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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

¿Y después de la pandemia?

Un ensayo editado por Abanca dibuja un profundo cambio con el Covid como un gran bache
Una persona siendo vacunada contra el covid-19. EFE
Una persona siendo vacunada contra el covid-19. EFE

Hay lecturas excepcionales que responden a situaciones excepcionales; lecturas estratégicas, diseñada para abrir puertas a un futuro que pueda situarnos a la vanguardia de la nueva era. Lo dice Juan Carlos Escotet en el prólogo de Después de la pandemia: Reflexiones y desafíos para Galicia que acaba de presentar IESIDE, la escuela de negocios de Abanca. Con sus palabras, Escotet da arranque a toda una serie de reflexiones que tienen su punto de fuga en el día después del Covid-19. Un ensayo en el que prima Galicia, pero que va mucho más allá del final de esta crisis en sus proyecciones.

Sin ir más lejos, la duración de la pandemia, con sus olas, ha dado forma a un discurso que se pregunta cuál debe ser la respuesta a esta crisis basada en la idea de que vivimos una profunda transformación estructural, un cambio de época en el que el coronavirus (el bache) es solo un episodio más, aunque sea de gran magnitud. Los retos climáticos o la revolución tecnológica que supone la digitalización vendrían a reforzar esa idea de cambio de ciclo y obligan a todas las economías a realizar un esfuerzo inversor sin precedentes. Esta es una de las conclusiones que se exponen en la obra, una pieza coral en la que han participado nombres propios de la economía como Fernando González Laxe, Francisco Botas, Carlos Ocaña, Mauro F. Guillén, Soledad Núñez, Xulio Ríos o Alicia García-Herrero, entre otros.

Es un error considerar que los efectos del Covid-19 serán temporales, advierten los autores, pues su impacto sobre el crecimiento potencial tendrá un carácter permanente. Las políticas económicas de las naciones europeas más envejecidas deberían tener un doble enfoque: preservar y acumular el capital humano. ¿Con qué objetivo? Adaptarse a los cambios estructurales en los sectores productivos y abordar la caída de la productividad.

Galicia, en este sentido, es un paradigma. La recuperación económica que se venía manifestando en los años anteriores al 2020 no está suponiendo un cambio de tendencia en la evolución de la población activa, cuyo envejecimiento desde 2014 es muy relevante, con importantes incrementos en los activos con más de 40 años y fuertes reducciones entre 20 y 39 años.

Si nos fijamos en los elementos diferenciales de Galicia y tratamos de identificar cuál es el cuello de botella para su crecimiento y su prosperidad, insisten los autores, la clave es el capital humano. Galicia se enfrenta simultáneamente al envejecimiento de su población y a la dificultad para retener y atraer población más joven y preparada. Este no es un problema causado por la pandemia, aunque sí agravado por ella.

De alguna manera, el día después de la pandemia comienza hoy. Porque el ensayo incide en una idea: solo desde la correcta gestión del corto plazo podremos planificar estratégicamente el futuro del bienestar en Galicia. No solo de trata de preservar el empleo como garante de la protección social, sino de defender la capacidad instalada, es decir, la planta productiva, las empresas.

Y ante tanto cambio, ¿cuál es la estrategia para una empresa? La respuesta llega a sorprender. Y es que en una crisis como la actual, con toda la incertidumbre que conlleva tanto a corto como a largo plazo, no se puede dar nada por seguro y, por tanto, no se pueden tomar decisiones drásticas sobre el futuro de una empresa. ¿Quién más avanzará será aquel que menos se mueva? No necesariamente, pero según los autores, conviene pensar no en grandes transformaciones en una compañía, sino en cómo pivotar hacia una posición que permita alinear la dirección con las tendencias puestas de manifiesto durante la crisis y contribuir a su sostenibilidad financiera. Poco más. En tiempos de tribulación...

Y una advertencia final ante lo más inmediato. Existe el riesgo de que los fondos reconstrucción europeos puedan asignarse con criterios más políticos que económicos, dirigiendo los recursos a sectores o regiones donde no van a servir para modernizar las economías ni hacerlas más productivas. Algunos analistas señalan que hay signos de que esto podría estar ocurriendo en Alemania y Francia, países que van más adelantados que España en la definición de la segunda oleada de políticas anticrisis. Todavía hay tiempo.

Después de la pandemia: Reflexiones y desafíos para Galicia está repleto de lecciones. ¿Las sabremos aprovechar?

Raúl Blanco: ¿Venta a la Sepi del aluminio y opción sobre la alúmina?

El secretario general de Industria siempre ha sido un posibilista en la crisis de Alcoa. Incluso en los peores momentos. Cuando todo se rompió y la multinacional anunció el ERE, Raül Blanco consideraba que era posible un plRaúl Blancoan industrial viable para San Cibrao contando con la alúmina y el aluminio. Apostaba por tres vías el número dos de Reyes Maroto: alianzas con socios energéticos o industriales, con contratos de compraventa de energía a largo plazo, o bien la venta "de toda la instalación", en clara alusión a ambas plantas. Y ahora en ese punto está el proceso cuando desde San Cibrao se descuentan las horas. ¿Venta del alumnio a la Sepi y opción de compra sobre la alúmina? Es un escenario posible. 

Manuel Lago: un gallego para el consejo de Navantia 

Una semana después de que el Parlamento aceptase una proposición del BNG y aManuel Lago. EFEprobase por unanimidad instar a la Xunta a que solicite un puesto en el consejo de Navantia, transciende que un gallego se acaba de incorporar al máximo órgano de administración del astillero. Lo hace en nombre del Ministerio de Trabajo. Es Manuel Lago, economista antes que político, y número dos de Yolanda Díaz. Pues bien el exdiputado de En Marea ha recibido un alud de críticas, sobre todo por parte del PP. Que si cobra 100.000 euros, que si es una puerta giratoria de libro... Lago es un gallego que se sienta en Navantia, cobra solo dietas y lo hace como cualquier otro alto cargo en una empresa pública. Así de simple. 

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