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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Los retos de Núñez Feijóo

Con las crisis industrial y demográfica al fondo, el primer desafío es el plan de reconstrucción
Los retos de Núñez Feijóo
Los retos de Núñez Feijóo

KEYNES, tan libre como un artista, atacó el pensamiento único de su época (el período de entreguerras, básicamente) con la misma voracidad con que Picasso se enfrentó con la perspectiva o Einsten con la física newtoniana. Lo cuenta el francés Alain Minc en 'Los profetas de la felicidad', un ensayo muy personal del pensamiento económico. Lectura estival recomendable y, sobre todo, oportunísima. Porque ya no se trata de que nos encontremos ante una crisis sin precedentes, sino que las incógnitas sobre la evolución de la pandemia, con todas sus derivadas, hacen que resulte imprescindible gestionar la incertidumbre. Y hacerlo con ideas nuevas.

Ese va a se el primer frente de batalla que va a tener por delante Alberto Núñez Feijóo tras su contundente victoria electoral el pasado domingo. La mayoría absoluta le otorga manos libres, pero también multiplica su responsabilidad. Distinguir entre lo urgente y lo importante será sin duda otro paso a dar. Con la crisis demográfica al fondo, y delante un declive industrial encarnado por el cierre del aluminio de Alcoa en San Cibrao, el primer desafío será el plan de reconstrucción. Y algo tenemos avanzado.

En pleno confinamiento, al tiempo que se levantaban hospitales de campaña cuyo uso finalmente no fue necesario, desde la Xunta se armó un comité de sabios, un nutrido grupo de expertos que si algo tenía en común era su propia pluralidad, combinando el ámbito académico con el de la economía Los retos de Núñez Feijóo real, las empresas. Desde Inditex a Reganosa, pasando por el clúster de la automoción. Hubo muchas aportaciones y documentos, de todo tipo, pero poco después el candidato Núñez Feijóo aprovechó los papeles elaborados para armar una propuesta que va en la línea de la reconstrucción planteada. Lo hace con nuevos proyectos, básicamente industriales, en una comunidad que es un erial para la inversión extranjera.

¿Y en qué consisten esas iniciativas? Son muy dispares, pero tienen un nexo en común: aprovechar el recurso disponible. ¿Cómo? Pues básicamente pasan por la creación de una planta de hidrógeno verde para uso industrial con cincuenta megavatios de potencia, un centro de valorización de residuos ganaderos para transformarlos en biogás y fertilizante y una planta de fabricación de fibras textiles a partir de la madera. En conjunto, 1.300 millones de inversión para generar unos 1.700 empleos directos.

Ahora queda el salto del papel a los números concretos, toda una aventura, que debe llevar también la firma de socios industriales privados. Primera incógnita, aunque se pueden adivinar los socios que están llamados a sumarse a estos planes 'tractores' si tenemos en cuenta los nombres propios de las grandes empresas gallegas y los sectores en los que operan. Los 'fondos verdes' que llegarán de Europa, si el pacto de reconstrucción sigue sus pasos tal y como está diseñado, será la gran palanca que incentive estos proyectos. Y, de momento, está en el aire.

Núñez Feijóo y su equipo también tendrán que bregar con una transición que ha resultado abrupta y nada justa. Es la energética. Y también debe hacerlo mirando a Europa y a Madrid. La implícita reconversión industrial que como un tsunami amenaza con barrer gran parte del tejido productivo gallego convencional tiene varias paradas. Primero fue Meirama y ahora toca el turno para As Pontes. El fin del carbón no tiene de momento alternativa en Galicia. Otra cita obligada es Alcoa. Y por ese cauce corren lo urgente y lo importante, como un torrente, a la vez. Un Núñez Feijóo en funciones se tendrá que emplear, una vez que la multinacional mueve ficha y se abre a la venta de la planta. Inversores hay, dijo en campaña. Pero el de la transformación industrial es un reto que no se resuelve en una sentada, al contrario que el comprador para el aluminio de San Cibrao.

La relación con Madrid parece clave para despejar el futuro de los grandes consumidores electrointensivos asentados en Galicia. Cinco mil empleos en juego. Y también resulta determinante para negociar el uso de los márgenes de endeudamiento que tiene Galicia, unos seis puntos de PIB por debajo de la media nacional, que se traducen en un margen extra de 3.000 millones.

Y con o sin Covid-19, todos los retos se pueden resumir en uno: volver a tasas de desempleo previas a la crisis de 2008.

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