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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Galicia después del Brexit

El tan criticado tratado de libre comercio con la UE que plantea ahora Reino Unido será clave

LA SEMANA grande del Brexit ha llegado. La Unión Europea está en proceso de deconstrucción. Y en este mar de incógnitas que nos separa ahora del Reino Unido conviene aferrarse a las escasas islas de certezas que podemos otear en este borroso horizonte. Por ejemplo, las que representan las advertencias de quien se juega mucho de su bolsillo en el asunto.

Por ejemplo, Ana Patricia Botín, la banquera por excelencia de este país, con fabulosos intereses en el mercado británico. Dice Botín que el Brexit es "una realidad", y hay que dejar de lado "si nos gusta o no". "Es un hecho, hay que mirar hacia delante" y debemos centrarnos en que el proceso sea "lo mejor posible para todos". Práctica la presidenta del Santander, que además insta a que "cuanta más colaboración haya en el futuro entre Reino Unido y los estados miembros de la UE, mejor para todos". ¿Pero esto no era un divorcio? Pues sí, pero hay tanta miga en el asunto que conviene analizar con tiento cuál puede ser la mejor forma de defender los intereses de una economía cada vez más internacionalizada, como es el caso de Galicia, ante el Brexit. ¿Qué debemos hacer? ¿Cabrearnos como dice el corazón y negar el pan y la sal a las hordas británicas, que siguen siendo europeas pero ahora enemigas? ¿O atender a la razón, mirar a la cartera y buscar lo mejor de una más que segura nueva relación entre europeos y británicos? No pudo ser más explícita la ‘premier’ en su carta de despedida de la Unión Europea, la que activa el proceso.

Theresa May marca el paso e insta a negociar la salida y, a la vez, un tratado de libre comercio con la UE. El plazo planteado son dos años. ¿Qué le conviene a Galicia? ¿Un Brexit duro o blando? Del medio millón de gallegos residentes en el extranjero, unos 14.000 lo hacen en Reino Unido, lejos de los gallegos de Suiza o los residentes en Francia o Alemania. Es quizá la parte más dramática del asunto. Las personas. Su futuro. Tema espinoso, y clave en cualquier acuerdo de ruptura suave, por cuanto la libre circulación de individuos es uno de los ejes inspiradores de la propia UE. Sin embargo, no es la emigración desde España lo que más inquieta en las multiculturales tierras británicas. Y eso juega a nuestro favor, indudablemente, pese a la embestida burocrática que han iniciado las autoridades de aquel país.


Con Galicia, son otras cuatro las comunidades que vuelven a la etapa anterior a la crisis: Madrid, País Vasco, Cataluña y Castilla y León


Y de las personas, a los bienes y servicios, asunto también capital para Galicia. Que la economía gallega está cada vez más internacionalizada lo demuestra un solo dato: las exportaciones representan cerca de un tercio del PIB de Galicia. La crisis no ha hecho más que abundar en el peso del comercio exterior en nuestra estructura productiva.

Xosé Carlos Arias, profesor de Economía Aplicada de la Universidade de Vigo, suma a la incertidumbre del Brexit otras sombras en el comercio internacional. "Un cambio de tendencia importante, debido a un viraje significativo hacia posiciones proteccionistas, sí supondría una rémora de extraordinaria trascendencia para el futuro de nuestra economía", explica. Es cierto que las exportaciones gallegas a Reino Unido tienen un peso relativo, el 7,9% del total, en nuestra balanza comercial, según datos del BBVA Research, muy por detrás de las ventas a Francia o Portugal. Pero no lo es menos que el crecimiento de la exportación a las islas británicas ha sido espectacular en los últimos años, con alzas del 42% en el último ejercicio. Reino Unido es, por tanto, un mercado emergente para las empresas gallegas.

Las manufacturas, automóviles y bienes de equipo representan la mitad de las ventas a dicho mercado. Pero no solo de comerciar vive Galicia cuando abordamos su relación con los británicos. Sir ir más lejos, en los últimos doce años, según datos del Foro Económico de Galicia, Reino Unido ha sido nada menos que el segundo destino de la inversión gallega en el extranjero (un peso superior al 14%), solo por detrás de Estados Unidos. Y trazando el camino a la inversa, Reino Unido se encuentra entre los cinco mayores países por origen de la inversión extranjera en Galicia en ese período. Como para no tenerlo en cuenta a la hora de valorar el futuro de las relaciones entre ambas economías.

Los barcos gallegos abanderados en Reino Unido, la flota que faena en sus caladeros, las inversiones inmobiliarias de las grandes fortunas y la influencia de la City, las exportaciones de la automoción, las filiales de compañías madereras, pizarreras, de telecomunicaciones, textiles y biotecnológicas... Demasiados intereses como para no evaluar a tiempo, ahora, la conveniencia de adaptarnos antes y mejor que otros a un entorno que llegará de la mano de una nueva relación entre la UE y Reino Unido.

UN NIVEL DE PIB PER CÁPITA PREVIO A LA CRISIS. Casi todo son mensajes positivos. Sobre todo si atendemos al retrovisor de los datos macro de la economía gallega en 2016. Otro cantar es lo que viene, una ralentización en el crecimiento, como apuntan casi todos los análisis rigurosos. Pero si echamos la vista atrás, comprobamos que Galicia recuperó el año pasado el PIB per cápita previo a la crisis.

Es un dato que tiene una lectura y algunas derivadas. Por ejemplo, la economía gallega, si se mide por persona y año, se sitúa entre las cinco comunidades que han recuperado el nivel de riqueza de 2008. Lo ha hecho con un diminuto avance del 0,6%. Ese crecimiento se traduce en una aportación al PIB por cada gallego de 21.358 euros, sensiblemente por debajo de la media española, diferencia que no es nada nuevo, ya que también lo estábamos en 2008.

Con Galicia, son otras cuatro las comunidades que vuelven a la etapa anterior a la crisis: Madrid, País Vasco, Cataluña y Castilla y León. Para ponderar en su justa medida este indicador hay que tener en cuenta que mide la relación existente entre el nivel de renta de un país y su población. Por tanto, con la pérdida de habitantes de estos años, queda claro que la ecuación beneficia todavía más a Galicia.

Es decir, el mal dato demográfico suma aquí a favor de PIB per cápita, con menos población a dividir. Pero para analizar el antes y depués de la crisis, todavía queda una variable que lo condiciona todo. Galicia llegó a 2008 con una tasa de paro del 7,5%, diez puntos menos que el desempleo que nos dice la EPA actualmente. Y al estallar la crisis, la población ocupada en Galicia era de 1,2 millones. Estamos muy lejos. En el millón raspado.

Galicia después del Brexit
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