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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Sequía en el sector primario

Agricultura y pesca, estancadas, apenas aportan al PIB gallego, lejos de la media nacional

DIME QUÉ produces y te diré cómo eres. Bastaría una sola respuesta para conocer los resortes de la economía gallega, sus motores, básicamente. Pero una silenciosa mutación obliga a buscar diferentes argumentos antes y después de la crisis. Si el viaje se realiza a través del tiempo, décadas atrás, las conclusiones sí que resultan determinantes: la estructura productiva gallega ha dado un vuelco. En síntesis, el proceso de terciarización, es decir, el auge del sector servicios, es imparable. Lo hace en línea con la economía española o cualquier otro país avanzado. Pero la gran diferencia está en el coste que conlleva esa transformación. 

Los datos de evolución del Producto Interior Bruto (PIB) de Galicia divulgados esta misma semana, que se pueden resumir en un crecimiento sostenido, una velocidad de crucero que se sitúa en el 3,1% en tasa interanual, ocultan una realidad inquietante. Los servicios, y en concreto el comercio, el transporte y la hostelería (crecen a un ritmo del 8,2%), apuntalan la recuperación, frente a un pinchazo de la industria (cae un sorprendente 2,1%), acompañado de un auténtico encefalograma plano para lo que representa uno de los supuestos motores del interior y la costa: el sector primario. 

La agricultura, la silvicultura, la ganadería y la pesca sufren un estancamiento que no hace otra cosa que consolidar una tendencia en esta salida de la crisis. Apenas aportan al PIB. Lo hicieron entre enero y marzo un 1,2%. En ese mismo período, el sector primario español ha avanzado un 2,2%, pero por encima del crecimiento de la industria y los servicios, y ligeramente por detrás de la construcción. El final de túnel de la crisis presenta un perfil propio en los últimos años si miramos al campo y al mar en Galicia. Y no es nada positivo.

Las alarmas se encienden todavía más si se tiene en cuenta de dónde venimos: el sector primario gallego avanzó un 1,4% y un 0,9%, respectivamente, en 2015 y 2016. En esos mismos años, a escala nacional, el PIB de la agricultura y la pesca creció un sólido 4% (2015) y un 3% (2016). Por tanto, la brecha se amplía y los servicios se abren paso, modelando una economía que no mira a su interior más allá de cíclicas crisis de precios en el lácteo, puntuales problemas para la viticultura por la sequía o, de vuelta a la costa, conflictos por las asignaciones de cuotas por especies o una flota incapaz de renovarse. Solamente las conservas y la acuicultura, por un lado, y el sector forestal, por otro, permiten hablar de cierta solidez para el que fue motor de la economía gallegas hace nada.

Echar la vista atrás representa toda una lección histórica. La agricultura y la pesca representan apenas un 5% de todos los bienes y servicios que produce Galicia actualmente. El peso de los servicios roza el 70%. En 1980, cuando España todavía no había entrado en la entonces Comunidad Europea, el agro y la pesca sumaban el 15% del PIB, frente a un 52% del sector terciario. En cierta medida, la modernización de Galicia se ha hecho a costa del sector primario. El economista Guillermo de la Dehesa aporta otro dato: Galicia pasó de tener el 43% de su población empleada en el sector primario en 1986 a contar solo con el 18% en 1999. La crisi agravó la tendencia. El empleo en la agricultura gallega tocó techo en 2008, cuando daba trabajo a 102.500 personas. El suelo se alcanzó a principios de 2015 con solo 61.200 empleados. Es decir, un 40% menos en siete años.

Mirar al futuro, sobre todo teniendo en cuenta otra derivada, la demográfica, no resulta nada tranquilizador. Según las proyecciones de la propia Consellería de Facenda, todas las comarcas gallegas cuya población descenderá en tasas superiores al 10% entre 2015 y 2020 viven de la agricultura o la pesca. De norte a sur, se trata de Ortegal, Muros, Xallas, Quiroga, Os Ancares, A Fonsagrada, O Ribeiro, Terra de Caldelas, Terra de Trives, Baixa Limia e Terra de Celanova.

