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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El ladrillo vuelve a hervir

La construcción crece ya más que durante la burbuja, y en Galicia crea empleo con fuerza

COMO LA crítica a los gobiernos fragmentados y divididos, armados sobre una paleta multicolor, también hay sectores productivos a los que se les puede atribuir la nada edificante denominación de Frankenstein. Básicamente, dan pánico. Y al margen del relato del miedo y de las opciones que tiene ante sí Pedro Sánchez como nuevo presidente del Gobierno tras la moción de censura, si nos alejamos del ruedo político y nos atenemos a nuestra estructura productiva, ese sector al que podemos calificar de Frankenstein es sin duda el de la construcción, convertido en un auténtico anatema tras años de crisis.

Sin embargo, como los motores diésel, que van flojos en las cuestas arriba, pero van, frente al nervio de los de gasolina, el ladrillo ha vuelto. Lo ha hecho de forma bastante perceptible y constante en estos dos años de salida de la crisis. Con vigor. Y su contribución al crecimiento de la economía gallega es determinante en estos momentos. Los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (Ige), que confirman por primera vez en años que el producto interior bruto (PIB) gallego crece por encima de la media nacional (en concreto, una décima, hasta el 3,1% en tasa interanual), también ponen sobre el tapete del análisis el peso de la construcción como motor silencioso y permanente de ese crecimiento. Esta vez con permiso de la industria, el ladrillo crece un 3,5%, muy por encima del sector primario (agro, ganadería y pesca) y también de los servicios, que lo hacen a un ritmo del 2,3% en tasa interanual.

Si descomponemos esos datos del sector terciario, descubrimos que en este primer trimestre del año las actividades inmobiliarias también avanzan con fuerza, frente a la atonía de 2016 y 2017. Es otro síntoma, que se ve reforzado todavía más si se atiende a los nuevos empleos generados. Entre enero y abril se crearon en Galicia un total de 15.893 nuevos puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, según el Ige, con un crecimiento del 1,6% con respecto al primer trimestre de 2017. Pues bien, si en ese período el empleo en la industria creció un 4%, y en los servicios el ritmo de avance fue del 2,1%, en la construcción el incremento fue de nada menos que del 6,2%. Y, dentro del sector terciario, de nuevo emergen las actividades inmobiliarias, en las que las nuevas contrataciones aumentan otro 6,9%, un ritmo cuatro veces superior a la media. Al margen de la coyuntura trimestral, lo cierto es que la construcción viene aportando al PIB gallego, de forma constante, un plus adicional, que se vio claramente el año pasado, cuando su peso en el crecimiento de Galicia se duplicó, hasta situarse también en el 3,5%. El diésel no falla.

¿Y cuál es la foto fija del sector de la construcción antes y después de la crisis? La mutación ha sido de órdago. En 2008, justo cuando comienza a reventar la burbuja, el ladrillo tenía un peso del 11,2% en el PIB gallego. El año pasado era prácticamente la mitad, el 6,3%. La explicación razonable para ponderar los efectos de ese pinchazo debe establecerse por contraste; es decir, mirando a la evolución del sector a escala nacional. En los años previos a la crisis el peso de la construcción en España se situaba en el 20% del PIB, el casi el doble que en Galicia. La caída ha sido tan brusca que hoy alcanza, en el conjunto nacional, el 10,6%. Dicho de otro modo, el peso que tiene hoy la construcción en la economía española es el que tenía en Galicia antes del estallido de la burbuja. Nada que ver, pues.

Si atendemos a los datos del Instituto Nacional de Estadística, vemos que la construcción crece más actualmente que durante los años más locos de la burbuja. Hay que remontarse a 2001 para observar un incremento interanual del 6,2%, que es el alza que marcó en el primer trimestre la construcción a escala nacional. Las caídas, entre 2008 y 2014, marcaron tasas negativas superiores al 10% anual. Es por ello que todo este crecimiento que se observa, primero en la aportación al PIB y después ya en la creación de empleo en el sector, tiene mucho de corrección tras años de debacle. El ladrillo llegó a dar trabajo a 152.000 personas en Galicia durante los buenos años del boom inmobiliario. Hoy no llega a los 66.000 trabajadores, aunque como vemos el empleo comienza a recuperarse. También lo hacen las transacciones inmobiliarias. En 2017 aumentaron un 12,6%, el doble que un año antes. Y la concesión de hipotecas por parte de los bancos, tres cuartos de lo mismo. Ese Frankenstein en el que se ha convertido el ladrillo puede asomar otra burbuja, pero solo si miramos el escenario nacional. En Galicia, su recuperación tiene mucho más que ver con una normalización tras la tormenta de la recesión. Por ahora.

El ladrillo vuelve a hervir
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