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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Otro modelo para Galicia

La economía crece al fin por encima del 2%, pero sustentada por el tirón de la construcción

A cuestión ya no reside en el qué ni en el cuándo, sino en el cómo. Galicia enfila la recuperación con un crecimiento sostenido, a pasos muy cortos, sigue por debajo de la medida nacional y a gran distancia de las comunidades del pelotón de cabeza.

Nada nuevo bajo un sol entre nubarrones frente a una economía, la española, que crece al 3,4% y vuelve a niveles precrisis. El PIB gallego, mucho más modesto, está avanzando al 2,1% en tasas interanuales. Son seis trimestres consecutivos mejorando, frente a un 2014 que acabó plano. Velocidad de crucero, pues, pero con un motor al que le faltan caballos. Es cierto que se cumplirán las previsiones, firmadas por la Xunta en los presupuestos de este mismo año, y que apuntaban con mucho tiento a un 2% de incremento del PIB para el cierre de este 2015. El error aquí está en la complacencia.

A estas alturas, cualquier previsión realizada hace nada ha quedado sobrepasada, y conviene tenerlo en cuenta. El ministro Cristóbal Montoro, cuando elaboró las cuentas de este año, fijó un crecimiento del 2% para el PIB español, y estamos en el citado 3,4%. ¿Y el rumbo de Galicia? ¿Es el correcto?

A decir por los datos publicados esta semana por el Instituto Galego de Estatística (IGE), el sector de la construcción se está erigiendo este año como palanca indiscutible de la salida de la crisis. Y aquí llega el cómo. El ladrillo en Galicia, con un alza acumulado del 5% hasta septiembre, crece más del doble que los servicios (1,8%), el sector que mejor había aguantado los años duros, y sobre todo el 2014. La construcción avanza muy por encima de la industria (un 2,8%) y crece a años luz de la agricultura, ganadería y pesca (1,6%), precisamente el sector que tuvo el mejor comportamiento en 2014 y enfila este año un declive preocupante. ¿Es este el modelo? ¿Debemos seguir el mismo camino?

Son muchos los que apuntan, desde distintos ámbitos, que ya no se trata de cambiar de modelo económico en esta salida de la crisis, sino de buscar otras pautas de crecimiento. Otros resortes. Otras referencias. En síntesis, modificar los segmentos sobre los que apuntalar el futuro, algo que insistentemente ponen sobre la mesa las cabezas mejor amuebladas de los laboratorios de ideas, pero que sigue cociéndose a fuego demasiado lento en la Consellería de Facenda, a través de la elaboración del Plan Estratéxico 2015-2020. Y esa hoja de ruta será determinante, mucho más que unos presupuestos anuales, mera coyuntura, para marcar la pauta que nos debería alejar definitivamente de sectores como la construcción como motor del PIB.

Los gallegos hemos tenido la oportunidad de escuchar esta misma semana a un sobrado Luis de Guindos asegurar que el “modelo de crecimiento ya ha cambiado, y se basa en la competitividad”. Con la mente puesta en la constante devaluación salarial de estos años, aunque sin citarla, resulta muy sencillo para el ministro de Economía hablar de nuevos modelos. Al margen de la caída de las rentas del trabajo, ese denominador común de los años de crisis, ¿se referiría de verdad Luis de Guindos a Galicia?

La economía gallega no necesita un nuevo modelo. Lo pide a gritos. Somos la despensa de España y lo podemos ser de Europa. La agroalimentación y las energías renovables son quizá los sectores que más han sufrido estos años los cambios regulatorios (fin a las primas para la energía renovable, fin a las cuotas lácteas, por poner dos ejemplos), pero son dos palancas indiscutibles de futuro, y sobre las que Galicia tiene mucho qué decir.

El propio análisis DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) incluido en el borrador del Plan Estratéxico lo deja muy claro, abundando en otros frentes: biotecnología, logística y transporte en todos sus ámbitos, tecnologías de la información, servicios personales al ciudadano, medioambiente... Nada de ladrillo. Un cambio de modelo exige un cambio de cultura, en cierta medida. El tamaño de las empresas, por ejemplo. Seis de cada diez sociedades gallegas no posee asalariados, y solo unas 200 cuentan con más de 250 trabajadores.

Tenemos una gran capacidad exportadora, pero limitada a grupos y sectores concretos: son 2.000 las empresas gallegas que, regularmente, año tras año, tienen la exportación como vía de negocio. Y el I+D , a la vista de los datos, resta en vez de sumar... Galicia es marítima y es agraria, porque es costera e interior. Y ese maridaje puede ser clave de éxito. Para conjugar todo ello hace falta inversión. Y un dato apunta en la buena dirección: en el tercer trimestre, las inversiones crecieron en Galicia un 6,5%, inédito desde el arranque de 2007. Son ya registros precrisis. Al fin algo de luz.


Abengoa, su crisis y el precedente gallego

Una de las grandes ha caído. Abengoa, entre los selectivos valores del Ibex-35, comienza una travesía en el desierto del preconcurso de acreedores. No es el final. Solo el principo. Lo sabemos muy bien en Galicia. Ahora que casi todos miran para otro lado, entre ellos el ministro José Manuel Soria, tan en su papel, es el momento de comenzar a buscar soluciones.

Como se hizo en Galicia, por ejemplo, con Pescanova. También parecía demasiado grande para caer la multinacional gallega. Y, más que eso, fue un modelo de negocio en gran medida viable lo que permitió su salvación. Lo saben muy bien los bancos, dueños de la compañía viguesa, con el financiero Jacobo González Robatto al frente.
¿Alguien daba un duro por Pescanova cuando hace justo dos años y medio presentaba preconcurso de acreedores? Y en el momento en que estalló el escándalo que se llevó por delante a su presidente, ¿alguien creía en la salvación de la empresa? Pues ahí está Pescanova, más pequeña, sí, pero saneada y con otros capitanes al timón. Con las pertinentes diferencias, Abengoa es una histórica, una compañía muy diversificada internacionalmente, con una estrategia definida y que opera dentro de sectores en alza, como el medio ambiente y la energía. El pecado, una deuda brutal con la banca.

Muchas similitudes entre el grupo andaluz y la multinacional pesquera gallega. El preconcurso no es más que una maniobra defensiva, un intento por ganar tiempo. Si las cosas se tuercen, será la banca la encargada de no dejarla caer, capitalizando deuda, siempre en el supuesto de que vea negocio, claro. Como en Pescanova.

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