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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Familia rima con empresa

CUANDO UN ejecutivo de segundo nivel recién fichado aterriza en Arteixo, en el corazón de Inditex, lo primero que le sorprende es lo de relativamente de andar por casa que resulta casi todo tratándose de un grupo de esas dimensiones. Desde el contacto directo con sus superiores hasta cualquier gestión interna propia de quien acaba de llegar. Nada de complicaciones ni alambicados procedimientos internos... Hasta hace unos años, Josefa Ortega, Pepita, la hermana del fundador, se encargaba del departamento de viajes y despachaba directamente con las diseñadoras los billetes de avión para sus desplazamientos. Tampoco resulta extraño coincidir con Pablo Isla, el presidente, cuando un empleado sale a echarse un pitillo a una de las terrazas de la sede del grupo.

Si tenemos todo esto en cuenta, escuchar al primer ejecutivo de Inditex hablar de que la mayor empresa española por capitalización bursátil y líder mundial de su sector se gestiona como si fuera una "pyme" ya no resulta tan insólito. Pablo Isla trazó esta semana un perfil del grupo que preside. Lo hizo con timidez, como es habitual en él en un acto público, pero ante un selectísimo grupo, que es el de las empresas familiares, reunido en A Coruña en su cumbre anual.

Esa cita sirvió para muchas cosas, además de conocer de primera mano otras dos claves del gigante textil: la autocrítica y la humildad como hábitos de trabajo. El Instituto de la Empresa Familiar abordó sin miedo la situación actual de España, con un estruendoso tirón de orejas para la clase política, pidió grandes pactos, sobre todo en educación, habló de la crisis decididamente en pasado, apostando por crecer e invertir, e incorporó un nuevo relato al orden de prioridades dentro de sus demandas. Allí, junto a su presidente, Ignacio Osborne, se encontraban medio centenar de empresarios familiares, y también destacados miembros de la Asociación Gallega de la Empresa Familiar, con Emilio Pérez Nieto al frente.

Si quieres ir rápido, camina solo, pero si quieres llegar lejos, hazlo acompañado. Osborne tiró de proverbio para dejar patente que "la empresa familiar tiene un compromiso claro con la rentabilidad, pero también con el entorno y la realidad económica y social". Esa es una de las claves de su éxito, pero también una estructura sólida y nada abonada a flirtear con la aventura.

El pulso a la realidad actual que toma la empresa familiar es todo un ejercicio de transparencia. Una encuesta entre sus socios presentada en el encuentro permite sacar bastantes conclusiones. Entre ellas, la valoración que otorgan a la situación política, con 1,79 puntos sobre nueve. El año pasado, era un 2,08. Frente a ello, en dirección inversamente proporcional a ese escenario, las empresas familiares dan un aprobado a la coyuntura económica (un 5,3 sobre 9 puntos, en línea con 2015), muy lejos ya de los suspensos de 2013 y 2014.

La jerarquía de los problemas para este grupo ya no pasa en exclusiva por la letanía de una fiscalidad ventajosa, que sigue ahí, ya que dibujan otro orden de prioridades entres sus demandas. Por ejemplo, al próximo Gobierno exigen en primer lugar un esfuerzo decidido por la simplificación administrativa y la unidad de mercado, en clara alusión a los problemas en Cataluña, seguido de un gran pacto por la educación, es decir, el futuro, y una nueva reforma del mercado laboral que no especifican. Otra prioridad, según la encuesta, es la reforma del sistema de financiación autonómica, ahora que todo son sombras ante la quita de deuda que pedirán varias comunidades.

La empresa familiar mejorará sus ventas este año, invertirá más en los próximos tres, y las más internacionalizadas proseguirán con su crecimiento exterior. A la vez, prevén mantener sus niveles de empleo en parámetros similares a los actuales. El problema llega cuando miran a su alrededor. El crecimiento a corto y medio plazo para la economía española pasa, en abrumadora opinión de los encuestados, por "un moderado aumento de la actividad con una limitada creación neta de empleo".

Hasta aquí el diagnóstico y las demandas de un grupo, el de las empresas familiares, que en España es singular: representan ocho de cada diez empresas con actividad, y generan setenta de cada cien empleos, con una aportación del 60% del PIB y hasta el 85% en el caso de Galicia, que es paradigma de esta especie. Un total de 72 de las 100 principales compañías por ingresos que presentan sus cuentas en Galicia son empresas familiares, ya sea en primera, segunda, tercera o cuarta generación. Son las que están más cerca, las más numerosas y estables. Y, por qué no decirlo, las más determinantes para el futuro de la economía gallega.

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