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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Galicia mira al País Vasco

DOS EMPRESAS en apariencia muy distintas tomaron esta semana la misma decisión. Orbea, el mítico fabricante de bicicletas, y Fagor Industrial, histórico del  equipamiento, anunciaron el cierre de sus fábricas en China, instaladas cerca de Shangai. Ambas empresas, con gestión diferenciada, se volcarán a partir de ahora en sus  plantas de Portugal, México y Turquía. Y también en el País Vasco. Orbea y Fagor, con base de operaciones en la localidad guipozcoana de Mondragón, representan el  punto y aparte del cooperativismo industrial vasco, muy internacionalizado. Un modelo de éxito que solo tuvo como mancha la crisis de Fagor Electrodomésticos el año pasado, con su concurso de acreedores. Un suspenso para un grupo que es mucho más y está integrado por 257 empresas, con 74.000 trabajadores y una quincena de centros tecnológicos.

Como Inditex y Galicia, el de Mondragón es un caso singular que se estudia desde diferentes ámbitos y países. Y más allá del botón de muestra que representa el grupo  cooperativo, todo un modelo integrado, como es el de la propia industria vasca, está recibiendo un particular seguimiento desde la comunidad gallega.

El plan de futuro de la Xunta para la industria tiene como referente un modelo consolidado

La planificación en la que está inmersa la Xunta, y que tiene entre sus anclajes de futuro a la industria, uno de los sectores más castigados por la crisis, no pasa precisamente por contar entre sus referentes a Cataluña, Madrid o Levante. Es Euskadi el centro de atención. "¿Quién es el más listo de la clase?", parecen preguntarse los técnicos de San Caetano. "Pues veamos qué hacen", se responden. Así, para diseñar el plan "Industria 4.0", con evocaciones a otros programas de futuro para el sector desarrollados hace años en Estados Unidos o en pleno debate en Alemania, desde el Igape y Xesgalicia, de la Consellería de Economía, han llevado a cabo durante los últimos meses diversos encuentros con los responsables de política industrial del Gobierno vasco. Javier Aguilera y sus técnicos se han desplazado a Bilbao. La visita fue devuelta y los responsables del Departamento de Desarrollo Económico y Competitividad que dirige María Aranzazu Tapia viajaron a Santiago. El plan "Industria 4.0", que pretende devolver el peso del sector secundario al 20% del PIB gallego, recuperando seis puntos sobre las tasas actuales, y crear 50.000 empleos hasta el  2020, fue desbrozado esta semana por Aguilera, director del Igape, en el encuentro anual del Foro Económico de Galicia, celebrado en A Toxa.

La Xunta activa lo que en este negociado se denomina el "benchmarking", estableciendo una serie de comparadores que evidencien las mejores prácticas de uno y otro modelo. ¿Y por qué miramos al País Vasco? Lo primero que llama la atención, como apunta el economista Marcelino Fernández Mallo, es que pese a que Galicia presenta un 27% más de población que Euskadi, el PIB vasco es un 16% superior al gallego, lo que  implica que el PIB per cápita (por persona y año) es un 49% mayor. En el País Vasco el paro ronda el 15%, frente al 21% de Galicia, aunque tenemos una tasa de ocupación inferior a la vasca, del 55% frente a un 57%.

Un tercio de las 25 compañías españolas más innovadoras son vascas. En el último "top 1000" de empresas europeas por volumen de inversión en I+D figuraban cinco compañías vascas; gallegas, solo una, y para colmo era Pescanova. Otra de las claves radica en el tamaño. ¿Cuántas empresas gallegas tiene más de 250 trabajadores?  Una decena. ¿Y cuántas hay en el País Vasco? Rozan la treintena. En todo esto resulta muy revelador el reciente "Atlas de la crisis" elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Es todo un ejemplo.

La fuerte industrialización de Euskadi, con un empleo mucho más estable del que puede ofrecer una economía en fase de terciarización como la gallega, ha permitido que esa comunidad salga ganando en ese atlas que fija los territorios resistentes de la crisis, frente a los perdedores. Ocho de los diez núcleos urbanos que mejor han  aguantado la recesión están en el País Vasco, que cuenta con un peso de la industria en su PIB del 24%. Los otros dos son Villanueva de la Serena (Badajoz) y Narón, en A Coruña. ¿Y qué tiene Narón para resistir mejor a la crisis? Pues industria. Allí está ubicada Megasa, también una de las fábricas de Inditex (Indipunt) y el centro logístico de Pull & Bear, otra vez Amancio Ortega.

