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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

A la industria le falta un plan

Las crisis de Alcoa o Endesa están fuera de la agenda del Gobierno; ese es el primer problema
Fábrica de Alúmina de Alcoa en San Cibrao. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Fábrica de Alúmina de Alcoa en San Cibrao. JOSÉ Mª ÁLVEZ

A finales de la década de los ochenta, y ante el impacto en el empleo de la reconversión industrial, un gobierno socialista, el de Felipe González, activaba lo que se vino a denominar como las Zonas de Urgente Reindustrialización, más conocidas como ZUR. Aquello fue un experimento que no funcionó, centrado en el naval y la siderurgia, y en Galicia abarcó comarcas como Ferrolterra o Vigo y su área de influencia. Largas tramitaciones, inversiones inviables y hasta falta de iniciativas hicieron que aquel proyecto, que pivotaba sobre multimillonarias ayudas públicas, se precipitase por el saco roto de las buenas intenciones. Pero algo tuvieron de positivo aquellas ZUR. Había un diagnóstico de la situación. Se habían detectado los problemas y estaban en la agenda del Gobierno.

Ese es el primer problema que tiene el sector industrial implantado en Galicia. Sus demandas, repetidas por activa y pasiva, no figuran en los planes del Ejecutivo. No hay calendario, y mucho menos diseñado un programa específico para la industria en crisis. Sin caer del todo en la cuenta de que en esto, con miles de empleos en juego, lo importante y lo urgente coinciden, el Gobierno de Sánchez jerarquiza prioridades y coloca en la cúspide de sus objetivos una transición ecológica que no hace honor al nombre, porque es abrupta y, de momento, nada justa.

La configuración del nuevo Ejecutivo alimenta todavía más las dudas: nueve ministerios con competencias económicas, repartidas por catorce secretarías de Estado, representan un galimatías estructural que inclina todavía más la balanza hacia la vicepresidencia de Teresa Ribera, que sigue controlando la Secretaría de Estado de Energía, departamento clave en el que ha colocado a una devota de la lucha contra el cambio climático, una asesora de nombre Sara Aagesen, desconocida en Galicia para compañías, comités de empresa y hasta para la propia Xunta. Todavía más difícil va a ser la interlocución a partir de ahora.

Un nuevo Consejo de Ministros, esta vez extraordinario, que no aprueba el estatuto de la industria electrointensiva es la mejor demostración de que, Galicia, siendo de largo la comunidad autónoma más beneficiada hasta ahora por las subastas de interrumpibilidad, no figura entre las prioridades. Alegar que todavía faltan informes jurídicos, cuando ha pasado prácticamente un año desde que el primer borrador llegó a Competencia, no parece serio. Las multimillonarias pérdidas de Alcoa en 2019, anunciadas esta semana y a las que contribuyeron esta vez las dos plantas de alúmina y alumino de Cervo, es el preocupante contrapunto a esta letanía de promesas incumplidas por parte del Ministerio de Industria. Son demasiadas las voces que se alzan ya, tanto desde la Xunta como desde ámbitos sindicales, pidiendo que entre tanta transversalidad de competencias todavía no del todo definidas, el departamento de Reyes Maroto, que contra pronóstico revalidó el cargo, caiga bajo la órbita de la vicepresidenta Nadia Calviño. ¿Por qué? Pues por su influencia, su capacidad y una supuesta sensibilidad todavía no demostrada con Galicia, su tierra natal.

Podemos hablar de megavatios hora subvencionables para San Cibrao, de la categoría de consumidor hiperelectrointensivo, de contratos bilaterales, o podemos realizar mil pruebas de combustibles alternativos para As Pontes, que mientras no tengamos realmente un plan de reindustrialización decidido no habrá nada que hacer. Por mucho que los problemas se amontonen en las mesas de los correspondientes ministerios.

Alemania, que inaugurará en junio una central térmica con carbón de importanción, ubicada en Dortmund, no solo demuestra autonomía ante los planes de descarbonización de la UE, sino que acompaña a esta polémica iniciativa todo un programa de cierres para el que no repara en gastos: indemnizará a las eléctricas con 4.350 millones y regará las regiones afectadas con 40.000 millones de euros. Demuestra que tiene una hoja de ruta para proceder al apagón de las centrales de carbón del país, previsto para 2038.

¿Queremos alternativas industriales para el cierre de As Pontes, que puede ser parcial? ¿Pretendemos que España siga siendo productora de aluminio primario? Y, lo más importante, ¿aspiramos a mantener miles de empleos? Pues hace falta un plan.

JOSÉ MARÍA CASTELLANO
La retirada ordenada de un gran ejecutivo

Está de retirada. José María Castellano, el catedrático de Contabilidad que junto a Amancio Ortega hizo grande a Inditex, deja el sector de la moda con su renuncia como consejero del Grupo Puig, al que llegó en 2014. El expresidente de Novagalicia Banco también ha abandonado otros consejos de empresas del sector. Primero Adolfo Domínguez y luego Tous y la alemana Esprit. La de ‘Caste’ es una retirada ordenada, al igual que ha hecho en los últimos años con la incorporación de uno de sus hijos a la dirección de su grupo patrimonial. El ejecutivo gallego que más alto ha llegado, que desde su estapa en Novagalicia nunca ha ocultado sus problemas de salud, emprende ahora otras batallas.

IGNACIO COLMENARES
La Bolsa premia a Ence y sus nuevos planes

Pronto cumplirá un año en la presidencia de Ence. La productora de celulosa y biomasa arranca el 2020 con planes y, tras haberse garantizado la compra de toda su producción para este año, con premio en la Bolsa, con fuertes subidas para un valor que no estaba del todo reconocido. Ence tiene en Pontevedra su punto débil, con la espada de Damocles de la Audiencia Nacional sobre su continuidad, pero Ignacio Colmenares completa con éxito proyectos en otras latitudes poco reconocidos aquí. Acaba de inaugurar una planta de biomasa en Puertollano sobre la antigua central térmica de Elcogas, demostrando que es posible la descarbonización del sector eléctrico, que pasa por la biomasa forestal. Ojo a Ence.

A la industria le falta un plan
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