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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La lista gallega de Montoro

Galicia, con unos 300 millones de deuda, no sobresale en el mapa de morosidad con el fisco 

Un buen día, de la noche a la ma- ñana, Mario Conde dejó de ser el banquero admirado por todos, referente de una generación abonada al éxito rápido, y cayó en desgracia con la intervención del Banesto por parte del Banco de España. Se habían acabado los días de vino y rosas para el abogado del Estado. Sucedió por estas fechas hace más de veinte años ya. Aquel día, Conde dejó de ser sinónimo de divinidad financiera para convertirse, simple y llanamente, en el banquero de Tui. Hasta ese momento, su supuesta galleguidad, más allá del casual lugar de su nacimiento, había pasado totalmente desapercibida para su parroquia de seguidores.

Conde sigue siendo hoy en día el exbanquero de Tui. Incluso para quienes, raudos, analizan la lista de morosos divulgada por Cristóbal Montoro, un ministro de Hacienda en funciones, en uno de sus últimos servicios a un Gobierno también de tránsito.

¿Por qué nos apresuramos ahora a incorporar a Conde (debe 9,9 millones al fisco) a esa lista que, en su capítulo gallego, integran un centenar de empresas y particulares? La razón es sencilla. Los gallegos hacemos honor al tópico de cumplidores, y apenas sobresalimos, en cuanto a los nú- meros gordos, en ese particular listado. En otras palabras, nos hacen falta referentes que brillen con luz propia en ese universo de morosidad que nos ofrece Montoro. De ahí esa incorporación de fuste de Mario Conde. Veamos los porqués y los detalles.

En su conjunto, son 4.855 las empresas y particulares que aparecen en ese listado que se acaba de hacer público. Suman una deuda que, al mes de julio, ascendía a 15.600 millones. Si nos detenemos en Galicia, de esos más de noventa folios que integran el listado, comprobamos que no llegan al centenar las compañías domiciliadas en esta comunidad. Una lectura sosegada apunta a ochenta firmas que suman una deuda con Hacienda de algo más de 280 millones. Anecdótico si atendemos a esos casi 5.000 morosos, lo que refuerza tres ideas: la del gallego cumplidor, la de unos destrozos de la crisis que Galicia acusó en menor medida, sobre todo en sus inicios, y la de un tejido empresarial que apunta a cierto raquitismo, lo que se traduce en poco margen para abrumadores agujeros negros ante el fisco.

Aunque hay algunas sorpresas. La radiografía que muestran los morosos gallegos de Montoro es la propia de un desolador paisaje después de la batalla. Son las víctimas de la crisis, unas muy conocidas y otras no tanto, que ahora se plasman negro sobre blanco. Tenemos difuntos conocidos: Martinsa-Fadesa (en liquidación, con una deuda de 65,3 millones y de galleguidad relativa, aunque domiciliada en A Coruña), Pescanova y sus filiales (7,6 millones), Blusens (4,6 millones), Pórtico (4,3), la malograda Tablicia (1,5) o la ourensana Obras, Caminos y Asfaltos (12 millones), que es nada menos que una de las grandes adjudicatarias de la Xunta. Son muchas las empresas zombies, ya liquidadas, que mantienen deudas o sanciones pendientes con Hacienda. Volvoreta, la firma de moda de Kina Fernández, suma 1,6 millones, y las promotoras inmobiliarias que han pasado a mejor vida o caído durante la crisis: Inalcuba (2,9 millones), la compostelana Winterra (1 millón), la viguesa Vialmar Galicia (3,6), Construnor (1,7), EPAAT (4,9), Construcciones Mon, en su día referencia desde Burela (3 millones), y auxiliares como Áridos de Astariz (1,8), vinculada en su día a Copasa. La lucense Cinur Consultores Urbanísticos e Indutriales figura con una de una de 2,1 millones.

No podían faltar las deudas y sanciones derivadas de escándalos. Ahí tenemos a Laboratorio Asociados Nupel, con el controvertido Jorge Dorribo al frente. La firma debe 1,1 millones a Hacienda. Gallega de Molienda del Clínker (adeuda nada menos que 6,8 millones) en su día estuvo vinculada al empresario Martínez Núñez y presidida por Ramón Blanco Balín, ex consejero delegado de Repsol que acabó imputado como cerebro financiero de la trama Gürtel. Y el expresidente y todavía accionista de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa-Faro, pendiente de la Audiencia Nacional, debe 12,6 millones a través de una de sus sociedades patrimoniales. Básicamente, estamos ante el retrato en gris, con tonos en algunos casos muy oscuros, de lo peorcito de una crisis sin precedentes.

Y eso que los técnicos de Hacienda aseguran que lo divulgado ahora por los chicos de Montoro, esos 15.600 millones, apenas representa un 30% del total de deuda tributaria pendiente. Hay que preguntarse por qué ahora esta lista y, sobre todo, qué hace Hacienda para recuperar esas deudas que al final acabamos sufriendo todos.

Las grandes ausencias en la crisis láctea

Si algo sobresale en esta crisis láctea que comienza a eternizarse son las ausencias. Dejemos por un momento a un lado los deberes pendientes que tendrá que afrontar el próximo ministro de Agricultura. También la actuación de una nueva conselleira del ramo, esta vez sí, con experiencia, pero poco margen todavía desde su nombramiento para valorar su gestión. Esas ausencias tienen nombres y apellidos. Y la situación creada podría resolverse de un plumazo con algo de voluntad. ¿Por qué no se sienta la gran distribución, o sus representantes,nucleados en torno a ese lobby que es Anged, en la mesa de la Interprofesional Láctea?

Esa tabla redonda donde ganaderos e industrias intentar armar algo parecido a un acuerdo de precios mínimos sin vulnerar la competencia debería tener entre sus miembros al actor más determinante en la cadena de valor del sector lácteo, que no es es otro que las grandes superficies y cadenas de distribución. Aunque fuera invitado, con voz pero sin voto. Muchos son los que echan de menos en estos momentos una actuación algo más coordinada de las grandes superficies. Quizá por calculismo táctico, asistimos esta semana a un goteo por parte de los grandes de la distribución en Galicia (Carrefour, DIA, Gadisa, Vegalsa) que apunta a incrementos de dos céntimos en los precios que pagan a la industria.

En Francia, sin ir más lejos, la interprofesional láctea no tuvo ningún problema en sentarse con la patronal de la distribución para abordar la crisis del sector y pactar una subida de cuatro céntimos. Son tan europeos como nosotros. Y tienen, supuestamente, igual problema de competencia.

La lista gallega de Montoro
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