Mucha industria, centros tecnológicos integrados, planificación lejos del cortoplacismo, estrategia de país y una política industrial al margen del debate partidista son otros ingredientes que dan vida a un modelo, el vasco, que bien podría ser replicado en Galicia, aunque nos quedemos cortos.

Un árbitro necesario para el sector lácteo
Es evidente que la conselleira de Medio Rural e do Mar, Rosa Quintana, sabe mucho más de pesca que de agricultura. Y también lo es que la ministra del ramo, Isabel García Tejerina, lleva meses al frente de la política agroalimentaria de este país. Pero todo ello, siendo así en nada resta deberes a ambas en una guerra, la del sector lácteo, más que previsible. Tres sindicatos que no siempre están unidos han decidido plantarse a los quince días del fin de las cuotas lácteas. Y la pregunta, casi de perogrullo, que cabe hacerse ahora, ante la situación denunciada, es si nadie tenía un plan de choque en el cajón para atajar un eventual problema que todos anunciaban como cantado.

Lo más grave de las denuncias del Sindicato Labrego, Unións Agrarias y Xóvenes Agricultores reside en las presiones que reciben los productores para renunciar voluntariamente a los contratos a un año. Esta actitud por parte de algunas industrias invalida todo lo recorrido hasta ahora para intentar normalizar precios y generar certidumbres.

Mientras la ministra dibujaba esta semana en el Congreso un sector lácteo luminoso, de brillante porvenir, "gracias a que hemos tomado más medidas en tres años para garantizar su futuro que el anterior gobierno en ocho años", en Galicia sigue el lamento, y tiene destinatario: San Caetano. El papel que atribuyen los sindicatos a la Xunta, a modo de SOS que lanzan ante el desamparo, es el de árbitro. Y no suena mal. Al sector lácteo le hace falta estabilidad. Y a Galicia le hace falta discurso en este asunto. Por tanto, repasemos la teoría y vayamos a la práctica: fijar posición y equilibrar con ese arbitraje que semeja más que necesario.

Alfonso Rueda. La hora de pensar en el futuro de Cuba sin el embargo de EE.UU
Ha querido la casualidad que coincidan en La Habana el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y el responsable de Comercio del Gobierno,  Jaime García Legaz. Uno de gira por eventos que tenían mucho de cultura, gastronomía y turismo. El otro, al frente de una delegación de cuarenta empresas para situarse , o al menos intentarlo, ante el eventual levantamiento del embargo norteamericano . Cuba no son solo once millones de habitantes. Se trata de un potencial polo logístico de primer orden en pleno Caribe. Así debemos entenderlo. Es el momento de trazar una estrategia para que nuestras empresas aprovechen el nuevo escenario que se abrirá con el fin del bloqueo. Galicia tiene en esto una ventaja comparativa, y lo ilustra muy bien Manuel Rivas siempre que alude al cementerio de La Habana como el camposanto de todo el mundo con más gallegos enterrados. ¿Para cuándo una misión empresarial de Galicia a Cuba?


José Manuel Fernández Alvariño: Un patrón que no tiene quien le apruebe las cuentas
Sonrisa amable y mano tendida, el presidente de la patronal se está convirtiendo en un gran encajador. José Manuel Fernández Alvariño mira ahora a su parroquia y solo ve enemigos. Son los que han impedido que aprobase las cuentas de la Confederación de Empresarios de Galicia, las de 2014, y las que todavía están pendientes para 2015, que pretende sacar adelante en una asamblea prevista para junio. Esta situación, con las cuentas de dos años paralizadas, no se da en una empresa al uso, y tampoco en una administración, que a lo sumo, cuando algo se tuerce, prorroga los presupuestos un año. Pero Fernández Alvariño no desiste, mira al tendido disidente, léase A Coruña y Lugo, y sonríe pese a no encontrar un ápice de comprensión para sus cuentas. La guerra de la patronal es así, correcta en las formas, sobre todo si hay políticos delante, y feroz en el fondo.




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