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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Mucha energía y poca luz

Los apagones obligan a la urgente revisión de la política de inversiones de las eléctricas

ESTA VEZ sí. La metáfora (mucha energía y poca luz) se ha hecho realidad a golpe de apagón. No ha hecho falta mucho: un temporal de cuatro días, de una intensidad conocida por estas latitudes, es decir, como cualquier otro invierno duro. Galicia se ha quedado a dos velas tras una singular ola de frío, esto sí que no es usual, con unos precios de la electricidad disparados. Todo ello ha puesto todavía más en la diana a las eléctricas, que tienen en esta comunidad un particular y jugoso mercado de generación, no así de consumo. Y aquí reside quizá una de las explicaciones a tanta indiferencia. Los presidentes de las compañías, caso de Ignacio Sánchez Galán, con Iberdrola, se dejan caer por la Cuenca del Sil para inaugurar saltos hidráulicos que generarán una electricidad que será evacuada a la Meseta o a Portugal, como lo hizo hace una par de semanas, pero apenas se habrá inmutado por las quejas de los usuarios de la compañía en Galicia, que los tiene. Para algo está el servicio de atención al cliente (el de Iberdrola y los de todas las distribuidoras y comercializadoras que operan en Galicia), estas semanas tan colapsado como la propia red. La historia de la energía en esta comunidad es como la de los propios contadores de la luz, tiene periódicas lecturas.

Para empezar, el rol de las eléctricas en esta crisis. Llama sobremanera la atención el silencio de las compañías, comenzando por Unión Fenosa, ahora en manos de Gas Natural, que es líder indiscutible, con un millón y medio de clientes. Tarde, mal y a rastras explica su versión. Y es verdad que la dispersión geográfica en Galicia es un problema añadido en este sector, el eléctrico. Como lo es para el transporte de viajeros, por ejemplo, y no por ello se le echa la culpa en primer lugar a la orografía cuando se produce un accidente de tráfico.


El silencio que guardan las eléctricas ante los apagones en Galicia se rompe a golpe de recurso contencioso


En estas semanas de crudo temporal también se han caído líneas de alta tensión. Y tampoco habla su titular, su propietario y gestor, que no es otro que Red Eléctrica. Sí, la compañía que acaba de fichar al exdirector de la Guardia Civil, el ferrolano Arsenio Fernández de Mesa. Red Eléctrica, refugio de expolíticos y controlada por el Estado, debe dar alguna explicación en estos días, y dejar de preocuparse tanto, como suele hacer, por las líneas de evacuación a la Meseta, procedan de parques eólicos, saltos hidráulicos o centrales de ciclo combinado, que emplean gas para producir electricidad. Los silencios, a veces, son elocuentes.

Hace bien la Xunta en abrir expedientes informativos a las distribuidoras. Es lo mínimo. Saber por qué pasó lo que pasó. Pero no estaría mal echar la mirada atrás, y revisar la política de inversiones de unos y otros en el mantenimiento de las redes de alta y media tensión durante estos últimos años. Es un balance tan obligado como urgente, porque será muy revelador. Los conocidos como índices de tiempo de interrupción equivalente de potencia instalada en media tensión, en su acrónimo TIEPI, que miden la calidad del suministro, arrojan alarmantes incrementos en Galicia en los últimos años. Miden, básicamente, la duración de las interrupciones a lo largo de un año, y en el caso gallego (la referencia es Unión Fenosa) prácticamente duplican la media nacional y han ido a más durante los últimos años.

El silencio que guardan las eléctricas ante los apagones en Galicia, que se suma al ninguneo practicado durante la crisis de precios de enero por la ola de frío, se rompe a golpe de recurso contencioso. Nada menos que Endesa, Iberdrola, Gas Natural y la portuguesa EDP, los grandes actores, acaban de presentar en el Tribunal Supremo recursos contra el decreto de Industria del pasado mes de noviembre que modifica la metodología del cálculo de los precios para el pequeño consumidor y su régimen de contratación. Su objetivo no es otro que los precios voluntarios para el pequeño consumidor, lo que en el sector se conoce como PVPC, que vino a sustituir a la tarifa de último recurso. Bajo lo que se entiende como mercado regulado, en España se acogen a esta tarifa unos 12 millones de clientes, algo más del 46% del total de consumidores. Ese es el lenguaje de las grandes eléctricas en este país.

Galicia asiste una vez más a un atropello en forma de apagones. Y la solución no pasa por una tarifa propia, como se ha defendido en el Parlamento estos días. La clave, para poner orden de una vez, tampoco reside en exclusiva en la simple apertura de expedientes informativos para comprobar si se actuó correctamente en las averías. La exigencia de inversiones en la red, previa auditoría de las supuestamente realizadas estos años de crisis, es el camino más rápido para que medio millón de gallegos no se vuelvan a quedar sin luz a causa de un temporal.

Otra propuesta para la crisis demográfica

A veces, en la provocación reside la fórmula para agitar el debate. Si, además, debajo de la epidermis de ese estímulo se encierran propuestas con cierto sentido, pues nos encontramos en la antesala de una alternativa por construir. Es el caso del último informe del Foro Económico de Galicia, que versa sobre envejecimiento demográfico, acceso a servicios básicos y reordenación territorial.

Parten sus autores de una propuesta a priori arriesgada: frenar el declive poblacional desde la Galicia atlántica, lo que ellos consideran ese eje conformado por siete ciudades y algo más de un centenar de ayuntamientos que constituyen lo que se entiende por la Galicia generadora de riqueza. Para los autores, no es mayor el declive demográfico de la montaña lucense que el de la Costa de Morte.

Partiendo de esta premisa, insisten en algo en lo que muchos han caído pero pocos argumentado: ni el rural tiene futuro sin un cordón urbano que lo apoye, ni el envejecimiento se va a frenar sin el dinamismo del Eje Atlántico. Por tanto, su desarrollo, para los autores, no va de la mano del abandono de la Galicia interior. Ni mucho menos. ¿Y qué sucede con el resto? ¿Con las tres cuartas partes del territorio? El informe sitúa a la Galicia central como el sostén del equilibrio territorial.

Para que ejerza este papel es necesario consolidar los denominados nodos, núcleos económicos y de población que puedan extender su radio de acción a núcleos vecinos. Y ahí entra en juego el papel de las cabeceras de comarca. Pero el objetivo, dicen, es crear unidades de mercado y servicios. Y la principal necesidad es, antes que las carreteras, el empleo.

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