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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Escotet sale de compras

Abanca abre nueva etapa y apuesta por crecer al integrar la filial de consumo del Popular

A JUAN Carlos Escotet le gusta abrir las ventanas. Y no es una metáfora de lo mucho que había por airear en Novagalicia cuando se hizo con la heredera de las cajas de ahorro gallegas. En plena privamera de 2014, unos meses después de ganar la subasta, el nuevo propietario solía trabajar con el ventanal entreabierto de su despacho en la zona noble de Rúa Nova, sede operativa de la que en breve sería Abanca. Le gustaba escuchar el estruendo de las gaviotas, tan incómodo para muchos coruñeses. 

El coro de graznidos le recordaba, contaba entonces a su segundo, Francisco Botas, a las playas de Venezuela. De aquello han transcurrido tres años, un suspiro para el equipo del banquero, pero un abismo a la vista del cambio. Abanca ha pasado en estos años por un repliegue incómodo, con un constante proceso de desinversiones en la cartera industrial que ha servido para refozar todavía más un balance ya saneado tras los 9.000 millones de dinero público inyectado en Novagalicia. 

Abre ahora, con hechos, una nueva etapa. Con la compra de la filial de consumo del Banco Popular, la histórica Pastor Servicios Financieros (fue creada en 1968, todavía en vida de Barrié de la Maza) Abanca cruza su particular Rubicón, pasa al ataque y anuncia, sin medias tintas, un "período de adquisiciones". Tres han sido los factores determinantes que propician esta operación, cargada de mensaje más allá del precio (39 millones), de la cartera de créditos que suma el banco de Escotet (200 millones más al cierre de 2016) o de las plusvalías que logra el Popular de Emilio Saracho, unos siete millones.


Escotet tiene las manos libres. Hasta tal punto que también puede comprar red fuera de Galicia


De un lado, Escotet está ya libre de ataduras. La tutela de Bruselas, que establecía limitaciones en cuanto al crecimiento de Abanca, tanto geográfico como crediticio, se acaba. Lo hace el mismo año en que el banquero venezolano y sus socios terminan de pagar al Estado los 1.003 millones en que fue subastada Novagalicia. En febrero, el holding de Escotet abonó, con año y medio de adelanto sobre el calendario previsto, los 300 millones del último plazo pactado con el Banco de España. Manos libres, pues. A buen seguro que determinante en la operación también ha sido el reciente fichaje de un consejero de Abanca por parte del Popular como número dos de Saracho.

Ha sido incorporarse Ignacio Sánchez-Asiaín al Popular como consejero delegado y cerrar la desinversión del Pastor Servicios Financieros con su anterior jefe. El Popular, a decir por los planes de los nuevos responsables, seguirá soltando lastre, y es de suponer que no serán activos deficitarios, difíciles de colocar en un mercado en el que todos se conocen. Período de adquisiciones. Toda una declaración de intenciones. Como lo fue la etapa de desinversiones en Abanca. Escotet semeja abonado a lo previsible.

Lo que anuncia, lo suele cumplir. Así sucedió con el proceso de enajenaciones que ha llevado a cabo entre las participadas. Siempre el mismo guión, aprovechando las ofertas de compra que se presentaban por parte de fondos de inversión o grandes grupos en empresas en las que el banco se encontraba como segundo o tercer máximo accionista. Si vendía el mayoritario, el que tenía la posición de control, Abanca se subía al tren y también se desprendía de su paquete accionarial. Un calco en todas las ventas. Sucedió con la operadora R, con la pizarrera Cupa, con Tecnocom y, más recientemente, con CLH, la antigua Campsa. Y todo parece indicar que volverá a pasar lo mismo con Itínere, dueña de Autopistas del Atlántico.

Las plusvalías de todas estas ventas se han ido a engrosar la cuenta de resultados de Abanca, en positivo desde el minuto uno pese al estrechamiento de márgenes, común en toda la banca. Las menores dotaciones y provisiones realizadas estos años también han aliviado, hasta situar el beneficio neto por encima de los 300 millones de forma casi recurrente los dos últimos años. Escotet llegó en 2013 a la entidad con el contador a cero, tras un saneamiento previo que conllevó el traspaso de más de 5.000 millones en activos tóxicos al banco malo, una estrategia que no siguió el Popular, por ejemplo, preservando una independencia que no le ha llevado a ningún lado.

Y de aquellos polvos estos lodos, que se dice. Abanca sale ahora de compras. Y si atendemos a su plan estratégico y a las recientes reordenaciones de sus divisiones, todo indica que crecerá con activos fuera de balance. Es decir, en ramas como los seguros, muy apetecidos, los fondos de inversión y los planes de pensiones. Escotet tiene las manos libres. Hasta tal punto que también puede comprar red fuera de Galicia, creciendo por el norte de España o Portugal. Atentos.

Galicia y el "cuponazo" de Rajoy al PNV
A la vista del acuerdo al que ha llegado el Gobierno de Mariano Rajoy con el PNV a cambio de su apoyo a los presupuestos, ya sabemos, por si había alguna duda, quién ha ganado las últimas elecciones generales: el nacionalismo vasco.

Cinco diputados que fijan un precio a su apoyo: la devolución de nada menos que 1.400 millones a Euskadi por las discrepancias en el cálculo del denominado cupo vasco durante los últimos diez años, entre otras medidas contantes y sonantes. En otras palabras, se trata de una fuerte rebaja del dinero que paga cada año el País Vasco por las competencias no transferidas, al recaudar las diputaciones forales todos los impuestos, también los estatales. Y queda demostrado, si atendemos al singular concierto económico y a la falta de actualización del cupo, que aplazar los problemas no es siempre la mejor solución. ¿Y qué pinta Gaalicia en todo esto? Pues es una ola que llega a nuestras costas y rompe con fuerza.

Decir que cinco diputados del PNV, como critica la oposición, valen más que los doce gallegos del PP es tan demagógico como compararlos con las cinco actas parlamentarias que también tiene el grupo de En Marea en Madrid. ¿Para qué sirven? La clave hay que buscarla en la aritmética y, también, en el pragmatismo del PNV. Núñez Feijóo, por su parte, mira al PSOE, por su falta de apoyo a Rajoy, apostando también por una aritmética imposible después de la investidura.

Feijóo pide transparencia. Y ahí acierta. Pero no solo debería exigirla sobre el cupo vasco, también para otros acuerdos pactados como el desarrollo de la "Y" vasca de Alta Velocidad. Agravios con Galicia, ni uno más. Hace falta luz.

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