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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La revolución de Inditex

 Todo gira hacia el entorno online para un grupo solo comparable en ventas a Nike o LVMH
 

Pablo Isla, presidente de Inditex. AEP
Pablo Isla, presidente de Inditex. AEP

PRIMERO FUE la batería de denuncias sobre las condiciones laborales de la red de proveedores en determinados países con economías en desarrollo. Después la crítica llegó por una arquitectura financiera internacional propia de grandes consorcios, que le permitía eludir (no evadir) el pago de impuestos bajo el paraguas de lo que eufemísticamente se denomina optimización fiscal. Más tarde, ya en plena crisis, el problema estaba en la contribución a la economía española, vía empleos o aportación tributaria, para una empresa que es global, líder mundial en su sector. Inditex, con Pablo Isla al frente, ha tenido que lidiar durante años con reproches que han obligado a la compañía a realizar inusuales movimientos y ejercicios de transparencia, lo que llevó, por ejemplo, a extremar sus auditorías sociales en determinados países, a reordendar su presencia en plazas ‘off shore’ o a desgranar sus cuentas con Hacienda hasta por tipos impositivos. Ahora, las dudas llegan por el propio modelo de la compañía de Amancio Ortega, en un nuevo entorno, el digital y el emergente comercio online, y son los mercados quienes aprietan a una empresa colocada en lo más alto de la capitalización bursátil española. Y Pablo Isla ha vuelto a sorprender, aprovechando, como suele, la presentación de resultados del año. Mensajes claritos.

El equipo de Isla quiso esta vez aplacar las dudas de raíz. El negocio online, secreto mejor guardado durante los últimos años, representa el 10% del total de la facturación, unos 2.533 millones sobre unos ingresos totales de 25.336 millones de euros. Está en la media de las grandes cadenas textiles que son sus rivales. Pero a Inditex no le basta con crecer, la clave está en el ritmo. Y las ventas online aumentaron el año pasado más de un 40%, frente al negocio en tienda, que avanzó un 9%. Es la primera vez en años que la facturación y los beneficios del gigante de Arteixo no crecen en dos dígitos, algo que los analistas descontaron esta vez, de ahí las grandes dudas en Bolsa.

Un elemento refuerza la idea del avance online frente al negocio tradicional. Y es una variable a la que Isla suele prestar especial atención. Las ventas en superficie comparable, que es la evolución de la facturación sin contar con los ingresos derivados de las nuevas aperturas, comparando las tiendas que llevan más de un año abiertas. Pues bien, en este apartado el crecimiento en 2017 fue del 5%, un dato que sin duda invita a la reflexión.

Inditex es una compañía hasta cierto punto previsible, que hasta presume de estar gestionada como una pequeña empresa familiar. Y todos los pasos que ha dado durante los últimos años apuntan a la combinación de soportes en cuanto a sus canales de distribución. De ahí, por ejemplo, que el ritmo de nuevas aperturas se frene ligeramente, con más cierres de tiendas que nunca, y que la superficie comercial sin embargo crezca, gracias a esas nuevas supertiendas denominadas ‘flagship’ (buques insignia). Todo cambia. El ritmo de creación de empleo, incluso, se ha moderado, por debajo de las diez mil nuevas contrataciones al año a las que tenía acostumbrada a la parroquia.

A los nombres propios entre los ‘pata negra’ del grupo ha llegado también el cambio. Carlos Crespo, que irrumpió en la dirección de Auditoría Interna cuando Pablo Isla se hace con la vicepresidencia en 2005, al salir José María Castellano de forma abrupta del grupo, se convierte de facto en el número dos de Inditex, y liderará la integración de plataformas. Lo suyo será la dirección general de Operaciones, un puesto hecho a la medida que tiene asignadas áreas como Sistemas, Logística y Transporte, Obras, Compras y Contrataciones, y Sostenibilidad, que ya cuentan con pesos pesados al frente. Ojo al movimiento.

El pasado reciente invita a conjugar la rivalidad de Inditex con nombres como H&M, GAP, Primark o Uniqlo. Por ventas, solo puede se comparada con Nike o LVMH. Sin embargo, en Arteixo están muy pendientes de los nuevos competidores, amenazas presentes en los canales online. Y entre esos rivales destacan firmas como las británicas Asos y Boohoo y la alemana Zalando. Las nuevas plataformas pasan de la fase de diseño a la venta del producto en entre dos y cuatro semanas, frente a las cinco semanas que dedica Zara en sus procesos.

Pablo Isla quiso lanzar un mensaje de sosiego al asegurar en la presentación de resultados que llevan varios años de cambio tranquilo. "En 2012 empezamos a trabajar para preparar la empresa para el futuro", explicó el presidente. Sin duda, es una revolución controlada milimétricamente. Zara y sus cadenas optan por cambiar de piel.

Las pensiones y la rebelión de los abuelos
Representa una cruel prueba de que la crisis, o al menos sus efectos, siguen entre nosotros. Que un Gobierno no pueda o no quiera actualizar las pensiones con respecto al IPC, cuando la inflación cerró el 2017 en el 1,1%, una vez corregido el dato, dice mucho del escaso margen de maniobra de las cuentas públicas. Es lo que hay o lo que parece. Por tanto, primera conclusión, nada de cantar el fin de la crisis a los cuatro vientos cuando no somos capaces de ajustar las pensiones al coste de la vida.

Y no hace falta para ello una nueva ley de presupuestos, como plantea Mariano Rajoy a la desesperada. Basta un decreto ley, siempre y cuando existan razones de interés general, como parece el caso. La agenda política se dicta actualmente en la calle, como sucede con la rebelión de los abuelos.

¿De qué ha servido el debate monográfico en el Congreso sobre pensiones cuando no se votó nada, ya que no había propuestas de resolución? Pues ni de bálsamo. Esto va a seguir, y hasta que no se reformule el sistema de financiación de la Seguridad Social continuaremos así. Las pensiones se financian con cotizaciones de los trabajadores y las empresas. Y cada vez hay más pensionistas y trabajadores peor pagados, que por tanto cotizan menos. Eso, y el millón de empleos que todavía queda por recuperar de todo lo perdido durante la crisis.

Es hora de abrir vías de financiación para las pensiones de un país que envejece rápido. Y no hacen faltan nuevos impuestos, como el que plantea Pedro Sánchez para la banca. Llega con recaudar bien, no más, cuando estamos hasta seis puntos de PIB por debajo de Europa en esto. Eso bastaría.

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