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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Galicia rural y emergente

Un estudio plantea un nuevo discurso para modernizar y fijar población en zonas agrarias

RECETAR UN tratamiento a un paciente que parece estar en el olvido, ocupando los últimos puestos de la lista de espera de las prioridades, tiene una consecuencia: la medicación, por innovadora y curativa que sea, también queda postergada y acaba, en este caso, en el cajón. La extraordinaria, por triste, metáfora del rural gallego pasa por un informe lleno de luz y propuestas presentado esta semana que recibe una acogida similar a la indiferencia que genera para muchos el futuro de la Galicia a priori menos desarrollada.

Una mirada limpia para una realidad en sepia. El rural en positivo. Así se podría definir el estudio realizado al alimón por dos universidades, las de Vigo y A Coruña, en colaboración con la Fundación Juana de Vega, que confluye en otro de los análisis periódicos del Foro Económico de Galicia. Novas demandas para o rural galego. Bajo ese título, los autores comienzan por derribar un mito, el de "esa sensación general de que el sector primario gallego está en crisis permanente, de que el rural es atraso y no hay oportunidades". Para romper este supuesto maleficio, esa "inercia histórica que no siempre tiene que ver con la realidad", a los profesores Andrade Calvo y Vázquez Rodríguez les basta un ejemplo: el subsector del vino, que desde un enfoque de producción local gana año tras año presencia internacional, y se convierte en el segmento más dinámico en la actualidad de toda la economía agraria gallega.

El objetivo parece claro: evitar el declive demográfico y económico del rural galego, que representa el 75% del territorio pero solamente aporta el 25% de la población y menos del 20% del PIB de la comunidad gallega. ¿Cómo revertir esta situación? Son muchos los ejes de actuación propuestos, como entender la conservación del paisaje como parte de un mismo patrimonio, que es cultural y natural a la vez, o la preservación de la biodiversidad, pero eso no basta y conviene extraer la pulpa de las propuestas para quedarnos con ideas concretas y realistas. Vayamos a la sustancia.

El estudio alude a una pauta, la de la diferenciación, siguiendo la estela de las denominaciones de origen, de las indicaciones geográficas protegidas, de las certificaciones de producción ecológica o de las producciones forestales certificadas. ¿La meta? Desarrollar la marca Galicia como sinónimo de calidad agroalimentaria, sobre todo en el exterior. No suena mal.

¿Se arreglan todos los problemas del agro con denominaciones de origen? Pues parece claro que no. Es una pata de la mesa. Entre otras propuestas de enjundia, los autores abordan el problema demográfico que asola al medio rural gallego y hablan de una nueva especie, los neorurales, una tipología de población en crecimiento que tiene como característica común su falta de vinculación con la tierra y con las actividades agrarias. Ese nuevo grupo presenta una gran ventaja añadida: la posibilidad de ampliar la base económica del rural por la vía de la diversificación, a través de nuevos emprendedores no relacionados con actividades agrarias. En esa línea, las nuevas tecnologías suponen una ruptura de manual del concepto de centro y periferia, y en esa partida están los neorurales, siempre que haya condiciones, por supuesto. Y aquí entra en escena el sector público.

La inversión pública tanto en accesos a la información como en equipamientos y en infraestructuras emerge como un eje capital en todo el análisis. También en cuanto a servicios, ya sean educativos, de sanidad o asistenciales. La intervención va más allá y llega incluso al fomento de la producción agraria. ¿Cómo? Estableciendo un programa de compras públicas de productos agroalimentarios de Galicia para colegios y hospitales, "como se ha hecho con notable éxito en otras comunidades".

Nuevos habitantes, nuevas profesiones y nuevos sectores. Y más ejemplos. Como lo es la bioeconomía para determinadas cabeceras de comarca. Una buena muestra está en los procesos de transformación de recursos y residuos orgánicos generados en los sectores agrario, industrial o en el ámbito doméstico, para producir nuevos materiales de alto valor añadido en sustitución de derivados del petróleo, como por ejemplo fertilizantes orgánicos, productos sustitutivos de plásticos, fibras y otros materiales de base biotecnológica con usos diversos.

El turismo en todas sus facetas, la importancia de la diversificación en el lácteo, del desarrollo y profesionalización del monte y de todos los subsectores relacionados con la energía, especialmente la eólica, vienen a ser la tercera pata de las propuestas, aunque ya más recurrente, para hacer del rural una verdadera palanca de futuro para Galicia.

Galicia rural y emergente
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