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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Adiós Popular, adiós Pastor

La junta del Santander despacha de un plumazo las marcas y la historia de ambos bancos

SANTANDER, BANESTO y Bankinter, un mismo apellido para tres bancos. Hasta ahora. El mito de la saga Botín entra en la leyenda del sistema financiero español con dos nuevas incorporaciones, que a su vez sellan la extinción de dos marcas también emblemáticas. Se trata del Popular y del Pastor. La junta general de accionistas del primer banco de la zona euro, el Santander, ha servido para que su presidenta, Ana Patricia Botín, se zafase sin contratiempos de las críticas a la absorción y presentase en sociedad la nueva imagen corporativa del gigante. Y de paso, toda una sacudida: antes de dos años todas las enseñas del grupo estarán unificadas, en España y en el extranjero. Adiós Popular, adiós Pastor.

Cuesta poner los ojos en el retrovisor cuando de lo que se trata es de mirar hacia adelante, como hacen ahora muchos trabajadores de ambos bancos, sobre todo en Galicia. Pero esa vista atrás indica que hace solo siete años, la entidad combinada de la fusión de ambos bancos, con más de 160.000 millones de activos, se consolidaba entre los cinco grupos más grandes del mercado español. El Popular-Pastor solo tenía por delante entonces a Santander, BBVA, Caixabank y Bankia.

La liquidación de las marcas prevista es un paso casi ordinario en la política de integraciones del Santander, como demostró el viejo Botín con el Central Hispano o con Banesto, por ejemplo, pero representa todo un salto al vacío para la historia financiera de Galicia. Los orígenes del Pastor se remontan a varias casas de banca y comercio creadas con anterioridad a 1800 por empresarios catalanes afincados en Galicia, un gremio que también promovió negocios como fábricas de salazón y conservas, industrias textiles y comercio en general.

Jedjide

Pero con el Pastor también se va una buena parte del proceso de industrialización reciente de Galicia. O, al menos, su memoria. A un joven Pedro Barrié de la Maza , a través de Industrias Gallegas, está unida la explotación de wolframio tras la guerra civil. Sí, en los años cuarenta, desde Lousame y Santa Comba, el entonces incipiente grupo industrial del Pastor fue protagonista de excepción de un negocio que tuvo en la autarquía franquista su anclaje temporal y en el dinero rápido del estraperlo el salvavidas para comarcas enteras.

Negocios como el naviero, con el flete de buques de pasajeros con destino a América Latina en los años duros de la emigración, también hunden sus raíces entre las familias fundadoras del banco. Se podría decir sin caer en la hipérbole que no se entiende la realidad empresarial gallega del último siglo sin el Pastor. Fenosa, hoy muy lejos de Galicia, tampoco sería lo que fue sin el impulso de Barrié. Al igual que Astano, del que el banco llegó a ser su primer accionista antes de colocárselo al Instituto Nacional de Industria, es decir, al Estado, cuando comenzó el declive del astillero.

Por todo ello es tan importante una marca como la del Pastor. Porque, con sus luces y sus sombras, ese banco y ese grupo industrial contribuyeron a crear una identidad empresarial en una economía yerma como la gallega a mediados del siglo XX. De ahí los esfuerzos recientes para retener al menos el nombre, como un tótem que dijera todavía algo de un pedazo de nuestra historia, aunque quedase solo el atrezzo de un banco que desde el 2011 prácticamente nada tiene que ver con Galicia, tras la primera absorción (y rescate) por parte del Popular de Ángel Ron.

Esfuerzos para preservar esa identidad han llegado por parte de unos sindicatos descolocados desde el minuto uno, pero también desde el frente político, con la Xunta a la cabeza, remando contra una corriente inducida desde Boadilla del Monte, en Madrid, sede del Santander, que no atiende a nostalgias. Por momentos, replicantes de las palabras del propio Núñez Feijóo, que llegó a pedir por carta a Ana Patricia Botín el mantenimiento de empleos y marca, ha sido toda la clase política gallega. Sin margen de acción. Como estatuas de hielo ante el poder del dinero y una operación, la absorción del Popular, de calado mayúsculo. En la junta general de accionistas del Santander, su presidenta habló de futuro. No interesa nada más. Y solo abordó el pasado reciente para apuntalar con datos la gravedad de lo que sucedió una noche de junio del año pasado. "Nosotros mismos pudimos comprobar que la situación de Popular era extrema, ya que el día mismo de la compra hicimos una inyección de 13.000 millones en liquidez para que la entidad pudiese seguir operando independientemente", dijo. Poco más se extendió Ana Patricia Botín. Solo queda, por tanto, dejar que corra el calendario, olvidarse de la marca Pastor, y luchar por retener el empleo en tres bancos que ahora son uno en Galicia.

Pescanova, un proyecto empresarial a prueba de crisis

​Jacobo González-Robatto
Los financieros saben mucho de banca, de reestructuraciones de deuda y de ampliaciones de capital. Toda una obviedad. Como lo es también que, por lo general, desconocen las bondades del langostino vannamei o lo que oculta verdaderamente el panga. Ambas especies las comercializa Pescanova, la nueva, dirigida por banqueros y presidida por Jacobo Gonzá- lez-Robatto. Y si algo demuestra este maridaje entre finanzas y alimentación es que el proyecto y modelo de la multinacional pesquera era poco menos que inmune a tempestades propias del negocio. Fue una crisis corporativa y muchas fechorías lo que se llevó por delante a la empresa, no que el proyecto fuera inviable desde el punto de vista productivo y comercial. Conviene recordarlo ahora que Nueva Pescanova comienza a dar beneficios, que no explica demasiado bien, y consolida ventas por encima de los mil millones.
Defensa tiene la llave de la viabilidad de Navantia

María Dolores de Cospedal
Australia, Arabia Saudí... Todo un viaje alrededor del mundo para volver al mismo sitio. A Madrid. Ahí está el futuro de Navantia, y será el sector público el mejor colchón para acomodar la maltrecha cuenta de resultados del astillero. Un nuevo programa de gasto militar, que se va hasta los 10.000 millones de euros, será el salvavidas. Lo lanzará María Dolores de Cospedal, la ministra de Defensa, muy comprometida con la OTAN en aumentar las partidas destinadas a renovar flotas y equipos. Las F-110 de Navantia garantizarán empleos y años de trabajo en las gradas de la ría de Ferrol. Los primeros números hablan de un encargo de 4.000 millones de euros, que deberá autorizar Hacienda y pasar por consejo de ministros. Pero para todo esto tendrá que haber presupuestos generales. O sea que mucho ruido... Es lo que tiene fiarlo todo al gasto público.

Adiós Popular, adiós Pastor
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