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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El ministerio de las deudas

El catálogo de incumplimientos de Fomento alarma: Ave, AP-9, autovías, corredor atlántico...

LOS CAMBIOS, mejor el primer mes. La regla no escrita de un político o un ejecutivo cuando llega a un puesto clave en una organización, sea un ministerio o una empresa, no se cumple en el caso del titular de Fomento, una cartera clave para Galicia y por la que pasaron antes dos gallegos, de nacimiento y de adopción. No lo ha tenido fácil Íñigo de la Serna, que lleva poco más de un año en el cargo. Pero es que tampoco ha dado demasiadas muestras de seguridad y temple. Y mucho menos ha llegado aire fresco con él. El cántabro apenas ha cambiado el equipo gestor del ministerio tras su llegada. Ni en un mes ni en un año. Siguen los mismos directores generales que acompañaron a Ana Pastor en su aventura. ¿De quién es rehén Íñigo de la Serna? ¿O será que simplemente pasaba por allí? En su defensa, siempre podrá alegar que cuando todo marcha bien, mejor no tocarlo.

Pero para desvelo del ministro y su equipo lo que pasan son los días y crecen los problemas. Sobre todo en Galicia. Fijar el foco en la actuación del ministerio con respecto a las infraestructuras gallegas supone sumergirse en el catálogo de los retrasos, las obras pendientes y, lo que es peor, las promesas que nadie, ni la Xunta, que es mucho decir, se cree a estas alturas. Un buen ejemplo es el Ave y su llegada en pruebas en 2019, cuando hay contratos todavía sin licitar y algunas estaciones, como la intermodal de Ourense, no han pasado del borrador.

Los socialistas lucenses acaban de presentar una lista de agravios con la provincia en materia de obras públicas que cualquier grupo político o social podría suscribir solo con enterrar el hacha de guerra partidista. Y lo que es peor, ese inventario puede ser extensivo a toda Galicia simplemente haciendo memoria. Pero el paradigma de todo esto está en Lugo, y la autovía que conectará la capital de la Galicia interior con Santiago es sin lugar a dudas el epicentro de los retrasos. La A-54 lleva catorce años en obras y nadie acierta a poner fecha para su conclusión. Fomento se limita a hablar de un horizonte, el 2021. Tampoco llega la solución para la Autovía del Cantábrico a su paso por Mondoñedo y sus nieblas, error de cálculo y previsión del que nadie responde. 

Del repertorio de los retrasos y los agravios al de las vaguedades y los hombros encogidos. Sucede con las fechas del Ave. Y también con el corredor atlántico ferroviario de mercancías, que enlaza con la red transeuropea de transportes. Lo mejor es el nombre, corredor atlántico. Tal y como está diseñado, tocará el océano allá por Sines. Para llamar de verdad a las cosas por su nombre, al menos en suelo español, mejor volver a la denominación anterior y dejarlo en Corredor Ferroviario de Mercancías número 4. Porque Fomento acaba de aplazar nada menos que hasta 2027 la inclusión del Noroeste en dicha red europea. Todo esto de "atlántico" suena un poco a broma a estas alturas. Otro tanto las fechas. 

Lo cierto es que Fomento invierte en Galicia, pero a su manera. La comunidad gallega volvió a liderar la adjudicación de obras del ministerio el año pasado, aglutinando hasta el 18% del total invertido. Fueron 173 millones hasta septiembre, que se concentraron en el tramo de la A-54 entre Melide y Palas de Rei y, sobre todo, el acceso ferroviario al puerto exterior de Ferrol. Ambos proyectos se llevaron nueve de cada diez euros licitados. Las obras de Fomento en Galicia no llegaron en 2017 a los 200 millones de euros, a mucha distancia de aquel año récord que fue 2012, en plena inversión en el Ave, con más de mil millones licitados. 

El ministro De la Serna sabe muy bien que llevar el tren al puerto exterior ferrolano costará tanto como la construcción de la propia infraestructura portuaria. Toda una metáfora. Siempre podrá refugiarse en la herencia recibida, con clamorosos fallos de planificación. En esa mochila también hay otro complicado legado, la Autopista del Atlántico y el rosario de subidas en los peajes que se avecina. En este asunto no hay nada de "soluciones imaginativas" y se vuelve a lo de siempre, a financiar obras o gratuidades en determinados tramos a costa de venideros incrementos de tarifas en el resto de los peajes. ¿Hasta cuándo? ¿Y la transferencia de la titularidad del vial? 

