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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El pacificador de la patronal

Antón Arias, moderado en las formas, nítido en sus posiciones, llega a una CEG comatosa

ARTE EN pleno caos. La búsqueda de la armonía entre la discordia. Esa es nada menos que la misión que tiene por delante el nuevo presidente de los empresarios gallegos. La mano tendida que ofrece Antón Arias Díaz-Eimil (A Coruña, 1961) es algo más que una declaración de intenciones. Es el último salvavidas que tienen ante sí los propios empresarios, empezando por sus próceres provinciales, para que el barco no acabe entre las rocas del desencuentro una vez más. Como sucedió con Fernández Alvariño (Pontevedra) y se repitió con Diéter Moure (Ourense). La patronal ya tiene presidente. El tercero en año y medio. Vuelve A Coruña, con el apoyo de Lugo. Ahora, casi todo está por hacer. Y va mucho más allá de lograr ese dificilísimo entendimiento prometido.

Los prónosticos ajenos y los cálculos propios no fallaron y Antón Arias se hace con el cetro, a sabiendas desde el minuto uno de que el sur estaría enfrente. Cien votos a favor y 64 en contra hablan de división, una vez más, pero también de cierto apoyo de las patronales sectoriales, comenzando por la de la construcción, a la que históricamente ha estado vinculado Arias. Sin olvidar la desafección que en los últimos meses han mostrado otras organizaciones, como la metalúrgica, que desde Pontevedra se ha rebelado incluso contra su presidente provincial, Jorge Cebreiros. A buen seguro, todo ello también ha sumado finalmente.

¿Es un desconocido el nuevo presidente? ¿Quién es Antón Arias? Pues son varios los rasgos que conforman un perfil en el que sobresale un factor: el talante. Dice mucho de todo ello que esa capacidad de diálogo se la reconozcan hasta sus supuestos enemigos, empezando por el propio Cebreiros, más cabreado con las formas (la candidatura de última hora), que con el fondo, un aspirante a la presidencia que concite consensos.

Moderado en las formas, nítido en sus posiciones, Arias no es un empresario al uso, como habitualmente se puede definir a un líder patronal. Frente a otros presidentes provinciales, a la Confederación de Empresarios de Galicia llega un intelectual. Y no solo porque sea licenciado en Sociología, y además con ideas, que tienen mucho que ver con una sensibilidad socialdemócrata entendida en clave de país, muy alejada de cualqueir tic neoliberal. Para cincelar ese perfil conviene poner en valor, al margen de la presidencia de los constructores gallegos que ocupó durante años, su paso por la Fundación Laboral de la Construcción y la propia Comisión de Relaciones Laborales de la CEG. Arias sabe algo, por tanto, de diálogo social y de negociar con los sindicatos.

Pero ahora son los suyos a quienes que tendrá enfrente el coruñés. Y comienzan cabreados, no tanto con él como con Antonio Fontenla, el presidente de los empresarios de A Coruña, por orquestar una candidatura al margen de unos acuerdos previos pactados, pero no sustanciados. Si algo tiene a su favor Arias es que no genera el rechazo de su hasta ahora mentor. Decir que es un hombre de Fontenla no es faltar a la verdad, pero tampoco debería representar estigma alguno. Es, simplemente, una evidencia. Por algo Arias era hasta ayer vicepresidente de los empresarios coruñeses, cargo que abandona.

De unas nuevas formas habla el primer órdago lanzado por el flamante presidente de los empresarios gallegos. Arias sorprende anunciando que dimitirá cuando garantice la viabilidad de la patronal y se marca como objetivo reformar los estatutos de la CEG y solventar las dificultades económicas de la institución antes de abrir paso a un nuevo presidente. Nadie hasta ahora había llegado así a la Rúa do Vilar. Llega el momento ahora de renegociar las deudas pendientes, entre ellas una millonaria hipoteca sobre la sede compostelana que dará respiro. También es la hora de conformar un equipo, con secretario general y tesorero nuevos, dos piezas clave sobre las que pivotará el día a día de la patronal. Mucho más difícil será restañar las heridas, y recuperar una imagen que está por los suelos. Hechos, y no palabras, marcarán los próximos meses.

Desde San Caetano ha sido explícita la preocupación por buscar una salida a la crisis de la patronal. Desde hace meses. El conselleiro de Economía, Francisco Conde, y el propio Núñez Feijóo, en última instancia, tendrán ahora enfrente a un presidente con opiniones formadas sobre la realidad social y económica que le rodea, que ya es un avance sustancial frente a los predecesores de Arias, entre los que había estruendosos palmeros, unas veces, y fugaces diletantes, otras. No hay riesgo de ruptura en la patronal, porque todos quieren estar bajo el paraguas de la CEOE de Joan Rosell, pero sí un reto mayúsculo solo apto para hábiles pacificadores.

El pacificador de la patronal
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