Los pronósticos sobre el sector agrario que Guillermo De la Dehesa trazó en los años noventa no se han cumplido. El sólido economista aseguraba entonces que "el cambio estructural necesario para Galicia no significa que se abandone el medio rural". En Europa, advertía entonces, "muchas personas que trabajan en la industria y los servicios en las ciudades cuidan de sus pequeñas explotaciones durante el fin de semana. Este sería el desarrollo lógico para Galicia, especialmente cuando mejoran las comunicaciones y el transporte". Los años, un proceso de globalización imparable y una gran recesión le han quitado la razón. El sector primario gallego pide a gritos un plan. Y tiene que ser de choque.


Los tres tenores de la distribución gallega
La despensa gallega está bien custodiada. Tres grupos se encargan de ello. Lo hacen demostrando solvencia y músculo financiero, de ahí su ritmo inversor. Y tres son los tenores de la distribución de capital familiar, dos de ellos emergentes y un tercero, histórico del sector. Roberto Tojeiro (Gadisa) y Joaquín González (Vegalsa-Eroski) han optado por fórmulas distintas para dos empresas que ya han entrado en el selecto club de los mil millones de euros de ingresos. Vegalsa lo acaba de hacer. El tercero, a cierta distancia en cuanto a ventas, no es otro que Magín Alfredo Froiz, que desde Poio también aplica su particular receta: compras selectivas, como la de Moldes, y aperturas en mercados tan interesantes como Madrid, donde lleva cuatro centros de la marca Froiz.

En el norte, Gadis y Vegalsa tiene su particular cruzada, se miran muy de cerca y ponen en valor su actividad siempre que pueden. Primero la cadena de Betanzos decidió crecer "en mancha", por Castilla y León, tanto con supermercados como a través de centros logísticos. Vegalsa, que opera en alianza al 50% con Eroski (de la vasca Corporación Mondragón), sigue la estela y también crece por Asturias.

Vegalsa (1.018 millones de ventas en 2016, con 5.600 empleados e inversiones por 24,6 millones) sigue muy de cerca a Gadisa (1.100 millones de ingresos, 6.891 trabajadores y 16,9 millones invertidos en 2016). El tercero en discordia, Froiz, a falta de presentar sus resultados, lidera el sur y dará sorpresas una vez conformado como un holding que también tiene estructura familiar y ha comenzado un tranquilo proceso de sucesión. En Galicia hay distribución para rato.


VÍCTOR NOGUEIRA. Algo más que un consignatario para la empresa familiar
La patronal gallega de la empresa familiar estrena presidente. Víctor Nogueira, que pertenece a una saga de consignatarios que ha logrado diversificar como pocos su negocio, sustituye en el cargo a Emilio Pérez Nieto, que llevaba los últimos seis años al frente de la influyente organización. Discreto pero implicado en diversas iniciativas que tienen como eje la economía gallega, Víctor Nogueira no suele gastar pólvora en salvas y habla claro cuando se le requiere. Ahora, tendrá doble responsablidad. Al frente del Grupo Nogar, desde Marín, cuya historia hunde sus raíces en la consignataria fundada por Ceferino Nogueira en 1942, y a la cabeza de una patronal que aglutina buena parte del PIB gallego a través de empresas familiares que han sido resorte de empleo durante la crisis. Nogueira sabe de mucho de internacionalización, y de sectores como la logística y la energía. Ahora, la fiscalidad será otra de sus preocupaciones.

JOSÉ MARÍA MARÍN QUEMADA La gran asignatura pendiente en Galicia de Competencia
Cualquiera diría que ha venido a apagar un fuego. José María Marín Quemada, que lleva las riendas de ese organismo regulador clave que es la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, ha aterrizado en Galicia en plena polémica con la Xunta. Primero fue la norma gallega que regula los apartamentos turísticos, contra l a q u e s e plantó Competencia sin tener todos los deberes hechos. Y, acto seguido, esa vía de agua pendiente que son los precios de los carburantes en Galicia fue el dardo al que Núñez Feijóo recurrió para abrir fuego. La aparente calma llegó con una reunión en la que quedó clarito que el gran problema en Galicia son los precios de los carburantes, antes que la regulación de los apartamentos turísticos. Tres años y medio lleva Competencia con un expediente abierto sobre el asunto y del que nada se ha sabido. No parece de recibo.

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