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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Algo se mueve en el monte

Sobran los proyectos para potenciar el sector forestal, solo falta enterrar tantas divisiones

Un trabajador de la empresa pública Tragsa limpiando un monte. EP
Un trabajador de la empresa pública Tragsa limpiando un monte. EP

ALGO SE mueve en el monte gallego. Y no es solamente esa cuenta atrás que expira el 31 de mayo para que los propietarios hayan limpiado y desbrozado sus fincas, en cumplimiento con la obligación de mantener unas franjas de seguridad contra los incendios. Los municipios piden ya un «Plan B», que pasa por cumplir con el 'Plan A' pero de otra manera, con más tiempo y más recursos. Pero las prisas llegan también a otros escenarios e implican a otros actores, claves en el diseño de un sector forestal que resulta determinante para el futuro de comarcas enteras, sobre todo del interior de Galicia.

Esta semana ha hecho su particular presentación en sociedad la Axencia Galega da Industria Forestal, dependiente de la Consellería de Economía. Fue en el transcurso de una jornada sobre el sector visto desde el prisma de la bioeconomía forestal, término muy de moda que no esconde otro objetivo que el de avanzar hacia una economía sostenible y eficiente en el uso de los recursos. Muchas caras conocidas, ilustres, entre las no se encontraba ningún cargo de la Consellería de Medio Rural, departamento que tiene como gran tarea la ordenación del monte, a través de la redacción de un nuevo Plan Forestal que sigue atascado y con pocas trazas de salir adelante en breve.

La decisión de Núñez Feijóo de separar competencias, aplaudida por el sector, y dividir entre Economía (apoyo a la cadena de valor, a las empresas) y Medio Rural (incendios y ordenación del monte) presenta de momento los desajustes propios del inicio de una aventura, que se visibilizaron en el encuentro organizado por la nueva agencia. Es precisamente la ordenación del monte, más allá de la política contra el fuego, un aspecto crítico que debe ser nexo de unión entre ambas consellerías. En pocas palabras, el primer consenso para defender y potenciar el monte debe partir de la propia estructura administrativa de San Caetano, cuando son muchas las voces que acusan al director xeral de Ordenación Forestal (Medio Rural) de torpedear cuanta iniciativa no encaje en sus planes.

La unidad de acción también pasa por el propio sector, muy dividido en ocasiones. Y aquí los desencuentros pasan por los propios integrantes de la cadena, entre ellos mismos, vamos, y llegan a sus relaciones con la Xunta, durante años rotas y posteriormente recompuestas. En la hora de mirar hacia adelante también hay diferencias sustantivas. Y esto es más bastante más grave. Veamos.

Asumidos por casi todos que la política forestal debe ir por un lado y la lucha contra el fuego, por otro, es la nueva redacción del Plan Forestal el eje de las diferencias, hasta el punto de que esta misma semana, al abrigo de unas jornadas impulsadas por la Fundación Juana de Vega, los grandes actores del sector han presentado un documento de síntesis que representa todo un contrarrelato al propio plan, avanzado desde Medio Rural en diciembre, y concretado hace unas semanas en el marco de la comisión parlamentaria que estudia los incendios. El monte debe ser sostenible desde el punto de vista económico, para serlo también social y ambientalmente. Esa es la tesis defendida por el Clúster da Madeira (con el peso que tienen Finsa y Ence), la patronal de aserraderos y rematantes (Fearmaga), la asociación de productores (Promagal), entidades ecologistas como la Asociación Galega de Historia Natural o las universidades de Vigo y Santiago. Ellos sí han logrado ponerse de acuerdo, aunque sea un documento de mínimos y de meras intenciones el presentado como plan forestal alternativo.

Son tantos los desafíos que se abren para el sector forestal gallego que la falta de acuerdo sobre el nuevo plan debería quedar en simple anécdota. Sin embargo, no parece ser así. La Xunta tiene sobre la mesa iniciativas pioneras en defensa del monte, ya sea en el área de la lucha contra el fuego (ambiciosos planes de seguros, con números) o en cuanto a la ordenación, como es el desarrollo de los conocidos ya como polígonos forestales, idea que nació en el seno del Grupo Colmeiro y es una iniciativa que en este caso lidera Economía. El eje de este plan, crear una Xestur del monte, inspirada en la sociedad Xestión do Solo de Galicia. El de los seguros y el de las xestures del monte son solo dos ejemplos que muestran claramente el dinamismo actual que existe en Galicia en cuanto a iniciativas a desarrollar para potenciar el sector. Algo se mueve en el monte, por tanto. Sobran las ideas. Pero no solo hace falta coordinación entre la Axencia Galega da Industria Forestal y la Dirección Xeral de Ordenación Forestal. También superar todas las diferencias enquistadas entre la Xunta y el propio sector. 

Galicia llega muy tarde a su último tren
El ferrocarril es el oxígeno de los puertos. Lo dice Fernando González Laxe, que algo sabe de esto. El expresidente de la Xunta, también de Puertos del Estado, es uno de los académicos que más ha estudiado la inserción y el posicionamiento de Galicia en los corredores de transporte europeos. Y tiene algunas recetas que a buen seguro ha transmitido al titular del Gobierno gallego. Sobre todo, ahora que llegamos tan tarde para subir a ese tren que se llama, muy desacertadamente, Corredor Atlántico de Transporte de Mercancías. Porque el noroeste peninsular no aparece en el mapa y de momento tampoco hay fechas en el calendario de los próximos cuatro años para que Galicia, Asturias y Castilla y León logren contar con una alternativa viable.

El viaje de Núñez Feijóo a Bruselas para reclamar la inclusión de Galicia en el corredor es acertado en la forma, pero no en el tiempo. El Corredor Mediterráneo es, por el contrario, una realidad sobre el papel tras más de diez años de esfuerzo desde el Levante español en lo que es un ejemplo paradigmático de cómo hacer «lobby». Ese frente común recorre todo el Mediterráneo, desde Algeciras a Barcelona, con sus puertos como fuerza de choque.

En Galicia, por desgracia, son contadas las voces que se han alzado ante tan evidente marginación que supone el diseño de los nuevos corredores. Haríamos muy bien en hacer 'lobby', presión, pero no solo con Asturias y Castilla y León. También con la Bretaña francesa, que está excluida, e incluso con el Norte de Portugal, ya que el corredor atlántico surcará la Meseta, desde Hendaya hasta Sines. Pasando por Madrid, claro.

Algo se mueve en el monte
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