: Fausto Santamarina Fernández, incombustible secretario general. El devenir de la patronal durante los últimos años no se entiende sin él, que ya ocupó la vicesecretaría en tiempos del difunto Antonio Ramilo, en los noventa. Desde entonces, Santamarina ha visto pasar ya por delante a cuatro presidentes. Y es que el plan de viabilidad contemplaba, además de ocho despidos para un total de veinte trabajadores, un recorte salarial del 30% para la nónima más alta, la del secretario general, que tiene un coste mensual de nada menos que 8.929 euros para las arcas de la maltrecha organización, según el propio plan de viabilidad. Eso es lo que se lleva crudo todos los meses Santamarina, y ese fue el morlaco que Dié- ter no quiso o no pudo torear.

Como lo fue Fernández Alvariño, el profesor ourensano es historia contemporánea. Eso sí, muy breve. Toca ahora un plazo de dos meses para unas nuevas elecciones. A modo de gestora, una junta de vicepresidentes (los tres provinciales y el secretario general de Lugo) pilotarán el proceso. Pero la división es tal que ni Antonio Fontenla, al que por antigüedad le correspondería presidir esa junta, quiere saber nada del tema. Lo hará, previsiblemente, el perdedor frente a Diéter de las pasadas elecciones: José Manuel Pérez Canal, al frente de la provincial ourensana desde 2013. Todas las miradas apuntan al empresario, que tuvo en su momento un muy mal perder.

¿Se acabarán los problemas de la patronal con la marcha de Diéter Moure y la llegada de otro presidente? Ni mucho menos. Una organización que ha perdido, si no el sentido, gran parte de su capacidad frente a las patronales provinciales y sectoriales, es pasto de la permanente división. Encontrar el pegamento que una a todas estas organizaciones es tarea de superhombres, y ninguno de los que se postulan parece dar la talla. Diéter Moure tomó ayer [este viernes] una decisión aplazada, a buen seguro que muy pensada ya antes de las pasadas elecciones que llevaron a Feijóo a revalidar la Xunta. Es lo que tiene depender de las subvenciones. La patronal se queda de nuevo sin presidente. Pero lo peor es que la credibilidad ante la sociedad ya la había perdido hace tiempo. Recuperar prestigio e influencia será tarea de años.

El ocaso del empresario que paralizó el Ave

VILLAR Mir fue durante muchos años sinónimo de poder. Con mayúsculas.Uno de los empresarios con más influencia en Galicia desde Madrid, sobre todo en los años de Fraga en la Xunta. Y no fue solo gracias al palco del Bernabeu. El exministro se hizo en los noventa con la antigua Carburos Metálicos, entonces en manos de la Corporación Banesto de Mario Conde. De ahí nació Ferroatlántica, con plantas en Cee, Dumbría y Sabón. También pasó a controlar sus saltos hidráulicos, un gran negocio paralelo, que no ha dejado de dar beneficios al grupo. Ahora, cuando peina 85 años, Juan Miguel Villar Mir pasa el testigo a sus hijos en el grupo familiar, al tiempo que asiste al ocaso de un imperio, que también comenzó por la división inmobilaria, aglutinando constructoras como Obrascón, Huarte y Laín en lo que hoy en día es OHL.

Agobiado por un endeudamiento que supera los 5.000 millones (gran parte derivados de las aventuras de OHL), Villar Mir ha puesto en venta sus polémicas centrales hidráulicas en Galicia, cuando todavía tiene en marcha la construcción de otros tres saltos hidroeléctricos.

Pero si por algo se recordará al empresarios, sin duda será por la batalla judicial que entabló contra Fomento por el paso de las obras del Ave por la mina de cuarzo de Serrabal. Erimsa, Ramsa, Cuarzos Industriales... Siempre estaba detrás el exministro. Por el lucro cesante del paso del Ave por sus minas llegó a pedir a Estado exactamente 895 millones de euros, que luego rebajó a 270 millones, y finalmente quedaron en nada. Las obras se llegaron a paralizar en lo que fue el boceto de un gran pelotazo.

Isabel García Tejerina, ministra en funciones de Agricultura
Urge regular el papel de los primeros compradores lácteos

TIENE buen cartel, sobre todo en el propio Ministerio de Agricultura. En el sector ya es otro cantar. Isabel García Tejerina, ministra del ramo en funciones, ha tenido que escuchar de una conselleira también en funciones, en este caso Ángeles Vázquez, de Medio Rural, la letanía de problemas que arrastra el sector debido a la figura de los primeros compradores de leche, intermediarios que en la gran mayoría de los casos ejercen desde el abuso y la especulación. La Xunta pide una regulación urgente. Y García Tejerina podrá responder que ya existe un registro oficial. Pero si repasamos el listado de empresas que figura en el Fondo Español de Garantía Agraria nos podemos llevar sorpresas. Grupos ajenos al sector, inmobiliarias y firmas con la actividad más dispar, se encuentran detrás de muchas empresas que figuran, oficialmente, como primeros compradores. Por tanto, parece más que evidente que estamos ante un problemón.

Sandra Ortega, hija de Amancio Ortega
El silencio millonario de la primogénita del fundador de Inditex 

ESTÁ llamada a desempeñar un papel más que relevante en el futuro de Inditex. Sandra Ortega Mera, primogénita del fundador, es este año 1.200 millones más rica. Rosp Corunna, el holding que heredó de Rosalía Mera, engorda su patrimonio hasta los 5.880 millones de euros. Y todo gracias a la revalorización de ese 5,05% que controla del grupo, que al margen de los dividendos le permitió anotar un ajuste por cambios de valor en el balance de Rosp de algo más de 1.200 millones. Ahí es nada para quien circula con un modesto utilitario por A Coruña. Sandra ajusta también sus cuentas con el fisco, que le había levantado actas de inspección por el Impuesto de Sociedades, sin pensar demasiado en que algún día, cuando herede lo que le corresponde, será alguien mucho más importante para Inditex de lo que ya es, aunque ahora no se siente en su consejo.

* Artículo publicado en la edición impresa de El Progreso y Diario de Pontevedra el 08/10/2016

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