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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La galleguidad de Naturgy

En plena polémica con la Xunta, Gas Natural-Fenosa reivindica vínculos que son historia
 

Junta de Naturgy. DP
Junta de Naturgy. DP

REIVINDICAR DESDE Madrid la galleguidad de una empresa controlada en su mayoría por capital catalán y gestionada desde la avenida Diagonal de Barcelona resulta complicado, por decirlo con diplomacia. Si, además, el presidente de esa compañía no ha pisado Galicia desde su nombramiento, hace ya más de un año, y cuenta sus operaciones en territorio gallego por cierres y desmantelamientos, lo posible, esa galleguidad, se convierte en ficción. Es lo que sucede con Naturgy, la hasta hace nada Gas Natural-Fenosa.

El lío entre Francisco Reynés, un hombre del universo Caixabank, más acostumbrado a lidiar con los fondos de inversión, y la Xunta de Núñez Feijóo y Francisco Conde a cuenta del cierre de la central térmica de Meirama ha subido de tono esta semana. Hablamos de ochenta empleos, muy lejos de los números de otras crisis empresariales, pero el cachorro de Isidre Fainé, de quien a buen seguro no ha heredado su cintura política, no ha tenido mejor golpe de ingenio que, ante las críticas, reivindicar esa presunta galleguidad, mucho más propia de otro tiempo. "Somos la compañía energética más vinculada a Galicia, la que más dinero invierte. Queremos ser considerados también una empresa gallega. Mundial, española y gallega". Reynés se despachó a gusto antes de la junta general de accionistas de Naturgy. Y activó, sin calcular del todo bien las consecuencias de su soflama, todo un viaje en el tiempo.

Galicia es prácticametne un mercado cautivo para una compañía como Naturgy, sobre todo en cuanto la distribución de electricidad, como lo es también Madrid, pese al proceso de liberalización de los últimos años. Es la distribuidora de referencia, como también lo fue en su día Fenosa. Galicia es además una plaza fuerte de generación para el grupo, tanto de fuentes hidráulica como eólica. Hasta hace poco, también térmica. Es decir, Naturgy hace negocio produciendo aquí y vendiendo electricidad a los gallegos. Pero hace tiempo que Gas Natural dejó de apostar por Galicia. Prácticamente desde que se hizo con Unión Fenosa, hace unos diez años.

El supuesto liderazgo de Naturgy en algunos aspectos también es actualmente muy discutible. Los datos indican que el grupo catalán controla unos 320 megavatios de generación eólica (13 parques en las cuatro provincias), por unos 625 megavatios de Iberdrola, repartidos por un total de 19 parques. El grupo portugués EDP cuenta en Galicia con 185 megavatios en funcionamiento y otros 101 en tramitación. Acciona tiene otros 255 megavatios. En el "top" de la eólica en Galicia manda Iberdrola.

Por galleguidad no se entiende un proyecto vinculado a Galicia a través de un negocio. Su accionariado o sus centros de decisión deben ser el principal anclaje. Norvento, sin ir más lejos, de capital íntegramente autóctono, y con 480 megavatios renovables, o la joven Greenalia, que cotiza en el MAB y desarrolla una planta de biomasa de unos 50 megavatios en Teixeiro (Curtis), también de accionistas gallegos, están en condiciones de reivindicar una galleguidad que nadie les exige, por obvia, y que en el caso de Naturgy no se ve por ningún lado.

Ahora es Meirama, pero hace nada fue Reganosa, la planta de gas de Mugardos de la que la actual Naturgy tenía algo más de un 20% y decidió vender. Esos lazos con Galicia, sin embargo, no son una leyenda. Datan de las estrechas relaciones que mantuvo en su día Victoriano Reinoso, desde Fenosa, con Manuel Fraga en la Xunta. En los noventa, el conocido como Plan Mega (Plan de Mellora Eléctrica de Galicia) se convirtió en punta de lanza de inversiones millonarias finalmente cuestionadas por su efectividad real. Después vendría el negocio añadido de las consultoras, filiales de Fenosa como Norsistemas, Norcontrol y Norconsult.

La relación, sin embargo, llega hasta hoy, más por actividades heredadas que por iniciativas recientes. Pese al cruce de críticas, el Gobierno gallego y Naturgy son socios en Sogama, Gas Galicia y Energylab, el centro de innovación energética con sede en Vigo. En la planta de residuos de Cerceda, la antigua Gas Natural controla un 49%, y en Gas Galicia la participación se eleva al 70%. En ambos casos su socio es la Xunta.

Esa relación de amor y odio escribe ahora un nuevo capítulo, en desventaja para la compañía, que además fue la gran adjudicataria de megavatios en el concurso eólico de 2010. En cartera tiene una inversión de 200 millones, que está en gran medida condicionada a autorizaciones administrativas. De momento, en San Caetano no hay un papel de las propuestas alternativas para el cierre de Meirama. Y eso lo dice todo. La de Naturgy es una galleguidad muy borrosa. 

La batalla por Liberbank no está escrita
No hay verdades absolutas cuando una sutil guerra de poder se desata en torno a una fusión, como es el caso de Liberbank y Unicaja. Tampoco cuando se lleva meses negociando con accionistas y gestores una opción alternativa, como la planteada por Abanca con la compra del banco controlado desde Asturias. Peleas de egos aparte, nada está escrito sobre el final de esta gran batalla financiera. Hasta ahora, la Comisión Nacional del Mercado de Valores ha sido el frontispicio donde se han incrustado las posiciones oficiales de los protagonistas, en algunos casos a volandas de filtraciones muy interesadas.

Viene todo esto al caso por las largas de Liberbank, con su consejero delegado Manuel Menéndez a la cabeza, para sellar de una vez por todas la fusión con Unicaja, descartando así la oferta de Escotet. Ganar tiempo parece ser la consigna del grupo financiero asturiano, en una carrera en la que no todo depende de Menéndez y sus aliados, entre ellos Fernando Masaveu. El Banco de España, que suele hablar sin decir, tiene muy claro que la entidad no puede seguir sola. Y eso resulta suficientemente relevador.

Escotet se vio forzado a explicitar una opa que finalmente no presentó, pero eso en ningún caso quiere decir que desista, realmente, de aspirar a crear con Liberbank el sexto grupo financiero de España. El equipo del venezolano movió ficha cuando se vio traicionado por los mismos con los que durante meses negoció. Ahora, el turno es para otros protagonistas, que deben hilar muy fino. Liberbank y Unicaja llevan con retraso su fusión. Y eso dice mucho más que los hechos relevantes enviados a la CNMV.

La galleguidad de Naturgy
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