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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Lenta agonía en el Popular

Con desplome bursátil incluido, solo dos salidas quedan para el banco: venta o rescate

LA HISTORIA reciente y Pedro Solbes nos han enseñado que la peseta, la vieja peseta, se devaluaba siempre en sábado y que los bancos se intervenían en días festivos. Con los mercados cerrados, en cualquier caso. E incluso a horas intempestivas. Lejos de los focos. Por ello, y por las inquietantes palabras del ministro portavoz, todo cabe ya en la crisis del Banco Popular, propietario del Pastor.Fue Íñigo Méndez de Vigo, y no Luis de Guindos, el encargado de poner ayer la amarga guinda a una crisis bursátil sin precedentes en la entidad, al transmitir "tranquilidad absoluta" ante "cualquier eventualidad" en el banco presidido por Emilio Saracho. "Cualquier eventualidad" era la gasolina que a mediodía le hacía falta al valor, en llamas en el parqué con caídas de casi el 40% acumuladas en toda esta particular semana negra.

La autoridad bursátil, la CNMV, que en otro tiempo activaba suspensiones de cotización cuando un valor caída por debajo del 15%, en gran medida para despejar incertidumbres, ganar tiempo y proteger al pequeño accionista, ha optado esta vez por dejar al Popular en caída libre. El quinto banco de España por créditos y depósitos cuando en 2011 anuncia la absorción del Pastor es hoy en día una caricatura de lo que fue hace nada. Su capitalización, es decir, su valor en Bolsa, cae hasta poco más de 1.700 millones de euros, cuando en 2014 rondaba los 9.000 millones. Entonces se encontraba en plena digestión de activos tóxicos, previa renuncia a traspasar el ladrillo problemático al banco malo (sector público) y cuando todavía las ampliaciones de capital representaban un alivio para su entonces presidente, el compostelano Ángel Ron.


Si finalmente acaba todo en rescate, en siete años habremos asistido a la práctica nacionalización de todo el sistema financiero gallego


Agotadas las vías, sobre todo la de una ampliación de capital que en el mercado nadie cree factible ya, la opción de la venta cobró fuerza en las últimas semanas, con pocos candidatos, para esfumarse después, y ahora se abre paso entre rumores un rescate light, auspiciado por Bruselas, al estilo de las recapitalizaciones preventivas con fondos públicos que ha logrado Italia para sus referentes bancarios, con el Mote Dei Paschi como protagonista. Pese a todo, descalabro bursátil incluido, la venta a uno de los grandes sigue conformando la hoja de ruta inmediata. Y parece ser cosa de dos. El Santander, el único gran banco que no absorbió ninguna entidad rescatada durante la crisis, guarda silencio mientras Bankia, alentada en parte por el propio Ejecutivo de Mariano Rajoy, gana enteros para lo que sería una nacionalización encubierta del Popular si finalmente cierra la compra. Por la sencilla razón de que, ya cotizada, el Estado todavía retiene un 66% del capital de Bankia y toma las decisiones estratégicas.

¿Cómo es posible que una entidad como el Popular, que ha pasado prácticamente todos los test de estrés de Bruselas con aprobado, llegue a esta situación? Cabría pensar que todo ello dice mucho del rigor del mecanismo único de supervisión bancaria europea que ahora monitoriza al Popular. Pero lo cierto es que la última prueba se realizó en 2016, con datos correspondientes a 2015. Una eternidad desde entonces. El deterioro del banco va mucho más allá de su pérdida de valor y credibilidad. Un ejemplo. Solo este año, en tres meses (enero-marzo) ha perdido 4.000 millones en depósitos, un 5%. Desde marzo de 2016, en un año, unos 10.000 millones.

Sea cual sea el desenlace de esta agonía, que llegará pronto, la desventura del Popular permite extraer algunas conclusiones. Entre ellas, que la crisis financiera en España no se ceñía exclusivamente a las cajas de ahorro, estigmatizadas desde el minuto uno. El discurso de una crisis, la de las cajas, propiciada por la injerencia política en su seno se desvanece si observamos el trance del Popular.

Galicia resulta especialmente golpeada. El Popular absorbió en 2012 al Pastor, que contaba entonces con 4.100 empleados. Hoy en día, entre ambos bancos no superan el millar de trabajadores en Galicia. Eso lo dice todo. ¿Y los accionistas? Pues la Fundación Barrié, que obtuvo una participación del 7,8% en el Popular a cambio del Pastor, ha visto diluirse hasta no más del 1,5% su peso accionarial en el banco de Saracho. Si en 2012 ese 7,8% valía unos 450 millones, ahora el 1,5% del Popular, a cierre de la cotización de ayer, no pasa de los 26 millones. Si finalmente acaba todo en rescate, con plan de salvamento público encubierto o no, en siete años habremos asistido a la práctica nacionalización de todo el sistema financiero gallego, aunque es cierto que también ha habido tiempo para dos reprivatizaciones. Caixa Galicia, Caixanova, Banco Gallego y, ahora, la "eventualidad" del Popular-Pastor. Un ciclo que se cierra.

Inditex y el debate sobre el suelo industrial
Un pequeño paso para Inditex y un gran salto para Galicia. Así se podría resumir la decisión del grupo textil de adquirir 21,8 hectáreas de suelo en A Laracha para levantar un centro logístico con el objetivo de abastecer a las fábricas de Arteixo y Ferrol. Además de representar una apuesta por Galicia en tiempos de intensas deslocalizaciones al norte de Portugal, con la adquisición de esos terrenos el grupo de Amancio Ortega agita sin querer un debate siempre presente en la estructura productiva gallega: el suelo industrial, sus precios y la hiperinflación de polígonos repartidos por aquí y por allá.

¿Es para tanto comprar 21,8 hectáreas de suelo industrial en estos tiempos? Pues el pequeño paso de Inditex supone adquirir de golpe más suelo que todo el comercializado por Xestur el año pasado, que se quedó en 19,5 hectáreas. Aunque el gran año del instrumento de la Xunta que sirve para comercializar suelo industrial fue el 2015, conviene buscar otras referencias para situar la operación. Si tenemos en cuenta que actualmente la totalidad del suelo industiral en venta en Galicia ronda las 420 hectáreas, según los datos más actualizados, la adquisición de esos terrenos equivale a cerca del 5% de toda la superficie industrial en venta. En una sola firma notarial. El contraste es revelador y dice mucho del raquitismo empresarial gallego.

Inditex da vida allá donde va. Un ejemplo: el aeropuerto de Zaragoza, que vive del gran centro logístico del grupo textil en la plataforma Plaza, se ha convertido en el tercero de España por tráfico de mercancías, por detrás de Madrid y Barcelona. Hacen falta más motores para el suelo gallego.

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