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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El negocio de las vacunas

Europa calla mientras EE UU se suma al debate para liberar las patentes farmacéuticas

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Coinciden banqueros y ministros. Siempre el mismo mensaje. En estos momentos la mejor política económica posible es la vacuna contra el covid-19 y su ritmo de aplicación. Que llegue a todos y en el menor tiempo posible. Lo que no dicen, aunque lo piensen, es que con esa afirmación trasladan de golpe el mando de esa política económica ante la pandemia a los consejos de administración de un puñado de multinacionales farmacéuticas. Ergo, ya no decide en esta crisis nuestra clase política, sea española o europea, lo hacen unos ejecutivos muy bien remunerados.

Esta es la triste historia que se esconde detrás del loco y atropellado proceso de vacunación al que asistimos actualmente. Astra- Zeneca, Pfizer, Moderna o Janssen, esta última en manos de Johnson & Johnson, que igual comercializa una vacuna que colonia para bebés o protegeslips (Carefree, sin ir más lejos)... El desvelo de cualquier mortal en estos momentos consiste en saber a qué franja de población por edad corresponde cada vacuna y en qué consistirán los efectos secundarios. Poco más. La sociedad europea ha aparcado un debate que en otros países comienza a tomarse en serio, como en Estados Unidos, quién lo iba a decir, y que otros como India o Sudáfrica llevan reclamando meses. Y es la suspensión temporal de las patentes de las vacunas contra el covid.

Anatema para cualquier economista ortodoxo, liberar una patente farmacéutica, que por lo general tiene un período de vida máximo de unos veinte años, enfrenta a dos clubs multilaterales en estos momentos. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), es ahora o nunca. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, sostiene que «es el momento de usar todas las herramientas que tengamos para poder aumentar la producción, lo que incluye la transferencia de licencias y la exención de los derechos de propiedad intelectual». Frente a esta tesis, la de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que debate el asunto con mala cara pero advierte que la defensa de la propiedad intelectual es indispensable y lo que ha permitido precisamente que se hayan desarrollado varias vacunas en apenas un año. Las farmacéuticas, según la doctrina al uso, requieren de incentivos para destinar recursos a I+D, y eso se lo garantizan precisamente las patentes. Pero ese blindaje para la comercialización generalizada de las vacunas aporta algo más: millonarios beneficios.

Veamos el caso de AstraZeneca, por la controversia generada. La farmacéutica anglo-sueca elevó un 159% su beneficio el año del covid, situándolo en 2.592 millones de euros, y un 9% su facturación, que rozó los 22.000 millones. Su consejero delegado, Pascal Soriot, percibió casi 18 millones de euros en 2020 y su salario se aproximará a los 20 millones anuales en los próximos ejercicios si no cambia el plan de incentivos que la compañía tiene en marcha. Para situarnos, esa cifra que cobra el jefe de AstraZeneca, los 20 millones, supone prácticamente multiplicar por cuatro el salario del presidente de la empresa de mayor capitalización bursátil de España, que es Inditex. Pablo Isla percibió el año pasado, entre fijo y variable, unos 5,8 millones.

Por tanto, ya queda claro que las patentes de las vacunas no solo sirven para reforzar los laboratorios de las farmacéuticas y sus investigaciones, los consabidos incentivos, sino también para engordar los bolsillos de sus ejecutivos. Esos resultados también refuerzan vía dividendos la caja de sus propietarios, en el caso de AstraZeneca fondos de inversión y bancos como BlackRock, dueño de medio Ibex 35, o Goldman Sachs.

¿Cuánto ha pagado la UE por los acuerdos de las vacunas y qué cláusulas se han firmado? Bajo siete llaves se guarda la respuesta a todo esto. Liberar una patente, en resumidas cuentas, conlleva una expropiación, y por tanto una indemnización al afectado, que en el caso de las vacunas podría ser multimillonaria. ¿Y acaso no lo es el coste económico de esta crisis? El 16% de la población mundial acapara el 60% de las vacunas que se han comprado hasta ahora. Son datos de la Universidad de Duke, en EE.UU. ¿A qué esperamos? Liberar las patentes es un derecho reconocido bajo determinadas circunstancias (emergencias, desabastecimientos...) en la Declaración de Doha, en 2011, tras la pandemia del sida. Es ahora o nunca.

Álvaro Dorado. Un blindaje en la venta de Alcoa que habrá que negociar

Mandan los abogados en la compra de la planta de aluminio de Alcoa en San Cibrao. Y las cláusulas en los contratos. Nada de errores como los que se derivaron de la venta de A Coruña y Avilés, que se dirimen actualmente en la Audiencia Nacional, con imputación a la multinacional incluida. Álvaro Dorado, el presidente y negociador en España, tiene sus razones, pero no son solo los trabajadores quienes exponen sus reticencias ante la indemnidad total que pide Alcoa en la venta a la Sepi. Tanto la Xunta como el propio Ministerio de Industria ven inasumible ese blindaje ante reclamaciones y demandas futuras, inédito hasta ahora en las negociaciones con esa posición de máximos. El reloj sigue corriendo.

Juan Carlos Escotet. Las compras de Abanca suman 20.000 millones 

EL salto llegó en diciembre de 2013 con la compra de Novagalicia, pero Juan Carlos Escotet ya lo había intentado con el Banco Gallego desde el Etcheverría, su plataforma en España. Desde entonces, un crecimiento inorgánico, que dicen los que entienden, de unos 20.000 millones de euros entre créditos y depósitos (además de lo que está fuera de balance) es lo que ha engullido el banquero venezolano a través de seis operaciones de absorción de red. Una media de una al año desde que llegó. Ahora es la red española de Novo Banco, pero hace nada fue el vasco Bankoa. Deutsche Bank en Portugal, Caixa Geral en España... Escotet está mucho más cerca de conformar un gran banco ibérico desde Galicia.

El negocio de las vacunas