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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El final del túnel acabó en otro año para olvidar

Monos de trabajo en las vallas de la central de As Pontes en señal de protesta. MARTA MANCEBO
Monos de trabajo en las vallas de la central de As Pontes en señal de protesta. MARTA MANCEBO

CIENCIA CON cierto margen de error, para sus defensores, o simple arte especulativo de ocasión, para sus críticos, las previsiones de los economistas acostumbran a oscilar al alza o a la baja según el indicador que se analice. Punto arriba, punto abajo, se suele decir. Sin embargo, una de las grandes lecciones inesperadas de esta pandemia tiene que ver precisamente con acontecimientos no previstos, impredecibles, imposibles de adelantar. Uno de ellos ha sido el colapso mundial de los suministros, que empezó como la crisis de los microchips y acaba modificando hábitos y comportamientos de producción y consumo. Que se lo pregunten a quien quiera comprarse un coche nuevo estos días.

La manifiesta incapacidad para prevenir durante este año acabó derivando en la improvisación como norma. Y en la búsqueda de explicaciones a posteriori, haciendo bueno el dicho que define a un economista como el tipo que mañana te va a contar por qué hoy no se están cumpliendo los pronósticos que hizo ayer. Sucede con la crisis de suministros, lo que los economistas llaman cuellos de botella, y pasa también con la inflación. Para los encargados de hacer previsiones se trata en ambos casos de episodios pasajeros, que no tendrán cierto recorrido. Es una forma de observar la botella. Veremos. Este asunto, el de la inflación, es para los economistas producto de alzas de determinados componentes del IPC, como es el caso de la energía.


LA ENERGÍA
Otra gran lección de improvisación

Resulta muy difícil no hablar del sector energético español y gallego y no volver sobres las pisadas de esa improvisación. En As Pontes se desató el desconcierto hasta elevar a su estado más puro la falta de previsiones de unos y otros. En este caso, gestores de Endesa y administradores públicos. La compañía anunció con solemnidad en enero de este año el cierre definitivo de los grupos de la térmica de carbón, siguiendo lo avanzado a finales de 2019. El pasado mes de octubre hacía acopio de carbón para reactivar la central. Un mes después se reactivaba "excepcionalmente". Y ahí sigue.


DE A MARIÑA A AS PONTES
El gran mapa de la industria

Cierto que fueron las empresas (Endesa en As Pontes y Naturgy en Meirama) las que apretaron el botón rojo y adelantaron los cierres sobre el calendario previsto. Pero no lo es menos que desde Madrid, al menos en lo que se refiere a la energía, la falta de previsiones del Gobierno, o al menos de un Plan B definido y consensuado, acabó agitando la coctelera de la improvisación de tal forma que si algo acaba dando la transición ecológica es vértigo, tanto industrial, como laboral y social.

La energía, mejor dicho, su baja disponibilidad a precios competitivos y su consecuente encarecimiento frente a otros mercados, también retumbó este año en A Mariña hasta hacer ensordecedora la situación. El mercadeo de ofertas a los trabajadores hasta el último minuto para hacer digerible el cierre de la planta de aluminio de Alcoa durante dos años, con lo que se denominan PPA (Power Purchase Agreement), contratos a largo plazo con un proveedor renovable, no es más que otro ejemplo de falta de interés real. En esto, a la multinacional norteamericana poco le importa el precio del aluminio, al alza durante todo este año. La factura de la energía es lo que deteriora su cuenta de resultados y lo de menos en esto es la apuesta industrial, a corto ninguna y a medio plazo totalmente envuelta en brumas.