Defender a Fomento resulta cada vez más difícil para el Gobierno gallego. Sobre todo cuando se cruza el calendario de obras pendientes con el de las próximas convocatorias electorales. Caer en el sucursalismo con respecto a lo que decida De la Serna es un riesgo que la Xunta no puede asumir. Y menos en tiempo de descuento para las municipales. Quizá sea el momento de desempolvar esa agenda oculta de obras y retrasos que en su momento se podían justificar por las estrecheces de la crisis. Ahora ya no.

Nueva dinastía entre los gallegos más ricos
La familia  del capital crece. Ricos entre los ricos, comienzan a emerger grandes fortunas gallegas en el top de los mayores patrimonios nacionales. Ya no es el club de amigos de Amancio Ortega, por decirlo de algún modo. Una característica que dice mucho de Galicia y de sus empresarios es el rasgo común en casi todos los casos. La dinastía de los más ricos crece al abrigo de iniciativas empresariales que están en plena madurez y que, en muchos casos, se corresponden con proyectos familiares, fruto de toda una vida dedicada a un mismo negocio. A los Ortega, Jove, Fernández Somoza o Isabel Castelo, abonados desde hace años a Forbes, se suman ahora sagas empresariales como los Domínguez (Lonia Textil), García Baliña (Finsa), Silveira Cañizares (Elcano, Remolcanosa y Povisa), Freire (Megasa), Rivera (Estrella Galicia), Tojeiro (Gadisa y Reganosa) o Jesús Lence (Río). 

También entran en el selecto club herederos de otros grandes empresarios fallecidos recientemente, caso de Epifanio Campo (Cerámicas Campo, Supervisión y Control, Sogarisa) o gallegos afincados de siempre en Barcelona que se acaban de llevar sus negocios a Madrid por la crisis catalana. El paradigma es el Grupo Indukern, pilotado por el monfortino Jose Luis Díaz Varela, que en octubre decidió hacer la mudanza. También esta saga familiar despunta entre las grandes fortunas patrias. 

Y todo ello lleva a otra lectura: en Galicia hay empresarios. Y grandes. Quizá falten apuestas en forma de grandes inversiones, pero en la gran mayoría de los casos no precisamente por parte de esa nómina que ahora frecuenta los rankings del dinero. 

Francisco CondeFRANCISCO CONDE: Otra batalla con Madrid por el recargo del canon eólico
Tiene tarea el conselleiro de Economía, recién aterrizado de su viaje a Israel. La patata caliente le ha tocado, en primera instancia, al vicepresidente, Alfonso Rueda, pero será Francisco Conde quien tenga que afrontar otra prueba de fuego para el sector energético gallego. Y es que la orden del ministerio del ramo de gravar los sobrecostes provocados por determinados impuestos autonómicos (en el caso gallego, el canon eólico, por ejemplo), y repercutirlos a su vez en la tarifa de la luz, esconde una profunda paradoja.  En síntesis, los gallegos pagaremos más por la electricidad debido al intento de la Xunta de que la explotación del recurso del viento revierta en la propia sociedad gallega. Y síntesis de la síntesis, de no ser reversible la orden ministerial, será la luz más cara allí donde producirla sale más barato, como en el caso de la energía eólica en Galicia. Lo dicho, mucha tarea para Francisco Conde ante el Gobierno amigo de Madrid.

Higinio MougánHIGINIO MOUGÁN: Hombre clave en el proceso de unión de cooperativas agrarias
Algo se mueve en el agro gallego. Y siempre, en un segundo plano, aparece el mismo nombre cuando hablamos de cooperativas y proyectos de integración. Se trata de Higinio Mougán, una referencia en el sector, que dirige desde hace  unos cuantos años la Asociación Galega de Cooperativas Agrarias (Agaca). Mougán, siempre entre bambalinas, estuvo en la integración en 2016 de los gigantes Feiraco, Os Irmandiños y Melisanto, una cooperativa de cooperativas (segundo grado) que es hoy en día el proyecto CLUN. Y Mougán vuelve a aparecer en otra integración, la de Icos (Chantada), Aira (Taboada), Agris (Palas de Rei), Coelplan (Becerreá) y Cogasar (Sarria). En este caso de segundo grado, la nueva cooperativa, con más de 2.500 socios, es ya una realidad. Y sigue una senda marcada desde los despachos, también el de Higino Mougán en Santiago.

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