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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Madrid, un poco más lejos

El nuevo Gobierno debe despejar cuáles son sus prioridades reales y proyectos para Galicia

LA MATERIA, como dicen los libros de texto, se presenta en tres estados: sólido, líquido y gaseoso. Por las condiciones existentes en la superficie terrestre, solamente algunas sustancias pueden hallarse de modo natural en los tres estados, como es el caso del agua. Desde esta semana, en los aledaños de La Moncloa conviven ministros que alternan dos de las formas de agregación de la materia, la sólida y la gaseosa. Parece una evidencia. Ministros sólidos vendrían a ser Carmen Calvo (Vicepresidencia), Josep Borrell (Asuntos Exteriores), Nadia Calviño (Economía y Empresa) o José Luis Ábalos (Fomento). Del lado de los gaseosos, a priori, tenemos a Màxim Huerta (Cultura y Deporte) y Pedro Duque (Ciencia, Innovación y Universidades), por ejemplo. ¿Y sobre la corteza terrestre gallega? ¿En qué estado se presentarán los nuevos ministros?

636640631677646006wAl margen de esa gran operación de márketing político digna de estudio que es la composición del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, lo cierto es que Madrid está desde esta semana un poco más lejos para Galicia. Y esto es lo realmente determinante. La "agenda gallega", por paralelismos con las siempre atendidas reclamaciones del País Vasco en Madrid, forma parte de un imaginario colectivo cada vez más difuso.

No hay ministros gallegos, si se entiende por ello a algún miembro del equipo de Pedro Sánchez que vele por los intereses de su tierra

Bien haríamos en descontar de la cuota autonómica de ministros a la coruñesa Nadia Calviño, que lo es de cuna y nada más.  Algunos veranos en familia en la costa de Oleiros y punto. No hay ministros gallegos, si se entiende por ello a algún miembro del equipo de Pedro Sánchez que vele por los intereses de su tierra, como suele se habitual en ese juego de equilibrios, ideológicos y territoriales, que es la composición de un Gobierno. ¿Cuáles son las prioridades, sobre todo en el ámbito económico, que debe atender en Galicia cada ministro y cuál es su punto de partida? Veamos.

Por lógico orden de magnitud de los retos, es un lugar común que los proyectos de la cartera de Fomento son ahora una prioridad. José Luis Ábalos, su titular, fontanero del PSOE antes que puntal de Pedro Sánchez en la recuperación de la secretaría general, tiene deberes lejos de su tierra, que es Valencia. De él dependerá el dudoso cumplimiento, o la socorrida revisión, de los plazos de la llegada del AVE a Galicia. Haría bien en aclarar cuanto antes Ábalos si todo esto de la llegada del AVE en pruebas en 2019, como planteó por activa y pasiva su antecesor, Íñigo de la Serna, es humo o una previsión real. Certidumbre, además, hará falta para concretar la transferencia de la titularidad de la Autopista del Atlántico, también de su negociado, una reclamación realizada por todos los grupos parlamentarios. Alambicado proceso semeja, sin embargo, esta aspiración.

Por tierra, mar y aire. Una vez que se ha concretado la inclusión tardía de Galicia en el corredor atlántico ferroviario de mercancías, es la coordinación aeroportuaria, un anatema para algunos grandes concellos, otro asunto que debe abordar Ábalos. Y lo debe hacer con la Xunta. Autovías como la de Lugo-Ourense y la de Lugo-Santiago, por ejemplo, deben recibir lo presupuestado y comprometido, sin retrasos que se enquisten en el tiempo. Poner en valor la fachada atlántica, con cinco puertos de interés general, es otra de sus obligaciones.

El sector gallego de las energías renovables, una decidida apuesta de la Xunta, parece observar un giro radical en la política energética del nuevo Gobierno

Mirando a los intereses gallegos, también habrá que estar muy atentos a los movimientos de la nueva titular de Hacienda. María Jesús Montero deberá retomar la revisión del modelo de financiación autonómica, una tarea muy complicada por la aritmética parlamentaria y el conflicto catalán, pero decisiva para Galicia. Las tesis que defendía la ministra de Hacienda cuando ocupaba las mismas funciones en el Gobierno andaluz y se sentaba en el Consejo de Política Fiscal y Financiera no eran precisamente del agrado del conselleiro de Facenda. Problema a la vista.

No todo son nubarrones en el horizonte. El sector gallego de las energías renovables, una decidida apuesta de la Xunta, parece observar un giro radical en la política energética del nuevo Gobierno. Y es para bien. De ello se encargará la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que a buen seguro hará valer su activismo en la lucha contra el cambio climático. De seriedad y rigor también viene precedido el nuevo titular de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, que tendrá que bregar con la reforma de la PAC en Bruselas.

Y como epílogo de todo este nuevo escenario, dos preguntas que pasan por metáfora: ¿Por qué luchará con más ahínco el ministro de Fomento, el valenciano Ábalos? ¿Por el dichoso Corredor Mediterráneo o por el incipiente Corredor Atlántico? Al tiempo. 

Triste aniversario de la caída del Popular


Un año de la caída del Banco Popular y su filial el Pastor y todo sigue en el aire. O casi todo. El Santander, con esa resolución exprés, y con su habitual rapidez para encarar los problemas, ha insuflado cierto sosiego a una plantilla que afronta EREs como quien va a la oficina cada mañana. Ha optado también por la desaparición de la marca, que se producirá en junio de 2019 y que, visto lo visto, es casi lo mejor: que el Popular integre la historia financiera de las crisis bancarias de este país y a correr. Pero lo de menos en esta pesadilla es la pompa y el oropel que rodean a las marcas bancarias, cuando lo cierto es que es la propia entidad presidida por Ana Patricia Botín, la banquera que bendice ministros de Economía desde el móvil, tiene que responder en los juzgados de la crisis del Popular. De momento, aportando documentación a un Tribunal Federal de Nueva York.

Los accionistas de referencia, entre ellos un grupo mexicano, han amenazado nada menos con demandar a España en las cortes de arbitraje, con lo que el conflicto, además de alargarse, se puede internacionalizar. Faltan explicaciones y no sobran precisamente demandas, como las planteadas por cientos, miles de accionistas minoritarios que acudieron a ese mal sueño que fue la última ampliación de capital del banco.

Entre esas explicaciones, la propia Comisión Europea, a través de ese juego de siglas que esconde la Junta Única de Resolución, y los informes que aludían a problemas de liquidez, y no de solvencia, del Popular. En este caso, muerto el banco no se ha acabado la rabia. Y promete continuar, para consuelo de miles de accionistas. RIP.
 

Madrid, un poco más lejos
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