Eso es lo verdaderamente triste en estos momentos en los que se reclama una nueva mirada al sector secundario, el de la industria, como otra lección que nos deja el covid. Son tantas las voces que reclaman esa lectura de la pandemia en clave económica como las que elevan el tono para anuciar despidos y cierres en sectores que además son (o deberían ser) estratégicos. Sucede con Siemens Gamesa en As Somozas o Vestas en Viveiro. Presencia histórica a través de sus plantas de fabricación de palas eólicas, que echan el cierre mientras ambas apuestan por Portugal con nuevas inversiones. La energía no es el factor clave en estos dos casos. Y unos 330 trabajadores a la calle.

El látigo de la crisis industrial golpea también a los astilleros, tanto públicos como privados, se llamen Navantia o Barreras. Y decisiones nunca del todo bien explicadas acaban con crisis innecesarias como la de Ence en la Ría de Pontevedra. A la compañía pastera, como a cientos de propietarios de montes, sobre todo repartidos por el norte de Galicia, siempre les quedará Navia, planta del grupo que también se alimenta de eucalipto gallego. El final, aquí, está por escribir.


VOLVER A 2019
Galicia está lejos de los niveles previos a la pandemia

Tocan a su fin doce meses en los que no se ha dejado de hablar de 2019, el año previo a la pandemia. Todas las comparativas, fueran de resultados empresariales o de cotizadas como de niveles de actividad en general, echaban la vista atrás una y otra vez y se saltaban de un plumazo 2020, el año que lo cambió todo, y se centraban en volver a los registros previos a la crisis. El PIB real gallego todavía se encuentra 3,5 puntos por debajo del nivel precrisis, lo que supone un mejor comportamiento que la economía española (6,6 puntos) o de autonomías como Cataluña o País Vasco (5,3 y 5 puntos, respectivamente). Francia y el conjunto de la Unión Europea presentan tasas muy próximas al nivel previo, situándose Alemania en 1,1 puntos por debajo. Lo dice el Foro Económico de Galicia, faro de análisis e ideas. Y eso, en lo que se refiere a la producción de bienes y servicios. El empleo es otro cantar. A diferencia de lo que sucede con el PIB, tanto la población ocupada (crece un 2,8% respecto al año anterior) como las afiliaciones (2,6%) alcanzaron en el tercer trimestre del año, de julio a septiembre, el nivel precrisis en Galicia. A pesar de la mejora de la ocupación, el foro matiza los datos, ya que Galicia se mantiene entre las autonomías con menor tasa de actividad (solo supera a Asturias) y ocupación (la quinta con menor tasa).


EL AÑO DE MARTA ORTEGA
Relevo generacional en Inditex

Frente a las sombras que lo rodean casi todo, las luces que algunos quieren ver proyectadas en Arteixo sobre el camino que tiene por delante Marta Ortega, benjamina del creador de la moda rápida y, ahora, además de heredera, sucesora, que es asunto bien distinto. La flamante presidenta del grupo textil, que tomará las riendas en abril en sustitución de un Pablo Isla quemado en una batalla interna con los ejecutivos históricos de la casa, tendrá que demostrar muchas cosas. La primera, que sabe delegar. No le va a quedar otra.

El relevo de Pablo Isla, que ha sido sin duda atropellado a la luz de los acontecimientos, no resta un ápice al acierto de Amancio Ortega en armar y atar su sucesión en vida. El inventor de Zara, que desde Arteixo da empleo a más de 140.000 trabajadores y que en marzo cumple 86 años, también se ha adelantado en esto.


Y MÁS INCERTIDUMBRE
Entre el menor crecimiento y los fondos europeos

Nadie duda a estas alturas que los fondos europeos de recuperación serán una palanca de crecimiento, pero son muy pocos los que aciertan a pronosticar si entre sus beneficiarios se encontrarán cientos de medianas y miles de pequeñas empresas.

Por ahora, todo son incógnitas y críticas a una falta de transparencia que el Gobierno no reconoce. La recurrente incapacidad de España para ejecutar fondos europeos tampoco ayuda. Y, todo, en un año, el 2022, que arrancará con previsiones de crecimiento muy a la baja.

El final del túnel acabó en otro año para olvidar
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