miércoles. 15.07.2020 |
El tiempo
miércoles. 15.07.2020
El tiempo

Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

¿Cuánto aguantará Calviño?

La vicepresidenta económica, némesis de Pablo Iglesias, marca perfil propio en pleno caos
Nadia Calviño. EFE
Nadia Calviño. EFE

SOLO quien tiene la vida arreglada en Bruselas y se sienta en el Consejo de Ministros sin carné del PSOE, aunque con evidentes vínculos, hasta familiares, puede expresarse con tal rotundidad. "Los contribuyentes nos pagan para solucionar problemas, no para crearlos". No habían transcurrido ni veinticuatro horas desde el pacto para la "derogación íntegra" de la reforma laboral del PP y Nadia Calviño (A Coruña, 1968) estallaba en público tras haber desautorizado a medio gabinete de Pedro Sánchez, aquel que apostó todo al rojo para sacar adelante la quinta prórroga del estado de alarma, pacto innecesario con Bildu incluido.

La vicepresidenta económica, que se encarga además de presidir la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, cuestión no menor, se ha plantado en un momento especialmente delicado para Sánchez, pero con el as de la evidencia en su mano. Ni empresarios ni grandes sindicatos, habituales de la mesa del diálogo social, donde se debate y pacta la política laboral, estaban ni mucho menos al tanto del acuerdo. Y entre los socios de gobierno, el silencio de Yolanda Díaz (Ferrol, 1971) lo dice todo. La ministra de Trabajo había advertido en enero que desmontar la reforma laboral del PP, que data de 2012, requería de una particular desescalada, una voladura controlada en el tiempo, admitiendo la imposibilidad de cumplir así uno de los acuerdos de gobierno. Díaz iría por partes, ese era su plan, con un nuevo Estatuto de los Trabajadores por aquí, la vuelta a la prevalencia de los convenios sectoriales frente a los de empresa por allá... Todo menos esto, que demuestra la extrema debilidad del Gobierno y su disposición a no reparar en gastos para sacar adelante su posición en esta crisis, que primero fue sanitaria, después económica y ahora es ya institucional.

Con su posición, Calviño ha intentado restablecer el puente con patronales y también sindicatos en un momento en que todo son incógnitas para mantener millones de empleos, pero sobre todo ha marcado de una vez un perfil propio en público, muy alejada del traje que le asignaron cuando llegó al Gobierno. Ella era, por decirlo de algún modo, la sonrisa del régimen ante Bruselas, la cara amable y un pelín liberal frente a las grandes del Ibex 35.

Durante las últimas semanas, la hija de José María Calviño, aquel director general de TVE en tiempos de Felipe González natural de Lalín, se ha convertido en la némesis de Pablo Iglesias. Propuestas como el impuesto a las grandes fortunas planteado por el líder de Podemos, o la renta mímina universal, que está atascada, siempre han tenido su particular dique de contención en la vicepresidenta económica del Gobierno. La pregunta reside en saber hasta cuándo aguantará Nadia Calviño. No fue casual que, una vez en el cargo, y cuando llevaba apenas unos meses en el Gobierno, su nombre sonara para la terna de candidatos europeos a ocupar la dirección del Fondo Monetario Internacional. En enero fue la presidencia del Eurogrupo si el portugués Mario Centeno dejaba el cargo. ¿Demasiados trenes pasando por delante o salía corriendo la vicepresidenta?

Lo cierto es que el de la supuesta derogación íntegra de la reforma laboral no es el único obstáculo que ha tenido que superar la que hasta su nombramiento era la funcionaria española de mayor rango en Bruselas. En el arranque de la pandemia, uno de los primeros Consejos de Ministro de Pedro Sánchez se eternizó. Más de siete horas para avanzar en las medidas económicas para paliar los efectos de la crisis del coronavirus al tiempo que se declaraba el estado de alarma. Y otra vez Pablo Iglesias. Un plan de nacionalización de empresas, entre ellas compañías eléctricas, estaba sobre la mesa. La respuesta de Calviño ante lo que a todas luces era el intento podemita por activar un modelo de economía planificada fue poner su cargo como contradique. Hubo hasta bronca. Y paró a Iglesias.

En esta crisis de Gobierno nada es blanco o negro. Y mucho menos hay polis buenos y malos. Hay un proyecto político sujeto con alfileres que no aguantará más errores. Calviño lo sabe muy bien. Incluso la propia Xunta ha visto en la coruñesa el interlocutor necesario en Madrid para determinados asuntos relacionados con la crisis industrial previa a la pandemia. Siempre Calviño. La némesis de Iglesias. ¿Hasta cuándo?

Amancio López | Las recetas de quien sabe para salvar el turismo
UN chantadino que manda en el sector del turismo. Es Amancio López, que desde la cadena Hotusa, con sede en Barcelona, ha lanzado una iniciativa para agitar el debate. Lo hace con ideas. Por ejemplo, a su modo de ver, las líneas de liquidez que requieren las empresas no deben estar vinculadas a los ingresos o a los resultados, sino al número de trabajadores que empleen. De cajón. Pero lo dice un empresario, y eso puntúa más, la verdad. También apuesta Amancio López por el rescate de las compañías aéreas, para evitar retroceder cuarenta años en el ámbito turístico, un sector que, en su opinión, hace que Europa compita con Estados Unidos o con China, algo que no lo pueden decir otras actividades.

Beatriz Mato | La exconselleira optó a presidir la patronal eólica
LO intentó con ganas. Hasta presentó por carta su proyecto a los asociados. La exconselleira de Medio Ambiente, Beatriz Mato, ahora enrolada en las filas de Greenalia, presentó su candidatura oficial para presidir la Asociación Eólica de Galicia. En la antesala de la asamblea general, y ante la falta de apoyos, la expolítica optó por dar un paso atrás y se integró en la otra candidatura, la de José Manuel Pazo Paniagua (Eurus), que renueva el cargo. No están cómodos en el sector con la exconselleira, que planeaba una revolución en la patronal, al tiempo que ponía en valor sus experiencia política. Mato lleva apenas unos meses en Greenalia, y el salto parecía a todas luces muy grande. Y al final se impuso la lógica.

¿Cuánto aguantará Calviño?
Comentarios