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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Reconversión sin salida

Las crisis de Alcoa, Ence, Endesa y Naturgy tienen algo en común: no hay alternativas sólidas

Por qué lo llaman transición justa cuando realmente quieren decir reconversión brusca? Al menos, por ahora. La Galicia industrial, diseñada al abrigo de los Planes de Desarrollo, levantada en el tardofranquismo, vinculada en su día al sector público y en los noventa privatizada, se asoma en estos momentos a lo más parecido a un precipicio. Caída libre para industrias que condicionan sectores productivos y alimentan comarcas enteras. Por extraño que pueda parecer a simple vista, las crisis de Alcoa en A Mariña, Ence en Pontevedra, Endesa en As Pontes y Naturgy en Meirama tienen algo en común: no existe en estos momentos una alternativa sólida y viable que garantice el futuro de miles de empleos vinculados hasta ahora a esas empresas.

Esta misma semana, Núñez Feijóo apuntó que "en estos momentos unos 16.000 puestos de trabajo" están cuestionados en Galicia por "decisiones del Gobierno central". Los números pueden encajar si hacemos cuentas, pero en gran medida y con las lógicas salvedades la responsabilidad del cierre de una fábrica es, en primer lugar, de sus propietarios. Hay elementos exógenos, es indudable, sea la Ley de Cambio Climático o una sentencia judicial, caso de Ence; los costes energéticos, véase Alcoa, o el fin del carbón, con Endesa y Naturgy como referencias. Pero con la excepción de las decisiones de los tribunales, por ejemplo la Audiencia Nacional, esas externalidades son iguales para todos. Es decir, representan un contratiempo, con mayor o menor intensidad, para más empresas del mismo sector o análoga ubicación. En unos casos, el futuro pasa por un comprador que no acaba de llegar, como sucede con Alcoa y la Sepi. En otros, los planes alternativos no pasan del power point más o menos armado, como el hidrógeno para As Pontes, inviable sin nada menos que 600 megavatios de potencia eólica, que es lo que pide Endesa para ejecutar el proyecto.

Las crisis de estas compañías también tienen otro denominador común: para buscar alternativas o repartirse culpas y responsabilidades, en función del caso, se suele montar una mesa de negociación a varias bandas, generalmente cuatro: empresa, sindicatos, Xunta y Gobierno, sea el ministerio Industria o Transición Ecológica.

Sobre este decorado de fondo, esta semana emerge el caso de Ence en Pontevedra, con la compañía aceptando a regañadientes, pero por primera vez, la valoración de su eventual traslado. Eso sí, con un informe de la consultora IDOM en la mano aludiendo a su inviabilidad técnica y económica, como el que mostró Ignacio de Colmenares, el presidente, en la reunión del jueves con la vicepresidenta Teresa Ribera. Cuando por responsabilidad Ence aceptó valorar el eventual traslado, la reunión se había terminado para el alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, pero suponía un lío, en este caso por su contrariedad, para la Xunta, ya que el vicepresidente Francisco Conde seguía la pauta de apostar por Ence en Lourizán. Sin embargo, algo se ha movido. El traslado ya no es un anatema.

Es cierto que no se puede trasladar una fábrica: se cierra una y, antes, se levanta otra. Y no lo es menos que una planta no se puede clausurar sin que su alternativa esté operativa. Pero hay una espita por la que se puede abrir una alternativa a Lourizán. Lo saben tanto Teresa Ribera como Núñez Feijóo y Francisco Conde. Son los fondos europeos. Y lejos, muy a lo lejos, está la planta de fibras textiles, a partir de celulosa, uno de los proyectos tractores de la Xunta a la que se ha invitado a participar a la propia compañía pastera. Por recurso, en Galicia caben dos Ence. Lo dice Feijóo mirando a Madrid y a esos fondos.

Reconversiones, de momento, sin salidas. Como tampoco las tiene ahora mismo Alcoa en San Cibrao con su planta de aluminio primario. Prácticamente nada se ha movido desde hace quince días en las negociaciones, y por mucho que diga la multinacional, sus exigencias ahora en cuanto a la indemnidad frente a futuras responsabilidades tras una eventual venta van mucho más allá de las planteadas en la anterior negociación, que por cierto acabó sobre la bocina. Puede ser el caso ahora.

Lo más triste de todo es que tanto si hablamos del papel como del aluminio, lo hacemos implícitamente de economía circular. Son los dos sustitutos indiscutibles del plástico. Dos productos de futuro, reciclables. Pero, claro, ahora no toca eso.

Nadia Calviño: despidos en la banca y cabreo de la vicepresidenta


Nadie duda a estas alturas que la vicepresidenta económica hace más que habla. Por ejemplo, Nadia Calviño fue una de las protagonistas en la sombra, entre bastidores, de la absorción de Bankia por Caixabank. Representaba el anclaje con La Moncloa en la conformación de un banco que todavía tiene capital público, heredado de la intervención de la extinta caja madrileña. Por eso no extraña el cabreo que ha mostrado ante el formidable ERE que va a acometer el banco fusionado. El tiempo dirá si su posterior enfado por los sueldos de los ejecutivos de banca es simple postureo para justificar su propio salario o una regañina de verdad. Porque la vicepresidenta tiene armas para impedir esos excesos.

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Santiago Lago: el director del Foro Económico se multiplica


El catedrático Santiago Lago Peñas, que está al frente del Departamento de Economía Aplicada de la Universidade de Vigo, brilla en este 2021. En marzo fue nombrado miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (Racef). Semanas después era elegido para el Comité de Expertos del Ministerio de Hacienda que debe analizar el sistema fiscal para mejorar su eficiencia. Lago forma parte de un grupo que deberá elaborar el denominado el Libro Blanco sobre la reforma tributaria. Para rematar, la presentación de su último libro, 40 años de descentralización en España (1978-2018), una reflexión en positivo, que falta hace. Lo dicho. El director del Foro Económico de Galicia no para. 

Santiago Lago (Vigo, 1971)

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