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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La factura final de las cajas

Más de 13.500 millones en recursos comprometidos en los rescates de NCG y Banco Gallego

TRAS EL crash del 29, en plena oleada de cierres de bancos, la Reserva Federal de Estados Unidos, lo que vendría a ser nuestro Banco de España, procedió a impulsar un "prestamista especial de última instancia". Era la Reconstruction Finance Corporation, que nació en 1932, tuvo una corta vida y logró atajar una sangría que, en su año más duro, conllevó el cierre de hasta 4.000 bancos norteamericanos. Hizo falta para ello crear otro organismo, en el que participarían tanto la Reserva Federal como los propios bancos superviventes.

Se trataba de la Federal Deposit Insurance Corporation, lo más parecido a nuestro Fondo de Garantía de Depósitos, la UCI bancaria. Años después, haciendo un poco de historia, un admirado economista demócrata, John K. Galbraith, calificó estos instrumentos de "oscuros", "nada prestigiosos " e "indeseados", a la vez que reconocía que "la anarquía de la banca incontrolada había sido eliminada", y no precisamente por la Reserva Federal, que salió indemne del trance y sigue en pie. Pues bien, esas indeseadas y oscuras herramientas que nacieron en Estados Unidos para salvar bancos han tenido en España una fiel réplica durante la reciente recesión.

Se trata del Fondo de Reestructuración Ordenada de la Banca, más conocido por FROB. Hasta en esto de la crisis todo parece ya inventado. Por simple analogía, el organismo controlado por el Banco de España está llamado a extinguirse una vez culmine la reordenación del sector financiero quebrado durante la crisis. Mientras tanto, el FROB seguirá siendo diana de críticas, como las de Galbraith. La fina cirugía corresponde ahora al Tribunal de Cuentas, que ha fiscalizado el proceso de rescate bancario entre 2009 y 2015. El FROB en la mesa de operaciones. En síntesis, el coste público del proceso se ha ido hasta los 41.786 millones de euros, a los que hay que sumar otros 18.932 millones aportados por el sector financiero a través del Fondo de Garantía de Depósitos.


El informe desvela algunas claves desconocidas hasta ahora que ayudan a entender cómo llegó la entidad gallega a su venta


En total, la factura de las cajas se eleva a 60.718 millones. Y sumando, porque el Tribunal de Cuentas advierte que hasta que no concluyan las ventas de las entidades intervenidas (entre ellas, Bankia y la antigua Caja Murcia) y se liquide el banco malo (la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, otra controvertida criatura) no se podrá cerrar el coste total. El Tribunal de Cuentas, ya en materia, mira a Galicia por dos vías: las nacionalizaciones y posteriores ventas de dos entidades, Novagalicia y el Banco Gallego.

Ambas tienen su origen en otras dos cajas, que son las dichosas Caixa Galicia y Caixanova, ya que el banco con sede en A Coruña era un apéndice de la entidad viguesa, que tenía su control accionarial después del intento de Julio Fernández Gayoso por tocarle la cara a José Luis Méndez en su propia casa. Desventuras al margen, el Tribunal de Cuentas estima en 12.279 millones los recursos públicos comprometidos en el rescate de Novagalicia: 10.800 millones para el FROB y otros 1.400 millones que puso el conjunto del sistema (Fondo de Garantía de Depósitos). En el caso del Banco Gallego, a mucha distancia, fueron 1.250 millones.

El informe, en este punto, alude a los recursos comprometidos, pero no al coste real, que en el caso de Novagalicia fue de 9.159 millones, y en el del Gallego, de otros 337 millones. La factura, en el caso de las extintas cajas gallegas, se sitúa a distancia de la CAM, de Bankia, del Banco de Valencia y de Catalunya Caixa. Llegados a este punto, el Tribunal de Cuentas entra en la ciénaga de los matices y advierte que, aún respetando la legalidad en todo momento, hay ciertas "insuficiencias" y "deficiencias" en los procesos , que "no detallaron, como habría sido procedente, todas las garantías que acabaron siendo formalizadas en los contratos de venta". Así ocurrió también en el caso de Novagalicia.

El informe desvela algunas claves desconocidas hasta ahora que ayudan a entender cómo llegó la entidad gallega a su venta, en 2013, por 1.003 millones, una de las escasas operaciones en las que el FROB logró ingresos. Por ejemplo, en la venta de NCG, el FROB concedió garantías por un importe total de 1.085 millones, que establecen claramente los agujeros negros de las extintas cajas: el traspaso de activos a la Sareb (garantías por 144 millones), el resultado de laudos arbitrales por las preferentes (otros 226 millones), las responsabilidades por la comercialización de híbridos (277 millones), las cláusulas suelo (319 millones) y las coberturas de tipos de interés (119 millones). Esas fueron las heridas sin cicatrizar de las cajas, la consecuencia de una gestión nefasta que todavía permanece en el limbo y cuya factura pagamos todos.

Novias para una gran cooperativa láctea
Una marca con aspiraciones. Bajo el acrónimo de Clun, que a simple vista puede resultar hasta poco comercial, se oculta un proyecto bien visible y que puede dar mucho juego. Cooperativas Lácteas Unidas, que es el fruto de la integración de Feiraco, Os Irmandiños y Melisanto, echa a andar y ya tiene novias.

No solo en Galicia, concretamente en organizaciones repartidas por A Coruña, sino también en otras latitudes. Y aquí reside lo interesante. Los promotores de la iniciativa, que saben que para ganar también hay que ceder a veces, miran a Asturias y a Cantabria. Saben que la unión, y la búsqueda de sinergias para abaratar costes de producción, es clave en un sector con márgenes cada vez más estrechos. ¿Y cuáles son las novias de la gran cooperativa láctea gallega fuera de su territorio de origen? Pues para encontrarlos hay que mirar a Delagro, que es a su vez otra cooperativa de segundo grado en la que se integran hasta cuarenta organizaciones repartidas por las tres comunidades.

Delagro, como tal, nació en 2005, pero fue una década antes cuando realmente echó a andar a través de diversos acuerdos entre organizaciones de Galicia, Asturias y Cantabria. Son socios naturales los que integran ese complejo cooperativo, y también lo serán quienes se sumen al nuevo proyecto gallego. En Asturias está Campoastur, una cooperativa con 6.500 socios y 18 delegaciones repartidas por toda la comunidad que surgió de la unión de otras seis cooperativas. En Cantabria, la única cooperativa que forma parte de Delagro es AgroCantabria. Son las novias de los socios de Clun, llamadas a entederse con Galicia a medio plazo.

La factura final de las cajas
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