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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Multinacionales y poder

Alcoa encaja en el retrato de una empresa despojada de vínculos que solo atiende a números
Fábrica de Alcoa en San Cibrao. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Fábrica de Alcoa en San Cibrao. JOSÉ Mª ÁLVEZ

"No hay gobierno que pueda controlar una multinacional, porque al final no dependen de un país". Lo dice Carmen Lence, que ha pasado por unas cuantas y hoy pilota el primer grupo lácteo de capital gallego. "Las empresas que hacen país son las que son", resume. "En una multinacional, cuando se va a tomar una decisión, normalmente no es un dueño quien lo hace, sino un consejo de administración. No hay esa vinculación al terreno como puede ser la de una empresa de aquí, y al final siempre se van a regir básicamente por criterios económicos".

Carmen Lence analiza la importancia de la cercanía de los centros de decisión en su sector, el lácteo, plagado de grupos extranjeros, pero sus observaciones son de fácil aplicación a cualquier otro ámbito y multinacional. Por ejemplo, el aluminio y Alcoa. ¿Acaso en la crisis de la planta de A Mariña no encaja como anillo al dedo eso de que no hay gobierno que pueda controlar una multinacional? Guste o no, está sucediendo desde hace años con el grupo norteamericano en Galicia y en España.

El dinero sí tiene patria. Lo saben muy bien las multinacionales. Como un movimiento de ajedrez dirigido siempre a proteger a la reina, por lo general, cuando tocan los recortes, las filiales repartidas por el mundo se convierten en casillas de un documento de excel que solo atiende a la viabilidad de los proyectos, a la cuenta de resultados. Aunque ha procedido a reestructuraciones de plantas en suelo americano la compañía de Pensilvania está muy acostrumbrada clausurar fábricas, como en Cerdeña, e incluso a arrancar de nuevo previo acuerdo con el gobierno de turno y siempre muy relacionado con los costes eléctricos. Sucedió en Australia, Brasil y Canadá.

Otro rasgo en común de las multinacionales es su agresividad fiscal, suelen exprimir todos los resortes a su alcance para rebajar su factura tributaria en lo que se entiende por elusión fiscal. Como indica el término, consiste en eludir, no evadir, el pago de impuestos. Lo hacen incluso sin salir de la Unión Europea, cuya nula armonización fiscal en algunos ámbitos permite crear auténticas plazas offshore como pueden ser Luxemburgo, Irlanda y Holanda. Incluso España intentó tratar de tú a tú a los Países Bajos, cuna de sociedades holding de grandes multinacionales, con la creación de estructuras Etve (entidades de tenencia de valores extranjeros).

Durante unos cuantos años, Alcoa no solamente pagaba la energía más barata en España. También su factura fiscal era reducida. Y todo ello gracias a las ventajas establecidas para captar inversiones extranjeras a través de una figura tributaria similar a lo que podrían ser las sicavs pero para multinacionales. Aunque ahora asistimos a un repliegue hacia Holanda, de la sociedad holding de Alcoa en Madrid llegó a colgar una nutrida familia, de hasta una treintena de filiales, que se correspondía con su presencia por Europa, Oriente Medio y hasta Brasil y Rusia.

Cosas de grandes empresas, las diferencias de criterio con los gobiernos de turno en cuestiones de fiscalidad a veces van a más, llegan a las manos y acaban en los juzgados. En ese singular perfil de una multinacional también encaja Alcoa, que acabó en la Audiencia Nacional precisamente por entender Hacienda que evitó el pago de hasta un 35% del Impuesto de Sociedades incurriendo en fraude. Cinco años estuvo el grupo norteamericano enredado en los tribunales. Y también llegó a pactar sobre la bocina, algo muy propio de grandes grupos empresariales.

Galicia cuenta con grandes multinacionales, pocas, que ejercen como tales en otras latitudes: cierran plantas y aplican despidos en filiales antes que en su entorno más próximo, utilizan todos los recursos a su alcance para rebajar su factura fiscal, incluso plazas off shore, y también son pasto de las críticas en determinados países donde producen o venden. Es el proceso inverso.

Esta pasada semana el grito en A Mariña ha sido unánime. Una huelga general rotunda y más de 15.000 personas en la calle reclamando futuro ante una crisis industrial con epicentro en San Cibrao. Y una pregunta queda en el aire: después de este retrato robot de esa multinacional llamada Alcoa, ¿alguien cree que la movilización del miércoles logrará remover conciencias? Desde luego, no en Madrid ni en Pittsburgh. Solo queda la política. ¿Lo conseguirá?

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